20
Jul
11

El gigante de los pies de barro; o Chespirito, el Chapulín Colorado

Durante la sexta década del siglo XIX, predicaba sabiamente el presidente Abraham Lincoln, a los estadounidenses, a fin de que los descendientes de los peregrinos del “My Flowers” se mantuvieran suficientemente alejados de las deudas y la ruina.

Durante algún tiempo, y mientras Lincoln se mantuvo al frente de la emergente nación del norte, se acogían hombres y mujeres al amparo de sus sabias enseñanzas. Pero un día aciago, las fuerzas oscuras, que habían perdido la batalla por la esclavitud y la secesión, optaron por dar muerte al presidente de la república, para demostrar que con el robo, el despojo, la esclavitud; en fin, con el imperio sobre los pueblos débiles, se es capaz de burlar el precepto de no gastar más de lo que se gana, tal y como aconsejaba Abraham Lincoln.

Los asesinos de Lincoln mataron al último de los próceres que venía echando los cimientos morales sobre los que tendrían que erigirse los Estados Unidos de América. Y sin embargo, tras el asesinato de el decimoséptimo presidente de ese joven país, esos cimientos que habían iniciado George Washington y Thomas Jefferson, pronto comenzaron a deteriorarse.

Sucumbieron a partir de ahí no pocos gobernantes estadounidenses a la tentación que les invitaba la codicia en simbiosis con el poder político; se alejaron neciamente cada vez más de la senda trazada por el asesinado presidente, y tomaron la ruta de la segregación racial y el imperialismo.

A principios del siglo XX, Warren G. Harding, tomó abiertamente partido por la corrupción de la política. La única huella dejada como presidente de Estados Unidos, por G Harding, es haber incorporado a su gobierno, gran número de políticos incapaces y corruptos durante su breve mandato (1921-1923).

Lo cierto es que a lo largo del siglo XX, los presidentes norteamericanos dieron forma al perfil de lo que para los pueblos del mundo significan hoy los Estados Unidos de América: el liberalismo económico convertido a dogma de fe; la mayor economía del planeta alzada sobre la ruina de muchos otros pueblos; arquitecto de las relaciones comerciales universalmente vigentes, basadas en el intercambio desigual; el intransigente, autoritario e incontestable gendarme del mundo; el mayor poderío industrial, político y militar del planeta.

Y sin embargo, en contrapartida de todo lo anterior, Estados Unidos es hoy día, la nación más endeudada de la historia; un país del primer mundo que exhibe infraestructuras públicas, pobreza y estadísticas sociales, propias del tercer mundo; un país cuyos intereses le empujan a llevar la guerra a los cuatro rumbos del planeta; el Estado con más enemigos sobre la faz de la tierra.

Y ya a comienzos del siglo XXI, cada vez son más visibles y frecuentes los signos del ocaso de la gran potencia del norte. En este sentido, el mes de Julio del año 2011 está resultando especialmente revelador.

En la tercera semana de este mes, El Pentágono, que es la instancia que agrupa los mandos estratégicos y de mayor nivel del poderío militar estadounidense, da por desaparecidos 124 mil documentos, robados de su archivo electrónico, supuestamente sustraídos por una potencia extranjera, cuya identidad aún se desconoce.

El día 8 de este mismo mes, se elevó en su última misión el transbordador espacial, Atlantis hacia la ISS (Estación Espacial Internacional). Con este vuelo, Estados Unidos pone fin a su programa de transbordadores espaciales, por económicamente insostenible. Esto significa que la gran potencia renuncia a su propia capacidad de enviar naves al espacio y alcanzar por cuenta propia la ISS. Tampoco renuncia la gran potencia a continuar en el programa espacial internacional. Eso sí, para que los astronautas norteamericanos puedan acceder a la ISS, tendrán que alquilar asientos en las cápsulas rusas propulsadas por cohetes rusos. Los ex soviéticos prometen no aprovecharse de la situación para tratar en menos a sus antiguos rivales; tampoco, dicen, utilizarán su ventaja en el terreno espacial, para fines políticos.

