02
Feb
11

Dime cómo hablas, y te diré quien eres

“¡Resolver la delincuencia no es bocado de hocicones!”

Quienes fueron testigos de esta expresión del presidente Funes, pudieron advertir que, en efecto, todo salvadoreño lleva un limpiabotas en el alma. Y por eso es que en el momento menos pensado, todo salvadoreño, es capaz de “sacar su caja de lustre”.

“Sacar la caja de lustre”, en buen salvadoreño es recurrir a la vulgaridad y a la cuchilla (y en los tiempos que corren, al revólver), cuando en una discusión se le agota la sensatez de los argumentos.

Cuando el salvadoreño saca la caja de lustre, lo hace con la intención de descalificar e intimidar a su interlocutor; pretendiendo adjudicarse la razón, despotricando groserías.

Es de notar que a medida que profundizamos en el gobierno Funes-fmln, el dicho binomio tiende a exasperarse , perder los estribos, a sacar la caja de lustre con más frecuencia que antes.

Según el tenor de las contracríticas con que se defiende el gobierno, la culpa de los exabruptos gubernamentales recaería en los periodistas, que no preguntan para saber, sino para incordiar. Lo mismo podría estar, esa culpabilidad, en los sindicalistas del sector público, a los que se les ocurre reclamar aumentos salariales, movidos únicamente por la envidia. Pues no es otra cosa que envidia a los salarios, bonos, viáticos, gastos de representación, de sus jefes, lo que los moviliza.

Y sin embargo hay voces críticas que llaman la atención acerca de que la tendencia a sacar la caja de lustre del funcionariado gubernamental, ante los periodistas se debe a que el binomio Funes-fmln se vendió al electorado, como agentes del cambio. Un cambio que a pocas semanas de cumplirse dos años de gobierno, no se ve por ninguna parte.

Y no es que no hayan cambios, pues como dijo Mercedes Sosa, “en esta vida todo cambia”, de modo que aunque continuase gobernando Cristiani o Paco Flores, siempre habrían cambios.

El entuerto está en que el cambio que prometieron Funes y el fmln fue un cambio estructural en la vida económica, social y cultural del país.

El pueblo que sufre las miserias del sistema, tiende a reclamar que a dos años en el poder, si el susodicho binomio no ha reunido la suficiente fuerza política para cambiar el viejo régimen, al menos debería notarse un serio cuestionamiento gubernamental, a las obsoletas estructuras que empobrecen a los salvadoreños de a pie, en la misma proporción que enriquecen a las oligarquías y al funcionariado estatal.

En materia delincuencial, por ejemplo, el gobierno pretende vender al pueblo como muestra de cambio, leves variaciones a la baja en el número de homicidios, que ocurren una semana cualquiera al azar; homicidios que se disparan al alza, otra semana cualquiera, también al azar.

El cuestionamiento periodístico alrededor de la pretensión gubernamental de presentar variantes microscópicas y azarosas, en materia delincuencial, como el cambio prometido durante la campaña electora, indujo al presidente Funes a sacar la caja de lustre.

En esto se hace necesario remarcar que los exabruptos de la clase dirigente implican insospechadas repercusiones en la cultura popular.

La expresión de que tal cosa “no es bocado de hocicones”, en dialecto salvadoreño, es una expresión con una carga letal de machismo,  sumamente violenta, descalificativa, falta de argumentos, y por ello, profundamente antidemocrática.

En un bar o cantina de cualquier lugar de el país más violento de Latinoamérica (El Salvador), o en cualquiera de sus calles, a esta frase, con toda seguridad hubiesen seguido las trompadas, las cuchilladas y los balazos. Esta vez no ocurrió así, porque la frase se espetó ante la prensa seria.

En una edición anterior, acertadamente, deposita un colega de La Columna Vertebral, en las actitudes de la clase dirigente, la batuta que marca el paso de lo que sucede en la cultura del pueblo llano.

De haber contado con un medidor hipersensible, el día que se difundió esa expresión presidencial, bien hubiésemos captado cierto aumento de la violencia machista en el territorio nacional, puesto que con seguridad Juan Pérez, reflexionó: Y si el mismísimo presidente de la república se da el lujo de sacar su caja de lustre, entonces, ¿porqué no yó?

Otros observadores más académicos opinan que la cultura y personalidad del salvadoreño medio, se es capaz de medir en la frecuencia con que saca la caja de lustre cuando discute o disputa. De lo cual se puede inferir el axioma: “Dime como hablas, y te diré quien eres”.

Nuestro presidente ha hablado.

                                                                                                             Froilán Sánchez


2 Responses to “Dime cómo hablas, y te diré quien eres”


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