03
Feb
12

¿Un daño colateral?

El Salvador

Como integrantes del gabinete de seguridad del gobierno Funes-fmln,  los funcionarios efemelenistas removidos estaban en el lugar equivocado, en el momento equivocado. A pesar que lograron bajar los índices de criminalidad al interior de la Policía Nacional Civil; al no lograr revertir la tendencia criminal en general, se desgastaron, y al momento de ser relevados pasan a ser lo que en política se conoce como, figuras quemadas, signadas por el fracaso. Lástima que esto suceda con personas tan profesional y políticamente honestas como Carlos Ascencio.

Tal equivocación deviene de que, aunque el fmln sufre un claro proceso de asimilación al sistema, la moral y la consecuencia con su pasado, le compromete a enfrentar la problemática nacional, desde el punto de vista estructural. No lo hicieron y es muy poco probable que en el futuro lo hagan. La velocidad con que el fmln se desliga del cuestionamiento estructural del sistema está en consonancia, con la urgencia que tengan de asimilarse a él.

Por mucha coherencia que intentaron los efemelenistas en el gabinete de seguridad en lo referente a interpretar los resultados de su propia labor; en la práctica bajo su gestión, continuó la política arenera de enfrentar la delincuencia únicamente con métodos represivos, haciendo caso omiso de cuestionar las causas estructurales que la alimentan y la convierten en un monstruo cada vez más peligroso para la nación salvadoreña. Continuó la guerra de tasas y cifras estadísticas entre la PNC, Medicina Legal, Fiscalía, Seguridad, partidos y medios de difusión.

A pesar que muchos comentaristas ha visto en el relevo de los funcionarios aludidos, la mayor afrenta de Funes al partido que le aupó al poder, estos funcionarios han depuesto sus cargos disciplinadamente,  sin mayores aspavientos; sin ruido de machetes desenvainados.

La más probable razón de esta pacífica actitud efemelenista, es que la dirigencia del partido en el gobierno, comprendió por fin, que de arribar a las elecciones 2012 y 2014, exhibiendo la política arenera en materia de seguridad pública, y exhibiendo tasas y estadísticas delincuenciales ligeramente peores que las de administraciones anteriores, los electores les pasarían la factura correspondiente.

Las razones del ejecutivo para relevar a los funcionarios efemelenistas del gabinete de seguridad, se ven mucho menos claras, y hasta sombríamente difusas; porque a pesar de los magros resultados obtenidos durante su gestión, el relevo de los efemelenistas desde sus principios se muestra desastroso. Se adivina en él, una especie de desastre anunciado.

Comienza el desastre con el nombramiento de dos altos militares, uno como ministro de Seguridad y otro como jefe de la PNC.

Aunque uno de ellos esté en condición de retiro, se ha puesto en duda y con razón, dentro y fuera del país, que con esos nombramientos se esté violentando la constitución de la república, y se esté volviendo a la militarización de la sociedad, en velada rebelión contra los Acuerdos de Paz.

Para afianzarse en el puesto el nuevo ministro de Seguridad, no tuvo empacho en entrar con pie derecho a terrenos propios del Chapulín Colorado. Se comprometió públicamente a rebajar los índices delincuenciales en un 30%, en el término de un año; y a dar vida a una fantasía jurídica que él llama algo así como “subsistema de leyes”, además de enmarcar su labor en el marco de un supuesto estado de excepción. Coloca su compromiso de resultados por delante de condiciones previas. Es decir, la carreta delante de los bueyes.

¿Tendrá el nuevo titular de Seguridad la suficiente influencia sobre el aparataje estatal para crear un jurídicamente inédito “subsistema de leyes” y crear a su medida un estado de excepción?

Lo extraño es que el nuevo jefe de policía, al contrario de las reservas mostradas por Ascencio ante tales aventuradas pretensiones, se ha sumado alegremente a las afirmaciones del nuevo ministro.

Y el desastre anunciado de los cambios en el gabinete de seguridad, parece reafirmarse ante las improvisaciones  y contradicciones en que ha caído el gobierno Funes-fmln arededor de este tema. Ha corrido el presidente a corregir lo dicho por el nuevo ministro de Seguridad. No nos referimos a un clásico estado de excepción, dice; para luego afirmar que espera que jueces y fiscales sean capaces de crear una unidad especial e integrarla al Grupo de Intervención Antipandillas GIAP (unidad policial en formación); a lo cual, el fiscal general de la república muestra sus reticencias:   “Nosotros tenemos nuestras unidades, pero ya crear una nueva se nos dificulta, porque no se nos están dando los recursos necesarios.” Seguramente el fiscal general se refiere a mayor presupuesto. 

Es que igual que los gobiernos areneros, las soluciones que nos ofrecen estos funcionarios, invariablemente pasan por, más y más dinero. No hay siquiera intentos de poner en práctica la creatividad, la innovación en el terreno administrativo.

Por precarios que fuesen los resultados de la labor de los funcionarios efemelenistas en materia de seguridad; hay que decir que su mayor logro vino de la mano de Zaira Navas, a esta hora, ya, ex inspectora general de la PNC.

Puso tal empeño Zaira Navas en depurar de sus malos miembros a la PNC, sobre todo en eliminar la influencia del crimen organizado al interior de la corporación; que provocó escándalo en amplios sectores de la Asamblea Legislativa. Estos lograron dar vida a una comisión cuyo principal cometido fue detener y estancar el magnífico trabajo de la inspectora general. No pocas veces, hoy ex diputados de este parlamento unicameral, se vieron visto relacionados con tráfico de drogas y lavado de dinero.

Tampoco se ve signo por ninguna parte de que la nueva inspectoría general de la PNC vaya a continuar el trabajo iniciado por Zaira Navas.

La gestión efemelenista en materia de seguridad, con el relevo de los miembros de este gabinete, ha sufrido varios golpes. Acaso el recibido en la labor de Zaira Navas, haya sido el golpe principal.

Lo que solamente el futuro nos podrá revelar es, si fue éste un golpe con toda la intención del mundo, o fue tal vez tan solo un daño colateral.

Juan Aguilar


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