Estratégicamente pues, “la guerra de las galaxias”, en la que el finado presidente Ronald Reagan, invirtió millardos y millardos de dólares de los contribuyentes norteamericanos, resultó un rotundo fracaso! Una verdadera farsa! Un colosal despilfarro que la locomotora norteamericana obliga hoy a resarcir al mundo entero, sobre todo a satélites como El Salvador, cuya minúscula economía, para desgracia del pueblo salvadoreño, fue encadenada por malos gobernantes al dólar norteamericano; moneda que, por lo que se ve, es ya, la crónica de una debacle anunciada.

Y los signos de tal debacle, son cada vez más alarmantes. Estados Unidos está a punto de perder la capacidad de pagar salarios a los empleados públicos, y amortizar deuda a sus acreedores externos. Esto sucederá si en lo que resta del mes de julio, el senado no autoriza elevar el límite de endeudamiento del Estado. Por ley el límite de la deuda que este país debe adquirir es de 14,3 billones de dólares, lo cual ya fue alcanzado el pasado mes de mayo. Esto hace que si no aumenta, sustancialmente su endeudamiento, el 2 de agosto próximo, el Estado norteamericano perderá la capacidad de cumplir con sus obligaciones salariales y de pago de deuda.

¿Qué razón hay detrás de que se rebasen los límites del endeudamiento?

Razones hay muchas, el despilfarro, las guerras sin sentido… En condiciones normales y de paz,  Estados Unidos bien podría haber manejado la deuda dentro de los límites requeridos legalmente. El detonante de esta situación, sin embargo, tiene su raíz en la forma en cómo reaccionó el Estado, ante la recesión desatada en el 2008, a causa de la codicia de la banca norteamericana. Técnicamente, el llamado rescate bancario con que se palió la situación, significó que la Deuda Privada, que es la deuda que los estadounidenses tienen con la banca y organismos financieros, la asumió el Estado norteamericano.

Esta medida resultó doblemente perversa porque enriqueció como nunca antes a la banca, a los organismos financieros, y finalmente arrojó a la bancarrota al Estado.

Además de las colosales sumas de dólares que recibieron los banqueros, en calidad de rescate, éstos recuperaron las pérdidas que les arrojó la coyuntura, pues embargaron a ritmo vertiginoso las viviendas de los hipoteco habientes que perdieron capacidad de pago. La banca ganó por partida doble, y el Estado se empobreció en igual medida.

El dilema mayor estriba en que a medida que aumenta la deuda total, estadounidense, estratégicamente tiende ésta a rebasar la capacidad de pago del Estado. Tal fenómeno conduce inevitable al punto de no retorno. Es decir que la deuda universal de los Estados Unidos de América se vuelve, poco a poco, impagable.

Cuando esto suceda, habrán hecho caer los gobernantes estadounidenses a su propio pueblo, en la misma maldición en que hicieron caer a muchos pueblos pobres del mundo entero y que mereció a esa nación, el adjetivo de imperialista: la maldición de trabajar y producir, únicamente para pagar deuda, y para nada más que para eso.

Es en este entonces, que tendrán también los Estados Unidos de América, que padecer en carne propia, las consecuencias de haber ignorado el consejo de Abraham Lincoln de que, “No se debe gastar más de lo que se gana”. Un extravío que les llevó a configurarse en gigante, sí, pero imperialista y con los pies de barro.

Ah! Pero los halcones de halcones estadounidenses, agrupados en el Tea Party. tienen un as salvador, todavía que sacar bajo la manga de la camisa! Es, dicen entre ellos y en secreto, el incontestable poderío militar de los Estados Unidos de América, que servirá para, igual que hacían los grandes pistoleros del lejano oeste, evadir todo tipo de deudas. –No contaban con mi astucia! –dicen, de igual modo, esos halcones, que nuestro bien recordado Chespirito, el Chapulín Colorado.

                                                                                                                                                                                                    Daniel Lobo Pardo


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