05
Jul
10

Lo que saben los estudiantes

                                                              I

 El Salvador 1 de julio 2010.

 Recién ha comenzado la estación lluviosa en El Salvador y Protección Civil ya entró en su primer zafarrancho de alerta roja; se han dado los primeros desbordamientos de ríos y quebradas; al interior del país han habido las primeras víctimas mortales; una muchacha fue absorbida por un tragante en pleno centro de San Marcos; los inquilinos que habitan los apartamentos bajos de los multifamiliares Málaga (San Salvador), vuelven al ejercicio anual de migrar hacia los pisos altos de los edificios, cuando se desborda la quebrada que pasa al otro lado de la calle a Monserrat.

 Las lluvias han dejado de ser una bendición para El Salvador. Una simple tormenta que se acerque al territorio provoca el alerta de Protección Civil. Alerta que va incrementándose  en la medida que la lluvia arrecia.

 Este ajetreo es ya parte de la cultura salvadoreña y se mantiene a lo largo de la estación cada vez que el servicio meteorológico anuncia lluvias persistentes.

 En El Salvador, con las tormentas más recias, quebradas, ríos, vaguadas y hasta calles céntricas de algunas ciudades adquieren el cuadro dantesco de aguas tumultuosas que van arrastrando lo que encuentran a su paso: árboles, piedras, basuras, desechos de todo tipo, automóviles, animales muertos y hasta personas. Es el momento de la alerta máxima; entonces se lanzan a las zonas más afectadas los cuerpos de socorristas, compuestos de hombres y mujeres cuyo oficio es exponer sus propias vidas para salvar otras. En este quehacer los rescatistas proceden a la evacuación de centenares de personas habitantes de zonas expuestas ubicadas a la orilla de quebradas que sirven de cauce a las aguas negras y a las aguas lluvias. Se traslada e instala a los evacuados en escuelas públicas, en donde se les da atención sanitaria, algunos alimentos y se les habilita el piso para que les sirva de dormitorio hasta que pase la emergencia.

 Algunas veces los evacuados regresan a sus precarias viviendas antes de cesada la emergencia porque se han agotado los alimentos disponibles para ellos. Otras veces cesa la emergencia, pero los evacuados no dan muestras de abandonar los albergues, porque encuentran ahí comodidades que no tienen en sus lugares de vivienda, agua potable por ejemplo; entonces el instituto gubernamental les presiona a que abandonen el refugio con el argumento que los alimentos han llegado a su fin.

 Se trata de un cuadro que se repite año con año, como si de una trágica obra de teatro se tratara. Las únicas variantes que se establecen obedecen al volumen de las precipitaciones, al número de danmificados, de víctimas mortales, y a la magnitud de la destrucción material. Cualquiera diría que en cada estación lluviosa El Salvador se entrega a un ensayo general de lo que será el diluvio universal.

 Independientemente del color de la chaqueta del presidente de turno, el gobierno central parece tener muy bien estudiada la parafernalia a poner en práctica cada vez que se repite la misma situación. El primer paso es declarar el estado de calamidad y convocar la ayuda internacional; el segundo es acudir con los máximos funcionarios de Protección Civil a tomarse la foto entre los danmificados. La instantánea debe rebosar dramatismo; capturar por ejemplo, la caricia a un niño o el consuelo a un viejo. Se improvisa un mitin con los danmificados en donde se les anuncia que el gobierno pondrá todo su esfuerzo para dotarles de una vivienda digna, alejada de lugares peligrosos. Las víctimas escucharán atentos el discurso, sabedores que son palabras vanas; también saben que hay que mostrar mansedunbre, agradecimiento, evitar mostrarse exigentes o críticos con el gobierno para que los repartidores no les vayan a dejar fuera de la lista de los favorecidos.

