06
Sep
10

Colapso

El chico era un caso fuera de lo común. Tenía un innato interés por la política, Natanael Karkaj; pero cargaba sobre sus espaldas tres insuperables desventajas: pertenecer a la etnia Kiché, ser pobre, y tener dificultad de aprendizaje a causa de la desnutrición severa que padeció desde que dormía el sueño del útero materno. Esta triple desventaja le condicionó siempre a que lo más cerca que podía mantenerse de la política era vendiendo periódicos, y así lo hacía Aprovechaba de esta manera, y sintonizando su radio de transistores, para mantenerse al corriente de los sucesos, y formarse su propia opinión de los acontecimientos.

Cierta mañana de febrero, se dejó oír un estruendo tan monstruoso como indescriptible en un amplio perímetro de la ciudad capital. El alcantarillado del sector tenía cerca de un año de estar colapsado; al cabo de ese tiempo  provocó a su vez el colapso del subsuelo de un vecindario del lado oeste. Las casas desaparecieron con enseres y habitantes, en un profundo cráter que se formó de repente.

Años enteros los vecinos habían llevado a cabo infructuosa gestión, ante la alcaldía, las autoridades sanitarias, ante el ministerio de obras públicas y gobernación… Sólo al presidente de la república les faltó recurrir para que el constante escape de aguas hediondas que sucedía en la calle principal fuese reparado. Ninguna instancia administrativa respondió a sus requerimientos. Ahora las autoridades a todos los niveles se mostraban conmovidas ante las cámaras de la prensa y la televisión, pero ya demasiado tarde, el gigantesco socavón subterráneo que se formó en años se lo tragó todo en menos de un minuto.

El marco social en que suceden estos acontecimientos no difiere gran cosa de los países vecinos: bandas armadas al margen de la ley ejercen el control territorial en el campo y los barrios pobres de las ciudades; influyentes jefes policiales no reciben sus tareas del gobierno, sino de poderosos jefes que se mueven en la clandestinidad. De cada cien asesinatos que suceden, apenas diez son investigados suficientemente por el cuerpo policial, y sólo cuatro de ellos alcanza las instancias judiciales.
Alto porcentaje del cuerpo policial delinque con sus armas y medios de reglamento. Los funcionarios públicos, desfalcan, estafan o roban los recursos del Estado, algunos de éstos son sometidos a proceso judicial, pero ninguno pasa a condición de convicto. El flujo de armas y municiones con que se delinque y asesina en gran escala es legalmente promovido y protegido por funcionarios gubernamentales de alto nivel que en la esfera política abogan por el derecho de la población a portar armas; y en la esfera privada monopolizan la importación y comercio de todo tipo de armas . El poder judicial, referente moral de la nación, utiliza la mitad del tiempo de sus sesiones de trabajo para desmentir señalamientos de crónico prevaricato y corrupción, hechos por observadores extranjeros…

La noticia del vecindario colapsado, fue pronto opacada por la cobertura de una vorágine de acontecimientos que se dieron esa misma semana: tres funcionarios del vecino país en visita de trabajo, fueron asesinados y calcinados al interior de el automóvil en que viajaban. Los hechores fueron una banda de sicarios que legalmente eran policías de alta; uno de ellos oficial de rango medio. Los hechores fueron capturados y en la cárcel, otro grupo de sicarios con suficiente influencia para moverse a voluntad al interior de los recintos carcelarios, a la vez les asesinan a ellos. En pocos días se suceden varios asesinatos más, que por sus características evidencian relación entre sí. La policía no encuentra una sola pista. No son los únicos asesinatos que se dan en el territorio nacional, pero son los únicos que alcanzan cobertura noticiosa. Los funcionarios estatales aparecen ante la opinión pública, como moralmente incapaces de tomar distancia de esos hechos y manejar en buena forma sus obligaciones…

A la semana siguiente, el editorialista del radio noticiero de las   cinco de la mañana, repetía insistentemente que ”el Estado había colapsado”, y que no provenia de él –aclaraba-, ese criterio, sino de el alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos en el país. El comisionado había en realidad utilizado la expresión ”Estado fallido”, pero según el editorialista, era lo mismo.

Antes de salir a repartir periódicos, Natanael Karkaj escuchaba atentamente el noticiero, mientras tomaba su desayuno: atol de maíz aderezado con frijoles, chile, y un pan francés.

-Ahora que la totalidad del Estado está colapsado –razonó Karkaj- la situación debería verse más catastrófica, de que cuando colapsó el vecindario del barrio, pero ¿porqué yo lo veo todo igual? …, quizás sea porque cuando se llega al colapso, es igual que como dicen, se llega a la muerte, y el que se muere no se da cuenta que está muerto, sino que sigue viviendo como si nada; o también puede ser que me esté pasando a mí, tal cual dicen le pasa al pez; puesto que ha nacido y vivido todo el tiempo en el agua, el pez, ignora el medio en que vive; en otras palabras, nosotros, como siempre hemos vivido colapsados, seguimos viendo todo igual, aún cuando ese señor de las Naciones Unidas, un buen día descubre que hemos llegado al colapso…

 Lobo Pardo


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