06
Feb
12

El maestro

Aquellas tertulias poéticas se anunciaban con bombo y platillo dado que circulaba entre los participantes el rumor que, las grandes editoriales enviaban agentes encubiertos a esas reuniones a fin de descubrir genios incógnitos de la literatura.

Esta última edición tertuliana comenzaba un poco más accidentada que de costumbre.

Movido por el orgullo, producto que una anónima editorial que ofrece sus servicios por Internet, acababa de publicarle otra novela más, –lo que escribe éste –dijo el cojutepecano señalando con el dedo pulgar al texacuango– no es poesía ni prosa; tampoco relato o cuento, mucho menos novela. ¡Yo no se qué putas escribe éste!

El aludido no perdió la compostura. Era un hombre humilde, taciturno; meditabundo. –Yo vengo a estas reuniones, compañero, no porque escriba genialidades, sino porque estoy convencido, que por el sólo hecho de pensar, se agrega a las diversas características del hombre, la naturaleza intelectual. Y todo lo que escriba el ser humano, aún en las paredes de los cagaderos, pertenece al género de la literatura. De hecho, Roque Dalton rescató para la poesía, axiomas escritos en esas condiciones.

No pasó a más el rifi rafe, porque mientras se esperaba formar quórum propagó otra temática totalmente diferente. Se hablaba con admiración del comportamiento de las gentes nórdicas ante la muerte. Cuando el nórdico se siente morir, se decía, procede tranquilamente a poner los puntos sobre las íes a su testamento, lo firma y lo entrega a su abogado. Luego va a la funeraria a escoger ataúd, lápida y a contratar el protocolo funerario de su gusto. Cancela al contado, se dirige después al cementerio. Con ayuda del administrador escoge ahí y cancela inmediatamente  el valor del nicho de la sepultura. Completados tales procedimientos regresa a su casa, o en su defecto a la casa de ancianos, a esperar. Llegado el supremo instante, pide lo dejen solo, a fin de partir sosegadamente. Nunca, o casi nunca hay lloro ni siquiera entre sus más allegados; sólo un respetuoso silencio.

–No como en El Salvador, que cuando se muere un cristiano, la lloradera es tal que hasta los perros aúllan! –volvió a la carga el cojutepecano.

–Esa lógica nos llevaría a concluír que Aquiles Montoya era un indio dotado de genes nórdicos –terció el nonualco, quien hasta entonces había permanecido callado.

La proposición cayó como rayo en cielo sereno. Dio la impresión que sólo el nonualco conocía quién era el mentado.

“Militó, dicen, en las FPL”

“Yo conocí un Aquiles, pero Novoa. Murió en la batalla del Pacayal por lo tanto no era de las efe, sino de la erre”.

“Si fue de las efe a lo mejor lo conocí, pero quizás por seudónimo”

El nonualco: –Esgrimía la didáctica como arma principal para atacar el capitalismo e impulsar la solidaridad entre la raza humana. Me ha confirmado esta mañana un correo electrónico. Acaba de morir, pero antes de ello, se tomó el tiempo justo para cumplir hasta con el mínimo de sus compromisos sociales; y para despedirse de sus más íntimos. Sin un asomo de pena, llegada la hora, se retiró a su dormitorio, se tendió serenamente en la cama para no levantarse más.

“Son hombres justos, vos, o tal vez inocentes, y como no llevan ningún cargo de conciencia, mueren así, en paz. Todo lo contrario a cómo va ir muriendo hasta el último de los que formaron parte del Batallón Atlacatl”

“Mirá, eso tiene que ver con el tema económico. El salvadoreño invariablemente muere endeudado y los abogados de los acreedores obligan a la familia del muerto a pagar la deuda. Este es el motivo de la gran lloradera. En cambio los nórdicos, o los salvadoreños como ese compa que decís, se van sin deberle un centavo a nadie”.

El nonualco: –Era un hombre sólido, no se andaba por las ramas. De hombres y mujeres omitía nacionalidad o raza. Para él sólo habían cuatro grupos de seres humanos en el mundo: los buenos, los malos, los pendejos y los mediocres… La manera más eficaz de deshacerse de éstos últimos, recomendaba: “mientras vierten ellos exabruptos y necedades, debe uno concentrarse mentalmente en la misma frase que utilizó el hijo de José y María para alejar de sí la tentación”. Ciertamente, en algún lugar del alma tenía grabado como indeleble tatuaje aquel verso del Desiderata: “Aléjate de los ruidosos y agresivos. Ellos son un fastidio para el espíritu”

Superado cierto profundo letargo volvió a intervenir el texacuango: –Al confirmarse la subida de Boris Yeltsin al poder sobre las ruinas dela Unión Soviética, encaminé mis pasos hacia el campus. El corazón me latía con fuerza, se confirmaba la más preocupante de mis sospechas. Necesitaba discutir, no con cualquiera, sino con un experto en el análisis concreto de la situación concreta.

Lo encontré en la biblioteca central, oscilando entre los anaqueles de economía y filosofía. Con la mayor reverencia que me fue posible, me acerqué a él y me dispuse a llamar su atención. Tuve que repetir, tres veces, lo más quedo que pude: maestro!, maestro! maestro!…

Todos sabíamos que cuando se ocupaba de algo importante, se ausentaba del mundo físico de una manera extraña. No logré que reparara en mí.

Pero sabíamos también que cuando él bajaba de su nirvana, podía describir, palabra por palabra, exactamente todo lo que se había hablado a su alrededor, así pues que me decidí a conversarle, como si el objeto de su atención fuese yo, y no una pila de tratados que acumulaba sobre una mesa cercana.

¿Se ha dado cuenta maestro? Ha caído el muro de Berlín, se ha derrumbadola Unión Soviética; Deng Xiao Ping ha proclamado una consigna válida para toda China y el mundo entero: “Enriquecerse es glorioso”…  Todo esto necesita una explicación y yo la he formulado:

“Marx pudo haber resumido su magna obra en unos cuantos opúsculos, para que hubiese podido penetrar hasta en las mentes más estrechas.

 Capitalizar es sinónimo de acumulación en cualquiera de sus formas, por lo tanto el socialismo no existe. Lo que ha existido a lo largo de la historia es un capitalismo de múltiples variantes: esclavista, feudal, conservador, liberal, capitalismo de Estado. Se trata de un proceso en el cual, en base a las luchas de los pueblos, el capitalismo se hace más humano. Es el capitalismo de rostro humano, que llamamos socialismo; el que dará paso al comunismo. Por lo tanto La lucha debe darse principalmente en un contexto socialdemócrata, sin, desde luego, menospreciar una tan sola forma de lucha!”

Guardé silencio. El maestro buscaba algo entre las páginas de Miseria de la filosofía.

Creí haber, por fin, captado su atención, puesto que, por una fracción de segundo apartó la vista del renglón que leía aunque inmediatamente volvió a posar la mirada, justo en donde el dedo índice de su mano izquierda se había detenido.

En esa fracción de tiempo cruzó su mirada con la mía. Percibí de ese modo una mirada límpida, diáfana, serenísima; rayana en la ausencia o en la meditación.

Juro que sus labios no se abrieron para nada. En ese preciso instante resonó, sin embargo, haciendo eco en las paredes de aquel recinto, con el inconfundible timbre del maestro,  esa maldita sentencia que aún hoy atormenta mis sentidos: “¡Aléjate de mí, Satanás!”

Lobo Pardo


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