05
Okt
10

Pan al pan; vino al vino!… (Sobre la polémica de los médicos cubanos)

El Salvador es uno de los países del mundo en donde hay menos médicos por número de habitantes, y no es porque no haya facultad de medicina en el país. Se entiende incluso que año con año es masivamente demandada la carrera de medicina por centenares de estudiantes que coronan con éxito su bachillerato. Las promociones de médicos son de las más numerosas en el marco de la actividad universitaria salvadoreña.

Ocurre pues que la escasez de médicos en el ejercicio de su profesión, al interior de nuestras fronteras, se debe al fenómeno emigratorio. Y el fenómeno emigratorio a la vez, se debe a que la clase dirigente de nuestro país, pacientemente y por largos años hizo de El Salvador el reino de la corrupción de la política, la podredumbre del Estado; el reino de el homicidio, del feminicidio, del maltrato infantil; el reino de la autoridad de las maras sobre el pueblo honrado; el reino de la prevaricación y venalidad de los jueces, de la impunidad y el crimen, en fin…. ; el reino del caos social, la injusticia laboral y los salarios de hambre; el paraíso fiscal de los poderosos

Agreguémosle a esto que en el ejercicio de la medicina en este país, no existe la cultura de que, cuando se trata de gente pobre, el médico se  allegue a donde está el enfermo; debe ser el enfermo quien acuda al médico, y si no puede hacerlo, pues se jodió!

No se trata exactamente de acudir al médico, sino mejor dicho, al portón de alguno de los precarios hospitales públicos carentes de medicinas, y esperar por horas o días a la interperie, bajo la hostil mirada de (ciertos, no todos), porteros, médicos y enfermeras; hasta que por obra de un milagro el personal se digne a atenderlo. ¡Ay de aquel enfermo que haya perdido la capacidad de caminar!

Lo antes mocionado es producto de un somero vistazo a los factores que reducen aún más la disponibilidad de médicos por número de habitantes en El Salvador; pero aún hay más: a ojo de buen cubero, cualquiera podría decir que el 75% de los médicos de este país, laboran exclusivamente en el ejercicio privado de su profesión, ya sea en clínicas propias o en hospitales privados. Esto quiere decir que el mayor número de médicos no está disponible para aquellos enfermos que carecen del suficiente poder adquisitivo que les permita pagar atención médica privada. Estos enfermos, también son la inmensa mayoría en nuestro país.

Ahora bien, aparte de la alta capacidad y eficacia técnica de que son portadores los médicos cubanos, la gran novedad y el enganche que traen es que ellos pertenecen a una cultura profesional en la que el médico acude hasta  allá donde los pacientes, sean pobres o ricos, se ven impedidos de acudir al médico. Y no hay nada en el mundo que impida al médico cubano empeñarse a fondo, insistir, persistir, y hacer todo lo posible por llegar hasta el enfermo; sólo la muerte. Esto lo aseguran tribus Quiché de Guatemala, igual que lo hacen tribus montañeses de Irán, los pueblos misquitos de la costa atlántica centroamericana, o los campesinos de las comarcas llaneras de Venezuela.

De modo pues que contrariamente a la arraigada actitud de los médicos salvadoreños, si un médico cubano, para llegar a los enfermos que lo necesitan, tiene que cruzar los ríos y los basureros más negros, envenenados y hediondos del país; subir y bajar los cerros más broncos y escabrosos; adentrarse hasta el fondo de los cantones más extraviados o de los tugurios más infestados de mareros; de día o de noche, bajo el sol más calcinante o bajo el huracán más pertinaz. Así lo hará el médico cubano. Sólo la muerte será capaz de detenerlo.

Es poco probable, aunque sería comprensible entonces, que pueda surgir entre los médicos salvadoreños algún tipo de celo profesional, pues los cubanos irán a donde aquellos no se atreven. Se dará pues, una suerte de división del trabajo. Cada quien a lo suyo y punto!

También es comprensible la actitud anticubana de Arena que trata a la desesperada de demostrar que su infantil y disparatado nacionalismo, a pesar de su obsolescencia, sigue vivito y coleando.

Aquellos políticos que sientan agraviado su nacionalismo a causa de la presencia y la labor de los médicos cubanos, tienen en sus manos las herramientas democráticas para crear una situación en la que deje de ser necesaria la presencia de esos médicos en el país. Se trata nada más de impulsar los cambios necesarios para que nuestra sociedad deje de ser el desigual, injusto y peligroso caos que es ahora, tal que los médicos salvadoreños prefieran quedarse en su país que emigrar al extranjero. Se trata de impulsar la legislación necesaria para que los médicos criollos que ejercen en el país se sientan obligados (o mejor, culturizados), de atreverse a ir hasta allá en donde están los enfermos incapacitados de venir hasta ellos.

Sólo entonces dejará de ser necesaria la presencia de médicos cubanos en El Salvador.

Eso sí, en una cosa tiene razón el partido Arena, y es que esta vez no se trata de una solidaria cooperación por parte del gobierno cubano hacia el pueblo salvadoreño. Si sumamos las prestaciones y estipendios a que tienen derecho, cada médico isleño costará al Estado salvadoreño, una media de dos mil dólares mensuales. En comparación de lo que ganan los médicos salvadoreños más mal pagados, es poco, tal vez, la mitad.

Y sin embargo, para la salud ideológico política del pueblo salvadoreño y del pueblo cubano, necesario es llamar pan al pan, y vino al vino. Técnicamente hablando será impropio interpretar la labor de los médicos isleños como una cooperación solidaria por parte del gobierno de Cuba.

Tomada como auténtica dicha lista de prestaciones publicada por los medios y no desmentida por nuestro gobierno, estamos ante una contratación de personal médico cubano, por parte del gobierno salvadoreño, que aunque por individuo es de bajo costo, en lo referente al monto total del coste será interesante y transparente que el pueblo lo sepa, pues se desconoce el total de médicos cubanos que llegará al país.

Se trata pues de un gasto que sería totalmente innecesario para el contribuyente salvadoreño, si los médicos criollos tuvieran la misma cultura en el ejercicio de su profesión, que la cultura de que son portadores los médicos cubanos.

Froilán Sánchez


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