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Okt
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Capitalismo; cambio climático y futuro…. Qué hacer?

El meteoro que recién asoló Centroamérica, y más gravemente a El Salvador, ha comenzado a llamarse, con razón “el diluvio”. Este país se vio de pronto convertido en un extenso pantano de ríos desbordados, cadáveres soterrados, y torrenciales lluvias no vividas en la historia conocida. Ni una sola gota de toda el agua que cayó, fue o será en provecho de la economía del país. Ni una de esas gotas aumentó ni alimentó las fuentes hídricas de que dispone el país. Por el contrario, al unirse las aguas correntías, producto de la lluvia, que arrastraban desechos químicos, heces fecales, y suciedades de todo tipo, con las fuentes hídricas para el consumo poblacional, éstas quedaron contaminadas, y del mismo modo rebajadas en su calidad y cantidad disponible. Esto quiere decir que después de tal “diluvio” los salvadoreños seguirán sufriendo sed.

Y también seguirán habitando, los salvadoreños, un territorio que se convierte en desierto a pasos agigantados. Las aguas lluvias que corrieron masivamente hacia el océano, iban arrastrando miles de miles de toneladas de suelo cultivable, dejando en su lugar miles de miles de hectáreas significativamente menos aptas para producir alimentos. En otras palabras, la mucha agua que cae cada vez más torrencialmente sobre el territorio salvadoreño, en lugar de reverdecer el suelo, lo convierte en un paisaje árido e improductivo. Todo esto tiene un nombre: Cambio Climático Global. El daño causado a la tierra por la actividad industrial del ser humano, trastoca el comportamiento climático de manera irreversible. Se pone en juego la supervivencia o desaparición de pueblos enteros sobre la faz de la tierra.

Según analistas de las Naciones Unidad y del Comité Económico para la América Latina (CEPAL), además de ser el segundo país socialmente más violento, y de más violencia contra la mujer y el niño, es El Salvador, el país más vulnerable del mundo, ante el Cambio Climático Global.

Tal diagnóstico, en otra cultura debería disparar las alarmas de la clase dirigente y provocar que capitalistas, diputados, judicatura y presidencia, se ocuparan de gobernar en el sentido de salvar esta nave que peligra zozobrar.

Y sin embargo no sucede así en El Salvador. Aquí los capitalistas persisten en negar la realidad del Cambio Climático, y continúan negándose a tributar a las cajas del fisco según lo que la ley y la moral mandan. El Salvador es además, el país latinoamericano en que las oligarquías dirigentes, tributan menos al fisco, proporcionalmente a la medida en que se enriquecen

Diputados, ministros y presidentes de instancias autónomas continúan narcotizados en su necio afán de enriquecerse por la vía de ejercer un funcionariado estatal. Ocurre que los componentes del poder judicial, confían en que su burda parcialidad a favor de la delincuencia, les rinda lo suficiente para vivir una vida al estilo de Muammar Gadafi, Sadam Hussein o Augusto Pinochet, Ciro Cruz y similares.

La indiferencia de la clase dirigente de El Salvador, ante la problemática ecológica y social, tiende a colocar de nuevo la pelota en la cancha del pueblo llano. Esto quiere decir que, si la clase dirigente de este país se muestra incapaz de hacer buen uso de la Democracia y gobernar en el rumbo correcto; en un marco ecológico, social y económicamente tan precario, los humildes adquieren, una vez más el legítimo derecho de insurreccionarse a fin de salvarse a sí mismos.

¿Qué medidas son necesarias para salvar al pueblo del desastre?

¡Reforestar, proteger y regenerar los suelos, sanear los ríos, los lagos y las costas! ¡Tareas colosales, que sin embargo el pueblo unido es capaz de acometer y resolver!

¡El pueblo unido es un coloso mucho más poderoso que los que transformaron el Acelhuatl (Hilo de Plata), en la nauseabunda  corriente de aguas negras que es ahora!

¿Porqué entonces el pueblo no actúa?

¡Según el actual sistema de tenencia de la tierra, el pueblo no estaría entonces trabajando a favor de su propia salvación, sino a favor de la propiedad privada de la tierra, de los grandes propietarios. A favor de los políticos como Elizardo Lobo y Francisco Merino, Ciro Cruz, quienes se agencian, ilegalmente, tierras por medio de la corrupción estatal que vive El Salvador.

¿Cuál es la solución?

Para que el pueblo se entregue a la dura, ardua y complicada tarea de salvar a El Salvador, por medio de la reforestación, la protección de los suelos y la regeneración de ríos, lagos y costas, es necesario que la tierra vuelva a manos de su propietario original: el Estado.

Solamente si el territorio nacional vuelve a manos del Estado, estaría dispuesto el pueblo a esa magna, necesaria y urgente tarea, que nos salvaría del desastre global.

Es claro que los oligarcas, los grandes propietarios, los Cristiani, los Elizardos Lobos, los Chicos Merinos, los Cruz Cepeda, pondrán el grito en el cielo. ¡Comunismo en estado puro! –dirán.

Y sin embargo, ahora que el pueblo está más consciente de su propia historia, encontrará mucho más razones para luchar a fin que la tierra regrese a propiedad estatal.

¿Cuáles son esas razones?

¡Las tierras pertenecientes a los salvadoreños todos, han sido robadas dos veces por la gran oligarquía!

¡Llegados que fueron los españoles al valle Cuscatlán, éstos robaron las tierras del señorío (el Estado indígena), pero tuvieron el cuidado de reservar algunas tierras para los nativos (tierras ejidales) y pudieran con esas tierras, los nativos, sobrevivir.

Posterior a la independencia de España y sobrevenida la época del café, la oligarquía salvadoreña robó y se repartió las tierras ejidales a los indígenas para dedicarlas al cultivo del café.

Es este doble robo de la tierra que los oligarcas salvadoreños bautizaron como “sacrosanta propiedad privada”. Y sin embargo ahora, ante el cambio climático global, los salvadoreños, debemos llegar a la conclusión que la tierra, mucho menos en El Salvador, ¡jamás debe ser propiedad privada; y esta inmoral forma de propiedad jamás debe ser sacrosanta!

He aquí que el destino y el instinto de sobrevivencia, pone a los salvadoreños ante la inevitable y triple encrucijada: capitalismo, cambio climático y futuro.

Como diría el viejo Vladimir Ilich Ulianov: ¿Qué hacer?

Matla Xochitl


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