03
Nov
10

Hipersensibilidad en el salón azul; o el arte de la hipocresía

Rara vez se ponen de acuerdo los diputados, para aprobar de manera expedita leyes en beneficio del país, pero cuando se trata de aprobar cosas que van en provecho propio de ellos hay rápidamente un consenso” (Carlos Acevedo, presidente del Banco Central de Reserva).

Acevedo ha dicho una verdad de Perogrullo. ¿Qué salvadoreño con dos dedos de frente no entiende que esto es así? Tal cosa es vox pópuli, sobre todo en lo referido a los ajustes legales que llevan a cabo los diputados cada cierto tiempo para asegurar el incremento de sus salarios. De la misma fama gozan nuestros legisladores, en cuanto a modificar, derogar o crear leyes para favorecer intereses de la membrecía de sus respectivos partidos, o para atender demandas provenientes de donantes en metálico convertidos en sus clientes políticos.

No obstante, los parlamentarios salvadoreños son una especie hipersensible a las críticas. Profundamente heridos en su amor propio, han reaccionado ante las palabras de Acevedo de manera similar a como han reaccionado antes ante ciertas resoluciones de la Sala de lo constitucional.

 Esta vez han ido más allá y sopesan la interpelación del presidente del BCR ante el pleno, con el objeto de someterlo al escarnio de un cuestionario tan mordaz hasta la xenofobia. Los asambleístas piensan comenzar su batería interpelativa con la pregunta: “¿Es usted salvadoreño de nacimiento?”

Y en estos tumultos siempre salta la liebre que menos se espera. Francisco Merino acusó a Acevedo de faltar con sus declaraciones a la urbanidad, la cívica, la ética y a la compostura política.

El hecho que sea Merino quien reclame urbanidad, cívica, compostura y ética, respondió Acevedo, nos ubica en el mundo de lo ilusorio y fantástico; procediendo de inmediato el presidente del BCR a ilustrarle al pecenista su falta de autoridad en estos terrenos, mediante el recordatorio de un pasado pero imborrable episodio en que el congresista y ex vicepresidente de la república Francisco Merino, perteneciente al Partido de Conciliación Nacional, completamente borracho y fuera de sí, provocó, una cadena de bochornosos incidentes en los que llegó a atacar a tiros a una patrulla policial, causando heridas de bala a una agente de ese cuerpo. Los salvadoreños creyeron ver en eso un intento de homicidio; no así el fiscal general de la república, quien vio en el estado del hechor, un claro atenuante.

A la réplica de Acevedo saltó otra liebre que tampoco nadie se imaginaba, menos aún cuando esta otra liebre salta en defensa de Francisco Merino.

Sigfrido Reyes, miembro de la comisión política del partido fmln y vicepresidente de la Asamblea Legislativa acusa a Carlos Acevedo no solo de haber ofendido gravemente al diputado Merino, sino en general al primer órgano del Estado, exigiendo al funcionario bancario públicas disculpas.

Surge entonces la pregunta del millón.

¿Por qué desgasta Sigfrido Reyes su propia imagen, corriendo en defensa de un político tan desprestigiado como Francisco Merino? Aquí compromete no sólo su propia imagen, Reyes, sino, en tanto miembro de la comisión política,  la imagen de su partido en general.

En ambos casos Carlos Acevedo no ha hecho otra cosa que reafirmar dos verdades irrebatibles.

Lo más sensato por parte de cualquier diputado habría sido quedarse callado ante los comentarios hechos por Carlos Acevedo sobre la Asamblea en general, dada la irrefutabilidad del señalamiento; y por parte del vicepresidente de la Asamblea Legislativa, callar por segunda vez, ante la repuesta del mismo Acevedo, a lo dicho por Merino.

La primera verdad expresada por el presidente del BCR tiene que ver con la naturaleza de la política gubernativa.

Una forma de gobierno y una legislación en beneficio unánime de la sociedad en general, hasta el día de hoy, ha sido imposible a lo largo de la historia en el mundo entero.

Los sistemas político sociales que han existido en el mundo han sido incapaces de trascender hacia un Estado en el que gobernantes y legisladores se abstengan de responder a intereses propios, a intereses partidarios o de estrato social; y abstenerse de responder a los intereses privados de quienes donan dinero a sus agrupaciones políticas.

