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Motivos de la ley de amnistía

Por múltiples razones resulta inevitable que cada mes de mayo sangre la herida de la ejecusión de Roque Dalton. Una de estas razones es que ese hecho deleznable ya ha quedado asociado al día de las Madres para siempre. No se sabe si fue un acto de crueldad deliberada o un lapsus mentalis, lo que llevó a los ejecutores, a cometer el crimen en la fecha que se conmemoraba el amor materno en El Salvador. Los nexos afectivos entre Roque y la autora de sus días eran memorables lazos que quedaron inmortalizados en versos del poeta.

Este año la figura alrededor de la cual reabre esta dolorosa herida es Jorge Meléndez, de quien se especula podría haber sido el autor del disparo fatal, dada su fama de duro y de armas tomar.

Meléndez es hoy alto funcionario del gobierno Funes-FMLN. La familia Dalton pide al presidente su destitución esgrimiendo entre otras razones, la implicación del funcionario en un crimen impune. A Meléndez lo protege la ley de amnistía, promulgada para evitar sean juzgados los sospechosos de crímenes políticos a ambos lados de la línea divisoria que separa a los enfrentados en la pasada guerra civil.

El presidente Funes se niega a los requerimientos de la familia Dalton, alegando que la muerte del poeta salvadoreño es un hecho no investigado, que la implicación del funcionario se mantiene en la categoría de presunción, que goza de su confianza, y que Meléndez no ha sido juzgado y vencido en juicio.

No pocos observadores del acontecer político de El Salvador consideran que la ley de amnistía constituye una aberración política jurídica y moral, que más que aportar al saneamiento y dignificación del juego político, lo envilece a través se sentar el nefasto precedente que el asesinato selectivo o masivo puede ser justificado por el objetivo que se persigue. Prueba de esa aberración es que tribunales estadounidenses han hecho caso omiso de dicha ley, han admitido querellas en contra de los protegidos de esa amnistía y dictado veredictos condenatorios.

Hay quienes opinan que la ley de amnistía es el natural resultado de un conflicto que finaliza en empate, lo cual hace de ella el eficaz instrumento para preservar la paz. Según estas opiniones, para que el concepto `paz´ sea una realidad, únicamente se requiere que los políticos no se maten entre sí. Evaden enterarse del subterráneo conflicto social vigente hoy día, que está arrojando en El Salvador una tasa de homicidios diarios, mucho mayor que durante el conflicto armado.

Se dirá que no es válida la comparación anterior, dado que los homicidios que ocurren actualmente no tienen motivaciones políticas. Aquí es oportuno señalar que el devenir político de un país, es un importante generador de cultura social. En otras palabras, la conducta de los políticos se reproduce en el comportamiento de los ciudadanos, máxime en un país sin mayores referencias culturales como El Salvador. En este marco, la ley de amnistía conlleva un mensaje que al salvadoreño culturalmente pobre dice: `existen justificaciones para el homicidio, y mecanismos para la impunidad´. De este modo, el espíritu de la susodicha ley contribuye a la actitud homicida de muchos salvadoreños.

¿Acaso el propósito de esta columna es que todos los sospechosos de crímenes de guerra sean encarcelados?

No! El autor de esta columna, toma partido por la posición adoptada, por quienes opinan que a estas alturas de la historia, la importancia de enjuiciar a los salvadoreños señalados como autores de crímenes de guerra, no es que éstos vayan a parar con sus huezos a la cárcel. Lo importante es que nuestra sociedad se aproxime lo más posible a la verdad de lo sucedido, y a conocer quiénes fueron los autores intelectuales y materiales de hechos que han causado profundas heridas que ya son parte de nuestra historia. Y el objetivo fundamental de que la sociedad salvadoreña se aproxime a la verdad de los hechos es evitar que la historia se repita.

La ley de amnistía es perfectamente derogable sin conflictos, si se crea otra ley que garantice que los enjuiciados no serán condenados a penas de cárcel.

La derogación de la ley de amnistía vendría a ser una enorme contribución a disminuir los niveles de violencia que atormentan actualmente a El Salvador, porque se desmontaría el equivocado mensaje que emana de ésta y que están captando muchos homicidas y potenciales homicidas en nuestro país, que si los dirigentes de éste país son capaces de justificar sus crímenes y cobijarse bajo el manto de la impunidad, ¿porqué no puedo hacerlo yó? 

Vivimos épocas de gran convergencia y entendimientos entre la izquierda y la derecha. En el Salvador, uno de esos puntos de convergencia, unifica a influyentes políticos de ambos bandos en un frente común para anteponerse a las iniciativas tendientes a la derogación de la ley de amnistía. Esto es inevitable, siempre se opondrán con tenacidad, aunque se les garantice que de resultar culpables no serán encarcelados. La razón de su oposición es obvia. Esclarecida la verdad, y comprobada su grado de implicancia en crímenes de guerra, muchos de ellos quedarán moralmente inhabilitados para actuar en el escenario político; y éstos, ya son profesionales de la política, acostumbrados a abultados salarios; ya no pueden vivir de otro oficio que no sea la política.

                                                                                                   Ahmed Goliath


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