04
Jun
10

¿Brasil rumbo al eje del mal?

Las centrales de  energía nuclear se utilizan como alternativa al uso de los altamente contaminantes combustibles fósiles para generar la energía eléctrica que necesita la rueda de la gran industria, para entrar en funcionamiento.

 No obstante, la construcción de centrales de energía nuclear, es para la humanidad una peligrosa aventura que compromete más la seguridad, el bienestar y la sobrevivencia de las generaciones futuras que heredarán las consecuencias, y menos a gobernantes y grandes empresas de la actualidad, que se benefician económicamente de la puesta en práctica de esta forma de energía.

Los residuos radiactivos altamente cancerígenos, que produce la generación de energía nuclear se mantienen activos por milenios, y hasta ahora el más efectivo método que algunos generadores de este tipo de residuos han encontrado para solucionar el problema es pagar a poderosas mafias internacionales que prometen desacerse de ellos. Estas mafias solucionan de dos formas. Con la colaboración de gobiernos corruptos o de mafias locales, contrabandean los residuos hacia lugares remotos de países pobres en donde son enterrados en contenedores sellados. La segunda alternativa es lanzar dichos residuos al mar.

Y sin embargo, a pesar de las insalvables consecuencias negativas para el ser humano y la naturaleza, que arrastra tras de si la producción de energía nuclear, aparentemente, el camino hacia el desarrollo económico de las naciones debe pasar inevitablemente por la construcción de este tipo de centrales.  Es el primer signo de adultez que muestran los países llamados de economía emergente, que pretenden dar el salto hacia el desarrollo industrial.

Pero la pretensión de las economías emergentes de pasar a formar parte del club nuclear tiene ante sí el serio reto de, formalmente, contar con el visto bueno de el Organismo Internacional de la ONU para la Energía Atómica (OIEA)

Utilizo el adverbio “formalmente”, porque en la práctica, es el visto bueno de Estados Unidos el que las economías emergentes deben obtener, para que el OIEA de luz verde a que puedan adentrarse a semejante aventura.

El Estado norteamericano, ha dado suficientes muestras que le importa muy poco las consecuencias negativas que para la humanidad y la naturaleza implican muchas prácticas de la gran industria. Y si los gobernantes norteamericanos se erigen en supremos jueces que deciden a quien sí y a quien no autorizar la industria nuclear, no es con la intención de salvaguardar ni al hombre ni  a la naturaleza, sino para cubrirse las espaldas ante la posibilidad de un alevoso ataque que pueda provenir de alguno de los múltiples enemigos que la gran nación del norte se ha agenciado alrededor del mundo. El hipotético ataque que temen los gobernantes estadounidenses deviene de que, entre la fabricación de combustible para una central nuclear y la preparación de la carga explosiva para una bomba atómica, media sólo un pequeño paso.

No hay ejemplo más ilustrativo de la situación antes expuesta, que el prolongado duelo que en las últimas décadas ha mantenido Estados Unidos con Irán y Corea del Norte.

La persistencia, no obstante, de las economías emergentes a transitar el camino de las centrales nucleares propias, contrapuesta a la persistencia de Estados Unidos de interponerse en ese camino, ha empujado a los gobernantes norteamericanos a una prolongada lucha en la arena internacional, que les ha debilitado moralmente y les ha desprestigiado enormemente. Esto se debe a que los gobernantes estadounidenses han enfrentado esta problemática con doble o triple rasero. Por un lado aplican puño de hierro a Irán y Corea del Norte. Antes hicieron del ojo pacho con India y Pakistán. Destruyeron Irak sobre la falsa premisa que poseía capacidad nuclear. Pero en donde más los norteamericanos han perdido la mayor parte de la credibilidad y el respeto que se les podría haber concedido en el pasado, es en la alcahuatería mostrada con Israel, país al que no solo se le permitió, sino además se le ayudó a procurarse el arma atómica; y se le ayuda a mantener el secreto de cuál es la verdadera capacidad en este tipo de armamento adquirida por este país.

Ah!, ¿y qué tiene que ver Brasil y su flamante presidente, Lula da Silva, en todo este embrollo…???

Brasil pertenece al club de las economías emergentes; cuenta en su haber dos centrales nucleares; construye la tercera y cuenta con capacidad de producir uranio altamente enriquecido. En el marco de el diferendo nuclear entre Estados Unidos por un lado,  e Irán y Corea del Norte por el otro, Brasil es partidario que se dé libertad a los países que se consideran suficiente maduros para dar el paso a la generación de energía atómica, a decidir y por sí solos, la cantidad y nivel de pureza del combustible nuclear que necesitan producir para alimentar sus centrales nucleares.

En otras palabras, Brasil toma distancia de la pretensión norteamericana de que sean las potencias nucleares consolidadas, las que decidan la cantidad y riqueza del combustible nuclear a utilizar por parte de las economías emergentes que proyecten sus propias centrales nucleares. Impedir con este método, que dichas economías instalen en sus territorios la  tecnología necesaria para enriquecer en alto grado, uranio.

Brasil no se ha limitado a tomar distancia teórica de la política nuclear norteamericana hacia las economías emergentes; tambien lo hace en el terreno de los hechos.

El pasado mes de mayo el presidente Lula da Silva celebró cumbre trilateral con el presidente iraní Mahmut Ahmadineyad y el presidente turco Tayyip Erdogan en Teherán en donde Brasil y Turquía firmaron un acuerdo de intercambio de combustible nuclear con Irán, consistente en, recibir de Irán determinadas cantidades de uranio poco enriquecido y entregar a ese país, la misma cantidad de uranio altamente enriquecido.

A cambio de la deferencia turco brasileña, Irán reafirma su propósito de utilizar el uranio recibido para fines pacíficos; la disposición de reabrir sus instalaciones a verificaciones de la OIEA; a dar continuidad a las negociaciones sobre su programa nuclear con ese organismo de la ONU…

Como puede colegirse, la acción conjunta turco brasileña se inscribe en el marco del deseo norteamericano que sean las potencias consolidadas las que provean de combustible nuclear a las potencias emergentes que lo necesiten. Y sin embargo hubo un pequeño desliz por parte de Turquía y Brasil; y es que actuaron por su cuenta, sin pedir permiso al tío Sam. Esto ha despertado las iras de Estados Unidos, que por boca de su secretaria de Estado Hilary Clinton ha acusado a Brasil de “contribuir a hacer más peligroso el mundo”, a partir del convenio firmado con Irán y Turquía. Duras palabras que Estados Unidos antes reservaba para dedicarlas a países y gobernantes integrantes del “eje del mal”.

                                                                                                                     Froilán Sánchez


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