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Cuando el enemigo público son los propios gobernantes

La mayor tragedia que a un pueblo pueda suceder es que el enemigo público número uno sean sus propios gobernantes. Este es un dilema bastante vivido por muchas generaciones de salvadoreños bajo los gobiernos militares del pasado y bajo los veinte años de gobierno arenero.

Por casualidad, que no como objetivo gubernamental, hoy día en la magistratura de Mauricio Funes, existen, uno que otro funcionario con la suficiente vergüenza, tal que por su cuenta y riesgo, investigan y denuncian algunos, no muchos, delitos y crímenes no vinculados a la guerra, cometidos por funcionarios gubernamentales del pasado inmediato.

En este marco, fruto de la labor de la actual ministra de Salud Pública, se han descubierto tres, de los muchos que puedan haber, puntos del territorio nacional (San Miguel, Tonacatepeque, Soyapango), en los que antecesores inmediatos y mediatos suyos, otros ministros al frente de esa misma cartera, cometieron el innombrable crimen de ordenar a subalternos, verter al medio ambiente toneladas y toneladas de sustancias altamente tóxicas desechadas y sin tratar.

 Los desastrosos resultados bioambientales y humanitarios de este delito que por su magnitud y gravedad, aún no tiene nombre, apenas comienzan a ser investigados y medidos; pero los avances científicos de hoy día, nos permiten predecirlos con muy pocas dudas y bastantes certezas.

En el área donde los tóxicos son vertidos, envenenan por centurias, el suelo que se vuelve no apto para cultivos o pastos. Las emanaciones que despiden esas concentraciones tóxicas, se esparcen por el aire que los pobladores de los alrededores, y de más allá, inevitablemente respiran. Grandes cantidades de esos tóxicos, ayudados por las aguas lluvias, permean a los sustratos inferiores hasta alcanzar los mantos acuíferos subterráneos. Las aguas subterráneas ya contaminadas, continúan su ciclo, pasan alimentando pozos de los que se abastecen pobladores en muchos kilómetros a la redonda, y continúan su subterráneo fluir, hasta dar forma o alimentar ríos, de donde se abastecen de agua pobladores más distantes aún del foco contaminante. Las aguas contaminadas y contaminantes, de estos ríos, corren hasta el mar.

Los tóxicos así, vertidos hacia el medio ambiente por autoridades que gobernaron sobre el pueblo salvadoreño, utilizan muchos vehículos para esparcirse ampliamente por el resto del territorio. ¿Qué ocurre cuando utilizan como vehículo el agua?

Cuando beben el agua extraída de los pozos y de los ríos contaminados, los pobladores, esas sustancias venenosas pasan al interior del organismo humano y quedan atrapadas en diferentes órganos internos. Dependiendo del tipo de tóxico, así será el destrozo que causará, a mediano o largo plazo, en los tejidos orgánicos de quienes han aplacado su sed o preparado sus alimentos, con esas aguas. El tipo de enfermedad que resultará de ello, también dependerá del tóxico ingerido. Generalmente, mortales insuficiencias orgánicas y cánceres de todo tipo.

El tipo de tóxico, también determinará las afectaciones que aparecerán, a mediano y largo plazo, en la piel o cuero cabelludo de quienes utilicen esas aguas para bañarse o para los oficios domésticos.

Lo mismo sucederá con la flora, la fauna, y los cultivos que entren en contacto con esas aguas. La carne de los peces y crustáceos, habitantes de esas aguas; la carne de los cerdos, del ganado, de las aves que beban de esas aguas, quedará envenenada; igual quedarán envenenadas las legumbres que se cultivaron regadas con esas aguas. Estas carnes, pescados y legumbres irán a parar a los mercados, y de los mercados a la mesa de muchos salvadoreños.

Al cabo de cierto tiempo, cuando estos salvadoreños tengan que consultar al médico a causa de extrañas enfermedades, es bastante posible que les atienda uno de los ex ministros responsables de haber vertido toneladas de tóxicos en el medio ambiente; y que ese ex ministro, dada la gravedad de los casos, les recomiende  a dichos enfermos, recurran a su hospital privado, en donde les cobrará un ojo de la cara. Y dado que estamos hablando de profesionales carentes de cualquier escrúpulo en cuanto dañar el medio ambiente, seguro carecerá también de cualquier escrúpulo en tanto a las prácticas médicas se refiere. Esto hace además, bastante probable que a más de alguno de sus pacientes, antes de morir, le robará alguna de sus vísceras aún no invadidas por el cáncer, para venderla a los traficantes de órganos humanos.

El crimen cometido por los ex ministros aludidos no es simple. Es un abominable hecho contra la naturaleza y contra la humanidad. Por los innumerables daños causados al entorno y a las personas, a lo largo de muchas décadas, es un crimen comparable al ataque nuclear contra una nación y un pueblo, inocentes.

Resulta imponderable el esfuerzo de la doctora Isabel Rodríguez, actual ministra de Salud Pública, dedicado al análisis, al diagnóstico y la evaluación de las colosales consecuencias negativas para el hombre y la tierra, en nuestro país, de esos vertidos tóxicos.

Pero la vida nos depara inauditas sorpresas, ahí donde menos las esperamos. En general, el gobierno de Mauricio Funes – fmln, nos está ofreciendo, innecesariamente a la vez, expectativas y desiluciones, esperanzas y desesperanzas. El mismísimo primer mandatario en persona, ha declarado más de una vez, en voz alta, a los cuatro vientos, para que se entere todo el mundo, y que no quepa resquicio de duda, que su mandato no está interesado en investigar pasados actos de corrupción y perseguir a los responsables de los mismos.

Los delitos y crímenes cometidos por los anteriores ministros de Salud Pública, sin embargo son graves y además de a la naturaleza y la población, afectan enormemente la economía del país.

¿Cuántos millardos de dólares costará a El Salvador paliar las consecuencias de los vertidos tóxicos ordenados por esos ex ministros?

Los funcionarios responsables de esos tres gravísimos vertidos tóxicos en el territorio salvadoreño, tienen nombre y apellido, poseen domicilio conocido, y son propietarios o socios de millonarios negocios que han prosperado a costa de explotar a la gente enferma. ¡Tienen suficientes recursos con que pagar materialmente por el enorme daño causado al pueblo, y a la nación salvadoreña! Además, igual que los pobres que delinquen, deben pasar el tiempo de justicia a la sombra y tras los barrotes!

¡El dictamen de la justicia y la cárcel, no deben ser sólo en contra del delincuente pobre!

Cedo la palabra al gobierno Funes-fmln, al gobierno del cambio.

                                                                                                                             Pablo Perz


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