07
Nov
11

Los pueblos tienen derecho sobre los capitales del mundo

ONU: una mentalidad reaccionaria

En el informe anual sobre desarrollo mundial, correspondiente a 2011, concluye, el secretariado general de la ONU que el cambio climático mundial amenaza la lucha contra la pobreza. En otras palabras, esto es la justificación para que las llamadas metas del milenio, antes anunciadas con bombo y platillo por la misma ONU, hayan sido relegadas al baúl de los recuerdos por los gobiernos del mundo.

La conclusión del máximo organismo mundial es por demás infeliz y reaccionaria, puesto que hemos llegado a un momento de la historia en que el desarrollo científico, tecnológico, económico, filosófico y humanitario, nos demuestra que ningún obstáculo por grave que parezca debería resultar en que la humanidad, continúe postergando la erradicación de la pobreza, y continúe postergando la recuperación del equilibrio ecológico perdido. Esto significaría la catástrofe social global; el potencial suicidio del homosapiens.

Cierto. El cambio climático plantea en el plano económico, sorpresivos gastos y costos, para todos en general, ricos, pobres y para los estados del mundo; pero que los gastos imprevistos del Estado, que los costos imprevistos de las empresas son la causa de que los pueblos vivan postrados en la pobreza por los siglos de los siglos, es el falaz argumento que venimos escuchando desde que el capitalismo es capitalismo.

Tal argumento por parte de la ONU es el perfecto marco que necesitan oligarquías, banqueros y gobernantes para exculparse de ser ellos los causantes de la pobreza en el planeta Tierra; y de la destrucción de la naturaleza. El máximo organismo mundial ha encontrado para ellos el culpable perfecto. Se llama Cambio Climático Global.

El secretariado general de la ONU, debería haber concluido que ha llegado el momento que los capitales sean puestos en función de erradicar la pobreza en el mundo, en lugar de despilfarrarse en conflictos bélicos, o en descabellados y caros proyectos como la conquista del planeta marte, la cacería de neutrinos, aceleradores de partículas, nuevas y más potentes armas de guerra; puesto que está moral y científicamente demostrado hasta la saciedad, que es el ser humano quien debe ser sujeto y objeto de la actividad económica y no al revés.

Ocurre que la debacle del “socialismo real”, puso en manos de la derecha global la oportunidad de oro para desprestigiar y negar totalmente el trabajo filosófico y económico llevado a cabo por Carlos Marx. Esto a vista, paciencia y abulia de aquellos que se decían marxistas.

Hoy día podemos decir con seguridad que aquellos que endiosaron al judeo alemán y calificaron su trabajo como perfecto e infalible, causaron al proceso de los pueblos más daño que beneficio, pues en efecto, ni Marx era dios, ni su trabajo perfecto, y sin embargo hay partes fundamentales de su obra que continúan vigentes e irrebatibles. Tal es el caso de la teoría de la plusvalía, en donde queda demostrado que cualquier capital, en cualquier época y en cualquier parte del mundo, es el resultado de esa parte del trabajo desplegado por el obrero y no pagado a éste por el capitalista.  

Otros capitales son producto del robo, la usura y la corrupción de los políticos; pero no hay capital en el mundo que no lleve el sello del trabajo no pagado al obrero.

La teoría de la plusvalía elaborada por Carlos Marx nos lleva a la necesaria conclusión que si bien los capitalistas se han apoderado del capital creado por los obreros, utilizando diversos malabares legales, ilegales y la complicidad de los políticos; en definitiva el capital pertenece más a los trabajadores que al capitalista.

De tal modo pues, que al borde de la catástrofe medioambiental y social con que nos amenaza el cambio climático global, es de lo más justo que el pueblo humilde y trabajador exija al Estado, a los capitalistas y a la misma ONU, poner los capitales en función de salvar al mundo y al ser humano. En otras palabras, poner los capitales en función de erradicar la pobreza de una vez y para siempre; y en función de restaurar el equilibrio de la naturaleza; recuperar los ríos, los lagos, muertos y moribundos. Detener la debacle a que se encaminan los océanos.

La ONU en su informe anual correspondiente al 2011 ha fallado a favor de quienes provocan los índices de pobreza que vive el mundo entero, y a favor de quienes han provocado la debacle natural que nos amenaza.

En aquella época la dialéctica estaba de cabeza y Carlos Marx se encargó de ponerla en pie. Con semejantes conclusiones, hoy día se demuestra que es la ONU quien está de cabeza y los pueblos del mundo los llamados a ponerla en pie.

 Ha llegado la hora que los capitales sirvan para salvar el mundo y al ser humano, y no para destruirles.

El pueblo pobre tiene tanto o más derechos sobre el capital, que los mismos capitalistas.

Indignados del mundo entero! ¡Uníos!

Lobo Pardo


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