 Pasada la emergencia, regresan los afectados a los mismos lugares de siempre, a reconstruir con los materiales de siempre (desechos industriales), lo que la tormenta haya dejado en pie. Unos y otros, danmificados y autoridades olvidarán las palabras del presidente. Toda una vida de experiencias les dice que tales palabras significan nada más que un acto ceremonial; son como las palabras litúrgicas que pronuncia el cura en mitad  de la misa en donde anuncia el advenimiento de un reino de paz en la tierra.

                                                                          II

 La peculiar topografía de El Salvador, dominada por volcanes y cadenas montañosas obliga a que gran parte de sus poblados y ciudades estén ubicadas sobre faldas, laderas y bajas estribaciones; sucede así con la misma capital.

 Todo estudiante de primer año de arquitectura es capaz de entender que la urbanizacion de las partes altas de la topografía salvadoreña resulta inevitablemente en que gran parte de las aguas lluvias, en lugar de ser reabsorbida por el suelo, se sumarán a las aguas correntías y juntas bajarán furiosamente hacia las partes bajas.

 Esto también lo han sabido los pasados gobiernos, lo sabe el gobierno actual, y lo saben los diputados de la Asamblea Legislativa; pero en un país como El Salvador en donde el gobierno real lo ejercen el mercado y el gran capital, el gobierno formal es incapaz de impedir la creciente urbanización de las partes altas de la topografía salvadoreña, porque son las alturas que los ricos prefieren para establecer sus residencias, sus ciudadelas y sus campos de golf.

 Hay alturas que no gustan a los ricos para habitar, como el cerro San Jacinto, pero igual, las parcelan y las venden a la gente pobre. Sobreviene otro tipo de urbanización; de viviendas precarias. El resultado es el mismo: furiosas escorrentías que corren hacia abajo en cada tormenta.

 Las correntadas que se forman a partir de las precipitaciones que caen sobre las urbanizaciones de las partes altas de San Salvador y Santa Tecla, la cordillera del Bálsamo, bajan por las quebradas de siempre que cruzan los barrios del sur este de San Salvador; pero a causa de que cada vez es mayor el volumen de las aguas lluvias no reabsorbidas que se suman a las aguas corrientes, se desbordan con inusitada fuerza hacia las calles en la parte más estrecha del cauce, que se ubica entre la colonia Málaga y el barrio La Vega, suburbios del sureste de la capital.

 Hace dos años justamente fue arrastrado un autobus por el violento ímpetu de las aguas desbordadas en esa quebrada. El bus iba repleto. Sólo hubo un sobreviviente.

 Cualquier estudiante de primer año de economía sabe que la soberbia de las oligarquías no conoce límites, y por eso en El Salvador los ricos siempre desbaratarán los tímidos amagos del gobierno por llevar a cabo el ordenamiento territorial del país. La razón es que semejante ordenamiento podría impedir que los ricos urbanicen allí donde les dicta su santa gana, a pesar que esto signifique caos, destrucción y muerte para los habitantes de las zonas bajas del país.

 Y cualquier estudiante de primer año de ciencias naturales, sabe perfectamente que debido al cambio climático global, provocado por la irregulada actividad predadora de las oligarquías sobre el medio ambiente, las precipitaciones lluviosas en El Salvador, serán cada vez más voluninosas y más violentas.

                                                                                                                   Juan Atzitl


0 Responses to “Lo que saben los estudiantes”



  1. Kommentera

Kommentera

Fyll i dina uppgifter nedan eller klicka på en ikon för att logga in:

WordPress.com Logo

Du kommenterar med ditt WordPress.com-konto. Logga ut / Ändra )

Twitter-bild

Du kommenterar med ditt Twitter-konto. Logga ut / Ändra )

Facebook-foto

Du kommenterar med ditt Facebook-konto. Logga ut / Ändra )

Google+ photo

Du kommenterar med ditt Google+-konto. Logga ut / Ändra )

Ansluter till %s


juli 2010
M T O T F L S
« Jun   Aug »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

%d bloggare gillar detta: