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Jun
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Moral, política, y el octavo mandamiento

AMÉRICA LATINA

¡Paradojas de la política!

Simultáneamente a que los gobiernos progresistas de América Latina rechazaban el “golpe de Estado” contra el presidente paraguayo, Fernando Lugo, éste aceptaba su destitución sin rechistar y abandonaba el poder entre frases lacónicas: “salgo por la puerta más ancha”, “casi todo quedó por hacer”. Se refería a los objetivos de su plan de gobierno.

La larga y férrea dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) hizo quizás aceptar en la conciencia de los estratos populares paraguayos, que los pobres no merecían nada por parte del Estado, puesto que la pobreza que padecían se debía a su propia incapacidad de progresar en un “sistema de libertades”.

Con razón los paraguayos se maravillaron cuando el gobierno de Fernando Lugo impulsó leyes que dieron acceso a los estratos más desfavorecidos de la población a medicinas en los hospitales y centros de salud; leyes que llevaron desayuno y almuerzo a los alumnos de las escuelas públicas. El gobierno de Fernando Lugo desactivó leyes y costumbres que proscribían las políticas de izquierda (comunistas) y la condición gay entre los paraguayos. Ha sido Lugo el primer presidente paraguayo de la historia que dio abierto apoyo político a los sindicatos obreros, campesinos, y a los derechos de las mujeres y los niños.

Ciertamente su apoyo a los campesinos sin tierra ha sido el pretexto para las abrumadoras fuerzas que en el senado de la república forzaron la destitución del mandatario. A estas fuerzas se sumaron miembros de su propia agrupación política, Partido Radical Liberal Auténtico, (PRLA), tal como el antes vicepresidente y hoy presidente, Federico Franco.

En efecto, el detonante que desencadenó la destitución de Fernando Lugo (objetivo largamente acariciado por los enemigos de las reformas políticas de corte progresista), ha sido el violento desalojo por parte de la policía, de un numeroso grupo de campesinos sin tierra afincados en terrenos (300 kilómetros al norte de Asunción); terrenos que reclaman para sí la familia Riquelme (uno de los grupos empresariales más poderosos de Paraguay). La violenta acción policial resultó en seis policías y once campesinos muertos.

Los campesinos sin tierra, el resto de sectores sociales favorecidos por las reformas políticas del gobierno paraguayo y los gobiernos progresistas de América Latina estaban listos para dar la batalla en defensa del presidente guaraní; y sin embargo Fernando Lugo se apresuró a aceptar su propia destitución, acallando de esta forma los tambores de guerra que comenzaban a sonar a su favor, dejando tras de sí, el mandatario destituido, la impresión de muy poca moral combativa, precisamente cuando era más justo y necesario que nunca combatir.

Hay quienes dicen que la actitud del ya ex presidente se debió a evitar un baño de sangre en las calles del Paraguay.

Otros opinan que la escasa conciencia combativa mostrada por Fernando Lugo se debe a un dilema moral muy propio de él; dilema explotado con diligencia por sus enemigos en el senado paraguayo y por los medios de difusión opositores. Y es que siendo, antes que presidente, obispo de la iglesia católica, y habiendo jurado voto de castidad; más pronto que tarde el antes ex obispo y hoy ex presidente, hizo caso omiso de éste juramento de tal manera que cada cierto tiempo, durante su gestión presidencial le resultaban uno tras otro, hijas e hijos ilegítimos no reconocidos por él, y que luego las abundantes pruebas daban como cierto.

El dilema de Lugo, aprovechado muy bien por sus oponentes políticos, no deviene exactamente de su promiscuo comportamiento sexual (hay curas, obispos de la iglesia católica, y políticos, con peores aberraciones sexuales); deviene más bien, el susodicho dilema, de traicionar un juramento hecho (voto de castidad), a fin de asegurar su carrera profesional de clérigo; traición que equivale a faltar al octavo mandamiento de los católicos: no mentir.

Ocultar o disimular la mentira es un arte en el marco de la política, inevitablemente maquiavélica; pero cuando la mentira es reiterada y evidente, provoca debilidad de carácter a quien la practica, de tal modo que podría llegar a anular por completo su moral política de combate.

¿Qué pasará con las importantes reformas políticas de Fernando Lugo a favor del pueblo pobre?

Seguramente serán revertidas por un senado en donde aún pesa la influencia Stroesnner de negar todo beneficio a los pobres por parte del Estado; y en en el que hasta los mismos partidarios del presidente se volvieron contra él.

Juan Aguilar


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