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¿Sí o nó, señor canciller?

Ha causado revuelo en círculos nacionalistas y gubernamentales de nuestro país, el hecho que un estadounidense, fracasado actor de comedias baratas carentes de talento artístico, alcohólico, drogodependiente y adicto a la pornografía, en una de sus graves resacas se haya referido a El Salvador como un “país maldito”.

Sale entonces a la escena nuestro canciller Hugo Martínez para rasgar sus finísimas vestiduras diseñadas por grandes casas de la moda internacional, y exigir de tal modo a esa piltrafa de nacionalidad estadounidense, que se retracte de lo que ha dicho.

El que funcionarios gubernamentales criollos ocupen sus horas de trabajo en cuestionar improperios que despotrican ilustres borrachitos en grave crisis existencial, y  no en aportar a resolver la grave y permanente debacle social de El Salvador, es signo de que el gobierno salvadoreño continúa sin encontrar su propio rumbo. Esto significa que la nave de la nación no está siendo capitaneada como debería serlo, sino que, a merced del azar, se conduce dando bandazos, a la deriva.

En lugar de perder el tiempo tan tristemente, querellándose con gentes que ni siquiera representan a algún Estado, el canciller Martínez debería estar trabajando junto al presidente Funes en formular los argumentos que le permitan al gobierno salvadoreño arrancar importantes compromisos al presidente estadounidense, en su próxima visita.

Por ejemplo, el compromiso de apoyar al pueblo salvadoreño en su lucha por liberarse del acoso de poderosas transnacionales mineras, que, en su insaciable voracidad y codicia, pretenden propinar la estocada definitiva al ya precario equilibrio ecológico de nuestro país.

Arrancarle al gobierno estadounidense, el compromiso de que cese el irrestricto comercio de armas de Estados Unidos hacia El Salvador, porque esas armas son las principalmente responsables que nuestra sociedad viva en luto permanente, desatada la delincuencia, apertrechado el narcotráfico, estancada la economía, agravada la pobreza, y se tenga en el extranjero, no sin razón, la percepción de El Salvador, como un lugar maldito.

Para nuestro país, es de vital importancia, social, política, y económicamente hablando, arrancarle al gobierno Obama, el compromiso de combatir el tráfico y demanda de cocaína al interior mismo de Estados Unidos, y no sólo al sur del Río Bravo, dado que omitir ese combate al interior del mayor demandante de esa droga en el mundo, vuelve el flujo de cocaína de sur a norte, indetenible, y con ello se acreciente el poder de las mafias del narcotráfico en El Salvador y Centroamérica.

Que el presidente Obama se comprometa a que sean reformulados los aspectos negativos del tratado de libre comercio, que enriquecen a unos cuantos oligarcas criollos con intereses en empresas que exportan de Estados Unidos a El Salvador. Los términos actuales de ese tratado, que fue aprobado por legisladores prostituidos, que ni siquiera lo habían leído, son también causa de la parálisis económica de nuestro país.

Entre otras cosas, el gobierno salvadoreño, con el auxilio de Hugo Martínez debería estar ocupado en elaborar las razones que convenzan a los inversores norteamericanos a que abran sus billeteras, generosamente, hacia El Salvador, de la misma manera que los inversores chinos abrieron las suyas hacia la Unión Europea, con motivo de la recien pasada visita del presidente Hu Jintao a ese continente. Ofreció de ese modo, China, un saludable balón de oxígeno, a las economías de la Unión en profunda crisis como Grecia, Portugal, Irlanda y la arrogante España.

En nuestro país, el único cambio que la crónica problemática social presenta bajo el gobierno Funes-fmln es, que tal problemática crece, se diversifica y multiplica

Las mafias de buseros continúan siendo causa principal de, zozobra, muerte y traumas de por vida, para los salvadoreños más humildes. El gobierno Funes-fmln no encuentra otra salida que retribuir a estas mafias con más subsidios, cuando lo que se necesita es una reforma radical e integral del transporte público.

La Policía Nacional Civil, las agencias privadas de seguridad, y en cierto grado la fuerza armada, continúan trasegando armas y municiones hacia la delincuencia, bajo la cobertura de “armas extraviadas”.

Ante este fenómeno, el ministro de seguridad, el jefe de la PNC y el ministro de defensa, se muestran tan impotentes, ineficaces y carentes de ideas, como se mostraron los funcionarios areneros en su momento.

Aquí también se necesitan radicales medidas. La ley coloca en manos de Carlos Asencio, máximo jefe de la PNC, la solución, pero Asencio se muestra timorato e indeciso, entre otras cosas porque el gobierno Funes-fmln, ha desarrollado sólidos lazos con agencias de seguridad como COSASE (Mecafe), entre otras. Hay quienes aseguran que las agencias privadas de seguridad son otro rubro en el que ha incursionado con la fuerza de un tsunami, la cúpula efemelenista.

El caos del gobierno actual, se diferencia muy poco del caos que mostraron los gobiernos areneros. Ningún funcionario público, ni el propio presidente de la república, son capaces de presentar estadísticas creíbles acerca de a cuánto ascienden en realidad, el desempleo y la pobreza extrema en nuestro país.

No existe política gubernamental alguna, respecto de la reactivación de la economía, generación de empleo, o de preparar condiciones para facilitar a las nuevas generaciones, su inserción en un mercado laboral que hoy día cambia con una dinámica cuasi impredecible.

Vías expeditas para no morir de hambre y desnutrición en El Salvador son la prostitución, la delincuencia, el narcotráfico, el sicariato…

Cabe la posibilidad que la complejidad de la problemática social y el caos administrativo que vivimos, anulen de manera tal la iniciativa y la capacidad mental de  gobierno y canciller, salvadoreños,  que al día siguiente de la visita de Obama, amanezcamos con las manos totalmente vacías. Sólo con la resaca. Como si nunca hubiera pasado por aquí el presidente de la nación más poderosa y rica del mundo; como si nunca hubiésemos estado tan cerca de la oportunidad de obtener de ese presidente, importantes concesiones a favor de nuestro país.

Es posible que cuando el presidente estadounidense esté ya de regreso en la casa blanca, nuestro pueblo siga con su desesperanza a cuestas y el gobierno siga tratando de encontrar su rumbo; continúe también Hugo Martínez insistiendo en rasgar sus carísimas vestiduras marca Prada, Lacoste, Christian Diors, Yves Saint Laurent…, para exigir de modo tan dramático, a un degenerado borrachín estadounidense, disculpas, por aludir despectivamente a nuestro país.

Al hospital Benjamín Bloom, mientras tanto, seguirán ingresando niños que quedaron atrapados entre el fuego cruzado de las maras, o que estaban en la trayectoria de una bala perdida.

Las extorsiones, el sicariato, el narcotráfico…, en fin la delincuencia y el crimen organizado seguirán imponiendo su régimen de terror al pueblo salvadoreño, ante la impotencia de las autoridades legítimamente constituidas.

Cualquiera podría decir, y sin exagerar, que vivimos en un país maldito! ¿Sí o nó, señor canciller de la república?

                                                                                                                       Urías Eleazr


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