19
Jun
10

El homenaje

En ciudad Arboga, Suecia central, este año hubo revuelo poco antes de iniciar el acto homenaje correspondiente al treinticinco aniversario del fraticidio que truncó la poetica y revolucionaria existencia de Roque Dalton. Orlando Cáliz, que llegaría de Estocolmo se reportaba extraviado o desaparecido; su teléfono celular no respondía llamadas.

 Convocaba al evento la “Asociación Regional Cultural El Salvador”. Este organismo está estructurado a semejanza de una guerrilla. Es producto de la labor de un grupo de excombatientes revolucionarios en pleno corazón del país de la madre Svea. Otras tendencias consideran a este grupo, renegado, dado su empecinado denuedo por elaborar un cristal propio de color propio, a través del cual observar el mundo. 

 Desplegáronse las unidades de inteligencia de la Asociación Regional, a lo largo y ancho de Arboga. Una de ellas reportó una menuda figura, aguzada mirada, pelo y barbas color armiño que, parado en el andén de la avenida central, asistía con el embeleso de un niño al marcial paso de una banda musical, ataviada de impecables uniformes azules, guantes blanco inmaculado, que marchaban lanzando al aire, aires marciales, mediante lustrosos instrumentos en perfecto estado, como recién salidos de fábrica.

 Cesó el estado de emergencia. El poeta extraviado había sido localizado. Más tarde, de su propia boca se supo que el embeleso mostrado ante los marchantes, no se debía a las rubias valkirias que entreveraban la banda, sino a melancolías por su Macondo natal, en donde bandas de este tipo, si bien marchan con el mismo acompasado garbo, van ejecutando sus notas con instrumentos abollados por los cuatro costados, faltos de lustre, y auxiliándose de atriles que al paso, van cayendo a pedazos.

 El acto homenaje a Roque Dalton pues, fue inaugurado por dos venerables colombianos, a quienes dilatados años de constante batallar les encanecieron el pelo, les ralentizaron el paso al caminar, pero no les opacaron el brillo de las pupilas, ni les debilitaron la voz, mucho menos el discurso combativo.

 Jorge Edilberto Romero, cuya longeva existencia ha transcurrido entre campos labrantíos y campos de batalla, homenajeó la memoria del poeta salvadoreño, con una detallada relación de el marco histórico en que se inscribió el surgimiento y exterminio de la Unión Patriótica; partiendo de las luchas agrarias en Colombia, hasta ofrecernos un poco de luz acerca de la situación que viven hoy día los sobrevivientes unionistas, sobre cuyas cabezas continúa, el régimen, haciendo pender la damoclesiana espada de la muerte y la desaparición.

 Se posesiona luego del estrado, Orlando Cáliz y hace lo propio mediante brillante pieza oratoria en la que cada pequeño acontecimiento que sucede en su entorno inmediato, sirve como pieza de rompecabezas, para vertebrar el análisis concreto de la situación concreta del mundo de hoy, y la vigencia de la lucha revolucionaria. Concluyó su intervención, con la presentación de su nuevo libro, “Puedo ser poeta”.

 Toca turno a Julio Flores, excombatiente montonero. Echa mano a una selección de autores provenientes del infinito universo literario de su país de origen, con cuyas obras y semblanzas da cuerpo al tema, “Literatura revolucionaria y genocidio cultural en Argentina”. Inexorablemente la exposición del poeta austral va desembocar en enconada denuncia a los desmanes de la tristemente célebre junta militar, cuya paranoia le llevó a la quema generalizada de libros de textos escolares, considerados por los genocidas, subversivos. Entre los acérrimos enemigos de los milicos figuraban, las matemáticas modernas, y El principito.

 Hubo de exponer René Zegarra, poeta boliviano, magistralmente la semblanza “¿Quién mató a Lucho Espinal?”, sobre la obra, trayectoria y muerte de este sacerdote jesuita, maestro y amigo de Zegarra, para que cayéramos en la cuenta que, en el homenaje a Roque Dalton estaban ocurriendo muchas coincidencias con la tradición judeo cristiana. Dalton y Espinal son dos poetas cristificados. Los asistentes al acto homenaje eramos justamente doce,  el número exacto de los discípulos del galileo. El presentador del acto, Ricardo Jaime, envuelto en una aureola de misticismo litúrgico, prometíanos culminar con el éxtasis de una comunión a base de vino y pupusas (arepas rellenas).

 El vínculo con dicha tradición se confirmó al final del memorial. Presentó Héctor Rivas el proyecto, “Rescate de la Memoria Histórica de El Salvador”. Los protagonistas son comunidades cristianas del país. El objetivo es evitar que las atrocidades del pasado se repitan a causa de amnesia histórica. Estas comunidades esperan el apoyo moral y económico que se les pueda brindar desde la tierra de Olof Palme.

 Algunos excépticos se resistían a percibir coincidencias biblico cristianas en el acontecer del homenaje al poeta asesinado hace treinticinco años, el 10 de mayo, el propio Día de las Madres.

 Hubo un momento, sin embargo, en que esos incrédulos repararon que entre los doce participantes asistía un poeta con cierto perfil evocatorio a Judas (mi abuela dice que hay dos Judas, uno bueno y otro malo, me refiero al bueno). Este, antes de dar lectura a pretendidas parodias a obras de Dalton, de autores incógnitos, había estructurado su introito con una espontánea y muy bien articulada cicerónica, en la que confesó que al poco tiempo de perpetrado el asesinato le fue delatado a él, el enigma que, debajo de una enorme roca, eruptada dos siglos antes por el volcán Jabalí, que yace en una zona rural al norte, o quizás al este de Quezaltepeque, enterraron probablemente, unos asesinos, el cadáver de un poeta.

 Antes, en otro de los doce homenajeantes, se creyó ver la personificación de Caín. En los versos de este personaje, había cierto regocijo ante los desastres ecológicos provocados por la todopoderosa industria petrolera (llegó al extremo de vaticinar el principio del fin, la ruina total, la muerte del Golfo de México, a manos de British Petroleum Company). Dicho regocijo debíase a la dudosa desesperanza que tales desastres servirán para despertar la conciencia de los pobres del mundo, consecuencia de lo cual, tendrían que lanzarse las masas irredentas a subvertir el orden mundialmente establecido. Más de alguno creyó haber reconocido en los versos cainitas, una mandíbula de asno ensangrentada.

 –Ciertamente –los incrédulos terminaron por admitir–, hay demasiadas coincidencias en el ambiente!

                                                         Lobo Pardo


0 Responses to “El homenaje”



  1. Kommentera

Kommentera

Fyll i dina uppgifter nedan eller klicka på en ikon för att logga in:

WordPress.com Logo

Du kommenterar med ditt WordPress.com-konto. Logga ut / Ändra )

Twitter-bild

Du kommenterar med ditt Twitter-konto. Logga ut / Ändra )

Facebook-foto

Du kommenterar med ditt Facebook-konto. Logga ut / Ändra )

Google+ photo

Du kommenterar med ditt Google+-konto. Logga ut / Ändra )

Ansluter till %s


juni 2010
M T O T F L S
« Maj   Jul »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930  

%d bloggare gillar detta: