19
Jun
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El laberinto de Manuel Melgar

                                                                 I

 El ministro de Seguridad tiene la apariencia de un chico bien intencionado; ingenuo hasta cierto punto. Los peces gordos de la política salvadoreña como el hoy viceministro, sabían que la titularidad del Ministerio de Seguridad era una papa demasiado caliente para quien la tuviera en sus manos. El único que parecía ignorarlo era Manuel Melgar.

 El abogado Henry Campos, viceministro de Seguridad es un hombre profesionalmente mil veces más capacitado que el ministro, y claro está, políticamente mucho más zorro; de modo que aunque el país necesitaba al frente de ese ministerio a un abogado de vasta experiencia, suficientemente conocedor de cómo se mueven los hilos de la delincuencia adentro de nuestras fronteras; él aceptó de buen grado el bajo perfil de viceministro, y que la papa caliente de la titularidad atormentara, en cambio, las manos de un chico campesino, al que todavía deslumbran las luces del palacio del poder.

 El hoy vice ministro y peces gordos de la política y la economía sabían de antemano que mientras la liberalización de comercio, propiedad y portación de armas predomine en El Salvador, la lucha contra crimen y delincuencia estará sin rumbo y perdida, porque dicha liberalización es la que arma y rearma constantemente desde la delincuencia callejera hasta el crimen organizado. También están evidenciadas por hechos que han sido noticia, otras fuentes de armementización para la delincuencia de todo nivel: elementos corruptos de la corporación policial, de las fuerzas armadas y de empresas privadas de seguridad.

Se desconocen las razones por las que ni el director general de la PNC, ni el ministro de defensa ordenan la exaustiva investigación que merece el caso de que armas y medios de estas instituciones vayan a parar a manos de la delincuencia.

 Y de antemano sabía el viceministro de seguridad, que el COENA, el Diario de Hoy, los más poderosos oligarcas del país, el ministro de defensa Munguía Payés, dirigentes de partidos políticos incluso del FMLN, y hasta el mismísimo presidente Funes, son partidarios de mantener la liberalización de todo lo relacionado con el armamentismo civil en El Salvador, unos porque tienen amigos que favorecer (Mecafe). Otros porque son inversores netos del sector.

 Es posible que Manuel Melgar conociese también este mismo panorama antes de aceptar esa cartera ministerial; pero su ingenuidad no le permitió entender las desastrosas consecuencias que sobre un político se ciernen al embarcarse en la crónica de un fracaso anunciado como es el ministerio que él de buen grado aceptó.

Otra hipótesis podría ser que a una persona obligada a vivir de la política, lo único que importa es asegurar su salario y luego apechugar lo que venga.

 En otras palabras, los poderes públicos y privados que están a favor de la liberalización armamentística estarían preocupados, no de erradicar crimen y delincuencia, sino de mantener vivas la oferta y la demanda de armas, municiones, y servicios de seguridad. La lógica del mercado dicta que para mantener viva la demanda de una mercancía tiene que mantenerse viva la necesidad que la genera. De esto se colige que las casas comercializadoras de armas, municiones y de servicios privados de seguridad que hasta el presidente de la república favorece, no estarán interesadas en que los niveles de criminalidad y delincuencia disminuyan; por el contrario esa hipotética disminución atentaría contra sus intereses. La lógica de estos “empresarios” y de los políticos que los protegen y apoyan dice que se perderían miles de puestos de trabajo si este rubro de la economía entra en crisis o quiebra.

 De seguro que el bueno del señor ministro de seguridad ni sospechaba el laberinto a que lo estaban abocando cuando le ofrecieron la titularidad de este ministerio.

                                                              II

Ha dado el informe de su primer año de gestión Manuel Melgar al frente del Ministerio de Seguridad; a la vez que ha hecho lo suyo el director en funciones de la PNC. Sin lugar a dudas, dichos informes sirven para demostrar que al binomio Funes -FMLN, el autocalificativo de `gobierno del cambio´ le quedó como una camisa muy grande para su verdadera talla.

 En lo único que se diferencian los informes rendidos por el ministro de Seguridad y por el director de la PNC, con los rendidos en el pasado por las equivalentes autoridades areneras, es que los actuales titulares intentan apañar y edulcorar cifras más voluminosas y más graves, porque las mediciones de los últimos años acerca de las tendencias criminales y homicidas muestran en el tiempo una curva siempre en ascenso; mientras que el déficit investigativo de la PNC, el déficit judicial en materia de sentencias, y la impunidad del delito son ya insostenibles.

 Los informes del ministro de Seguridad y del director general de la PNC en funciones, adquieren así la calidad de textos demagógicos adormados con cifras alegremente incoherentes. No se encuentra en ellos una señal que haya una política definida y metas concretas en su compromiso antidelincuencial y antihomicidios.

 Contrariamente a las alegres cifras del gabinete de seguridad, las estadísticas llevadas por el Instituto de Medicina Legal actualizan y confirman el constante incremento de hechos mortales y de sangre en El Salvador.

 El estado de permanente violencia ante el que  seguridad, policía, y hoy fuerzas armadas, se muestran impotentes no sólo significa trauma físico, muerte y luto para El Salvador; significa además un profundo trauma psicológico para la sociedad salvadoreña, y un severo daño económico a la nación. Paliar las consecuencias de la violencia delincuencial significan a la economía nacional más del 11% del Producto Interno Bruto! Lo que bien podría invertirse en educación, salud y fuentes de trabajo!

 Ni el presidente Funes ni el FMLN se han interesado en calcular el nivel de daño causado a la pequeña y mediana empresa por la violencia delincuencial. El día que se interesen en ello podrán darse cuenta no sólo que la gran empresa y los partidarios del armamentismo civil laboran arduamente para empobrecer y arruinar este país. Ese día también se arrepentirán por cada día que estuvieron en sus puestos un impotente ministro de seguridad y un impotente director general de PNC; porque el crimen y la seguridad son un tema decisivo en el terreno electoral. La inoperancia policial – judicial en tiempos de Paco Flores y de Antonio Saca, tomó cuerpo en el candidato Rodrigo Avila y ARENA perdió las elecciones.

 El gabinete de seguridad es culpable de raquitismo  ideológico al sugerir de manera tan tímida y sin mayores argumentos, la prohibición de portar armas en lugares públicos; en lugar de exigir enérgicamente el cese de la libre comercialización y portación de armas, a lo largo y ancho de nuestro país. Pero ésto es apenas una de las tantas trampas del intrincado laberinto en el que ha sido colocado por sus mismos compañeros, el ministro Manuel Melgar.

 Hay una sola vía para salir airoso de ese traicionero laberinto y con el rostro levantado: la renuncia.

Imposible para quien ya no puede ganarse la vida de otra manera! 

                                                                                                       Pablo Perz


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