29
Mar
12

Una troika para pactar con el diablo

En el mes de marzo de 2012, ha tomado forma una suerte de troika en El Salvador: gobierno, iglesia católica y las cúpulas de las dos más grandes pandillas delincuentes, responsables de hacer de El Salvador, el segundo país de más homicidios percápita en el mundo, 71 por cada 100 000 habitantes a lo largo de 2011; solamente debajo de Honduras: 81 por cada 100 000 habitantes durante el mismo período.

El gobierno Funes-fmln, niega formar parte. Medios informativos nacionales e internacionales lo desmienten; además es el gobierno el artífice de llevar a cabo las medidas fundamentales que obligan a dicha troika dar la cara y salir a la luz.

El 8 y 9 de marzo, el gobierno ejecutó la evacuación de los treinta jefes pandilleros más peligrosos del país, desde el penal de máxima seguridad (Zacatecoluca), hacia penales de régimen ordinario. El resultado de esta evacuación es que al día siguiente, la tasa de asesinatos en El Salvador, disminuyó aproximadamente en un 50%.

Días después, se celebra misa, con participación del representante papal, en los penales donde han sido trasladados los treinta cabecillas; sucede la mansa y masiva comunión de reos pandilleros peligrosísimos. Las cúpulas delincuentes conceden entrevistas a los medios, se declaran “arrepentidos del daño causado a la sociedad” y dan a conocer que la drástica baja en la tasa de homicidios se debe a una tregua pactada, con intermediación del capellán militar-policial, Fabio Colindres, en la permanente guerra que libran entre si, las dos pandillas rivales (Mara Salvatrucha y Mara 18) que cuentan con poco más de veinte mil miembros entre las dos.

La iglesia católica atribuye tal fenómeno a un milagro divino; a la intervención de la mano de Dios. Por su parte el gobierno lo atribuye a las medidas implementadas, posteriormente a sustituir titulares civiles (efemelenistas), por militares, en el Ministerio de Seguridad, Policía Nacional Civil e inteligencia estatal.

En los últimos días dichos cabecillas se han mostrado en su salsa, protagonizando las principales páginas de diversos medios, mostrando al público sus cuerpos tatuados hasta en el rostro, y exigiendo al gobierno ulteriores medidas que alivien el régimen carcelario a que son sometidos los pandilleros en general.

Los miembros de la troika han cambiado más de una vez su versión acerca de cuál es la verdadera relación que existe entre el traslado de los jefes pandilleros, la intermediación de la iglesia y la actuación del gabinete de seguridad (autor material del polémico traslado). En sus comparecencias ante los medios, el general Payés, ministro de seguridad, se ha mostrado en exceso nervioso, a pesar que llegó a ese ministerio con el eslogan de asegurar que en su gestión, la tasa de asesinatos en El Salvador, bajaría al menos en un 30%.

En resumen, los miembros de la troika formada se niegan a transparentar su actuación ante el pueblo salvadoreño, negándole de este modo el derecho a informarse con la verdad; le mienten y le repiten una y otra vez que todo se debe a un milagro de Dios.

Olvidaron el segundo mandamiento del catolicismo: No mentar el nombre de Dios en vano. Y olvidaron el octavo: No mentir.

Llama la atención aquí que las pandillas se han comprometido a suspender la matanza entre ambas, y en ningún momento se comprometen a suspender la matanza en contra de la población civil. Tampoco se comprometen a cesar las extorsiones  ni otros delitos a que ellos se dedican.

El súbito descenso de la tasa, como resultado de la susodicha tregua, nos conduce a calcular que entre el 30% y el 35%  de homicidios diarios en El Salvador, se  estaban debiendo a la guerra entre pandillas. Nos faltaría calcular qué porcentaje de este mismo delito se debe a los ataques de las pandillas en perjuicio de la población civil durante  asaltos, robos, sicariato y cobro de extorsiones. Hay otro porcentaje de homicidios y asesinatos no relacionados a pandillas.

Es inevitable colegir, de acuerdo a lo anterior, que son demasiadas las concesiones que el gobierno hace a los jefes pandilleros, a cambio que hagan la paz entre ellos y que continúe la violencia injustificada por parte  de estas agrupaciones, en contra del pueblo humilde y trabajador.

Ninguno de los miembros de la troika se ha visto preocupado por señalar las causas de la violencia pandillera, como son el fácil acceso a las armas de fuego y la total desregulación de este mercado en El Salvador; o el crónico desempleo que se vive en nuestro país y el nulo interés de la clase dirigente y del gobierno a generar fuentes de trabajo e inversión pública en favor de la educación, bienestar social y cultura.

La violencia pandillera en contra de la sociedad civil, tiene profundas causas estructurales; y para el desmantelamiento de estas causas, se requiere algún sacrificio por parte de la clase política, de la clase dominante y de la iglesia catolica. Pero estos sectores no están dispuestos a ningún sacrificio que afecte  en lo mínimo sus intereses económicos.

De la iglesia se requiere que adopte una cultura de auténtica pobreza, para que sus fastuosos recursos se inviertan en los necesitados.

De la clase política se necesita que abandone la arraigada y crónica corrupción que padece, para que los dineros del pueblo no sirvan para el ilícito enriquecimiento, sino para lo que por ley y moral les corresponde.

De la clase dominante se requiere que tribute lo necesario a las cajas del fisco y abandone su nefanda cultura de anteponer la máxima ganancia a su favor, en detrimento de la generación de empleos, salarios, prestaciones y derechos laborales.

Los pandilleros, en fin, no son causa, sino consecuencia de la violencia estructural del sistema, por lo tanto, no son ellos los que tienen la solución en sus manos; sino la clase dominante, la clase política y la iglesia; y sin embargo éstos sectores, que conforman la clase dirigente del país no moverán un dedo para desmantelar las causas de la problemática, porque, así como las pandillas necesitan delinquir para poder comer, así también la clase dirigente necesita las violentas estructuras del sistema para conservar sus privilegios. Esto le lleva a proponer una alternativa diferente.

Esta absurda alternativa consiste en celebrar un pacto con el diablo y darle a ese pacto carácter divino.

Ahmed Goliath


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