Inclusive en los países llamados del socialismo real los políticos gobernaron, en primer lugar en beneficio propio y de las élites partidarias, en segundo lugar de las bases y organizaciones del partido; dejando en último lugar como beneficiarios de la acción gubernativa, a quienes vivían con normalidad el sistema, pero no eran devotos del partido comunista.

En los países capitalistas, los gobernantes colocan los intereses propios y de los financiadores de su partido, en primer lugar de importancia, a la hora de gobernar.

Los ciudadanos sin partido (que son siempre la mayoría en cualquier sistema), llegan a beneficiarse de algunas políticas gubernamentales sólamente de forma indirecta, o por efecto rebalse (cuando rebalsan los contenedores del partido gobernante, tiene la oportunidad, el pueblo sin partido, de aprovechar un poco de lo derramado).

El arte de la política gubernativa y legislativa, sin embargo, está en saber ocultar el descaro y la desfachatez detrás de la apariencia de que se está gobernando a favor de la sociedad en general. La impericia en el dominio de este arte, vuelve al gobernante y al legislador hipersensible, amargado e intolerante ante las críticas, tal y como se muestran los congresistas salvadoreños.

Pero no hemos contestado la pregunta de, ¿porqué un diputado “de izquierda y socialista” acude en defensa de otro, reaccionario, capitalista y de derecha, siendo que en terrenos de la ideología política deberían ser “enemigos naturales e irreconciliables”?

A decir verdad, entramos aquí al terreno de las especulaciones, pero a esto no debemos temer, pues en política, como en el ámbito de las ciencias, son las intuiciones las que nos conducen a las evidencias.

La primera intuición que se nos revela, tiene que ver con que la historia demuestra fehacientemente que en las revoluciones fracasadas, los revolucionarios y las agrupaciones revolucionarias que se someten a las reglas del sistema imperante, terminan por asimilarse al orden de cosas que antes combatieron. Este fenómeno nos da el suficiente margen para elucubrar en cuanto a que podría ser que de aquella enemistad de clase, que costó al pueblo tanta sangre y sufrimiento, ya no queda nada; que se ha obrado el milagro y lo que hay entre los antes acérrimos enemigos políticos es el hermanamiento y los intereses comunes.

En segundo lugar nos permitimos intuir que, Sigfrido Reyes necesita estar seguro que en su inexorable camino hacia la presidencia de la Asamblea Legislativa hayan los menos obstáculos posibles,  y para ésto es clave la anuencia del PCN, cuyo máximo dirigente parece haber echado raíces en ese puesto.

En anteriores ocasiones, leguleyadas y triquiñuelas de las bancadas rivales del fmln, han impedido el acceso de este partido a la presidencia de ese congreso unicameral, a pesar que los mismos reglamentos internos del órgano legislativo así lo han requerido.

En otras palabras, la calificación que Carlos Acevedo hace de los parlamentarios salvadoreños es que priva en ellos el maquiavélico principio que “el fin justifica los medios” (¡en política no podría ser de otra manera!). La actuación de Reyes en defensa de Merino lo reconfirma.

Queda además la impresión en el ambiente político de El Salvador, que la tenaz defensa de Merino por parte de Reyes, es absurdamente exagerada hasta el disparate: defender lo indefendible (la honorabilidad de Merino). ¡Demasiado precio para el fin que se persigue! (la presidencia de la Asamblea), sobre todo cuando los reglamentos internos de el órgano legislativo insisten, una vez más, en otorgar esa presidencia al partido fmln.

¡Toda una muestra de impericia en el arte de la política legislativa, en donde descaro y desfachatez deben quedar ocultos detrás de las formas, de la ecuanimidad y la cortesía.

No es para menos, se dice además, que la política es el arte de la hipocresía.

 Ahmed Goliath


0 Responses to “Hipersensibilidad en el salón azul; o el arte de la hipocresía”



  1. Kommentera

Kommentera

Fyll i dina uppgifter nedan eller klicka på en ikon för att logga in:

WordPress.com Logo

Du kommenterar med ditt WordPress.com-konto. Logga ut / Ändra )

Twitter-bild

Du kommenterar med ditt Twitter-konto. Logga ut / Ändra )

Facebook-foto

Du kommenterar med ditt Facebook-konto. Logga ut / Ändra )

Google+ photo

Du kommenterar med ditt Google+-konto. Logga ut / Ändra )

Ansluter till %s


november 2010
M T O T F L S
« Okt   Dec »
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  

%d bloggare gillar detta: