01
Aug
11

La matanza

–Necesito una información que sólo tú puedes proporcionarme de manera fidedigna –dijo a su abogado, tres días después de los hechos, Anders Behring Breivik.

–Estoy a tu disposición –contestó Geir Lippestad.

–Dime con exactitud, ¿cuántas chicos he matado? Yo perdí la cuenta!

Uno de los gajes del oficio de abogado es el control de las emociones; el jurista contestó sin alterarse.

–Aún no se sabe con exactitud; no son pocos los que yacen con pronóstico reservado.

Ambos hablaban serenamente, casi en secreto, sin divagar, sin diferir un ápice. Cualquiera diría que trataban otro tipo de negocio.

Al interior del centro de detención, los hombres intentaban estructurar la estrategia a seguir. Habían, sin embargo, momentos que Lippestad rozaba la exasperación. Su cliente no proporcionaba datos, ni argumentos de valía.

–Mi propósito es mandar una fuerte señal al país y Europa –repitió por enésima vez–, provocar el despertar de las conciencias; defender el cristianismo de la violencia mahometana. Golpear el propio corazón de los traidores que han infestado mi país de cabezas negras; poner paro al reclutamiento de jóvenes a la causa de los traidores. Reconozco. Cada una de las muertes fue atroz, pero todas fueron necesarias.

Aunque se tenga que matar jóvenes bellos para salvar la patria, hay que hacerlo! Sólo los imbéciles son incapaces de comprender. Las cruzadas que tenemos que librar hoy día, los caballeros templarios, no son en Oriente Próximo! Son aquí en nuestro propio suelo! Los cabezas negras son el caballo de Troya, y los traidores han abierto las puertas!

Geir Lippestad opinó que no aportaba nada, pero el acusado insistió en hablar de Suecia. –Es un Estado totalitario. Va hacia el colapso. Está cercado por fuerzas combinadas: la Yijad Islámica,la Unión Europea, el multiculturalismo…, la excesiva ideologización… El país que nos dio a Ingvar Bergman, ABBA y la Volvo, va ser conocido como la Bosnia del norte europeo. Ese modelo significará únicamente locura ideológica. No será algo digno de admirar. Nuestro deber es encender la guerra contra la Europa comunitaria; contra el Islam. Provocar la revolución!

En la primera entrevista, la retórica de Anders Behring le pareció impresionante a Geir Lippestad . Pero a medida que fue aquél explayándose, éste pudo darse cuenta, que extensos argumentos que exponía Behring, y daba por suyos, eran plagio de lo escrito por Timothy Mc Veigh, y por Ted Kaczynsky, célebres, autores y teóricos del terrorismo con fines políticos.

He aquí que Geir Lippestad, decidió centrar su estrategia en que Anders Behring Breivik estaba loco.

Viviendo en casa de la madre, en diciembre del 2010, comenzó a compilar armas de guerra, municiones, chalecos antibalas y disfraces, que enterraba en zulos para que ella no se enterara. Desarrolló los contactos necesarios para pasar a la fase superior de preparativos.

Simultáneamente escribía su diario de faena. Resultó monumental: 1500 páginas. Le llamó “Manifiesto2083”.

Llegada la fase superior, abandonó la casa de su madre. Arrendó una granja en Rena, afueras de la capital, a fin de encubrir la adquisición de grandes cantidades de Nitrato de Amonio, fertilizante sensible a ser convertido en explosivo rompedor. Adquirió además gran cantidad de polvo de aluminio. Con ambos materiales elaboró, poco más de una tonelada del explosivo Amonal.

Por otra vía distinta (internet), pudo hacerse con detonantes eléctricos, en suficiente cantidad para explotar todo el material que había elaborado.

Breivik, insistió a la policía que actuó solo.  Ante el juez, sin embargo, admitió la existencia una logia, hermética de manera tal, que no es posible descubrir la identidad de sus miembros. Se trata de la compartimentación mística por excelencia, absolutamente compacta, sin indicio alguno de filtraciones; un perfecto nudo gordiano.

El trece de junio culminó la fase superior de preparativos. Hizo un recuento meticuloso. Todo estaba absolutamente en el lugar que debería. Se sintió relajado. A partir de ahí, como un tigre al asecho aguardó pacientemente la víspera de la convención anual de jóvenes socialdemócratas.

El día 20 de julio fletó un auto arrendado con 950 kilos de amonal. El dispositivo detonante de la carga lo acopló a la recepción de señal de un teléfono celular. El día 21 condujo este vehículo al complejo gubernamental, lo estacionó en la entrada principal del Ministerio de Estado, y regresó a la granja, en bus.

Dos días después, luego de un almuerzo frugal, escribió en su diario: “Creo que éste será mi último mensaje. Ahora es viernes 22 ”. Bebió su dosis diaria de esteroides anabolizantes. Calzó botas y pantalón de policía. Al interior de un maletín plateado acomodó un fusil recortado y munición suficiente para combatir un día entero. Colocó el pesado maletín en el asiento copiloto. A la par del maletín colocó una chaqueta y una gorra de policía. Abordó el vehículo y volvió al complejo gubernamental.

Dio un par de vueltas en los alrededores. Comprobó que el vehículo que había aparcado junto al Ministerio de Estado, seguía en su lugar. Se dirigió hacia la periferia oeste de la ciudad. Fuera del perímetro urbano, aparcó a un lado de la carretera, subió una colina con un teléfono celular en la mano. Marcó un número y dio paso a la señal de llamada. Cuando la señal llegó a su destino, un ensordecedor estruendo y un temblor de tierra sacudió la ciudad, a la vez que elevaba una densa columna de humo y polvo en dirección del complejo gubernamental.

Anders Behrin Breivik hizo la señal de la cruz conmovido hasta las lágrimas. Bajó corriendo la colina, abordó el auto y siguió por la carretera hasta el embarcadero del ferry que va y viene de Isla Utöya. Buscó el aparcadero, estacionó. Antes de salir del auto se colocó la chaqueta, la gorra de policía, tomó el maletín; se dirigió al ferry.

Partió la embarcación. Los minutos se hicieron eternos. En la pequeña isla, pululaban no pocos centenares de muchachos llegados de todo el país.

Desembarcado, sin mayor dilación Anders Behring se dirigió al centro del campamento, contactó a los organizadores, se identificó verbalmente como agente de policía. Pidió a los líderes convocasen a los jóvenes a un descampado; un anfiteatro natural. Había ocurrido un atentado en la capital del país. Él llevaba la misión de informar medidas de seguridad.

Acudieron en multitud muchos jóvenes y niños, (pocos adultos); unos sentados sobre el césped, otros parados a pocos metros del “agente de policía”.  –Atención! –dijo, serenamente, y con suficiente fuerza para que oyeran todos– ¡Debo mostraros un arma!

Con mucha parsimonia, abrió el maletín plateado, extrajo dos bandoleras con abundantes magazines repletos de munición; se las colocó en equis sobre ambos hombros. Extrajo el fusil automático, le colocó mira telescópica, magazín de alimentación y colocó un tiro en la recámara. El público le observaban intrigado…..

–¡Y ahora os voy a matar a todos! ¡Hijos de la gran puta! –gritó, disparando ráfaga tras ráfaga a la multitud; entregándose completamente a la matanza.

                                                                                                                                                                    Lobo Pardo


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