16
Sep
12

Una carta de Arena

EL SALVADOR

Por lo que se ve, el partido político liderado por Alfredo Cristiani ha decidido adentrarse por terrenos suficientemente hollados por Jorge Luis Borges.

Hay, sin embargo, notables diferencias. Borges no se ocupó de inventar, como lo ha hecho el partido dirigido por el Coena, una simple carta de lealtad, sino, un vasto y voluminoso libro de arena.

Quizás sea más exacto decir que entre la referida carta de lealtad y el libro borgiano, existen tantas similitudes como diferencias.

Entre tales similitudes podemos encontrar, la inconsistencia.
El libro del autor argentino es (puesto que la arena se nos escapa como el agua, entre los dedos), físicamente inconsistente. La dicha carta, por el contrario es concreta en el plano físico, pero inconsistente en el plano político, que es donde se pretende darle validez.

En el marco del creciente rumor de una segunda oleada de deserción masiva, ha sido elaborada, la carta de Arena, para asegurar la lealtad de sus diputados al partido. La primera muestra de lealtad que deben mostrar es aceptar los términos ahí expuestos y firmar.

Esos términos son confidenciales, no deben ser divulgados; mucho menos deben ser material para los medios de difusión.

¡Nos adentramos cada vez más a territorios puramente borgianos!

Del libro de Jorge Luis, puede leerse una frase, una página, una sola vez durante transcurra la eternidad, puesto que los granos de arena de que está conformado ese ejemplar, no podrían ordenarse del mismo modo, por siempre jamás.

La carta de lealtad de Arena, sin embargo, a pesar de lo ficcionario de su función política, dada su existencia concreta en el tiempo, es posible leerla una y otra vez, hasta el infinito.

Para asegurar la confidencialidad de su contenido, hay una sola copia de la misteriosa misiva, un sólo alto jefe la custodia, y permanece guardada en una caja fuerte, cuya ubicación y clave, sólo el custodio conoce.

Pero ¿puede una carta de tal naturaleza asegurar pertenencia y lealtad a partido alguno, en un país en donde los mismos parlamentarios cobran conciencia, que más lealtad y pertenencia deben los diputados al pueblo elector y a sus propias ideas?

He aquí pues otro importante elemento ficcionario en la carta de lealtad de Arena.

En el marco de un partido político, en tiempos de “paz y democracia”, una epístola de este tipo carece de poder vinculante para quien la firma. A menos que dicho partido goce de las condiciones que le permitan estructurar un tribunal interno, un código penal y un órgano punitivo que se encarguen de calificar, juzgar y castigar deslealtades. Algo inconcebible hoy en El Salvador, si es que no estamos refiriéndonos a un partido clandestino de carácter hitleriano o estalinista.

Como el libro borgiano, el partido de Alfredo Cristiani, ha comenzado a comportarse como la arena que se nos escapa entre los dedos. Un partido que tiende a la disolución. Razones hay muchas.
Una de ellas es que ese instituto político, no supo, o no pudo desmarcarse visiblemente, de la muerte de Arnulfo Romero, ni de la muerte de los hermanos jesuitas. Ambos hechos han pendido, siempre, como espada de Damocles sobre ese cogote de Arena.

Otra de esas razones es que no supo el partido fundado por Roberto Dabuisson, asimilar el hecho de haber llevado en su vientre una nueva oligarquía encabezada por Antonio Saca; entuerto que aún pretende resolver, no con métodos ”democráticos”, acordes a nuestro tiempo, sino con los métodos autoritarios y patriarcales que la vieja oligarquía vino imponiendo al país desde la época post colonial.

Otra razón de no menos peso que las anteriores es que el principal pilar que sostiene en pie a Arena, Alfredo Cristiani, es a la vez el lastre más pesado para ese navío que hace aguas. La causa es que aún, ese máximo jefe, es requerido por la justicia española, como testigo clave del caso jesuitas.

Pero quizás la mayor razón de peso que hay detrás de la crisis disolutiva de ese partido que a ratos parece pertenecer al mundo borgiano, es que existe la arraigada noción, que la oligarquía representada en él, jamás ha gobernado en favor de la nación salvadoreña; sino en función de enriquecerse a sí misma, ilimitadamente a costa del sudor y la sangre del empobrecido pueblo trabajador, y depredar sin medida el medio ambiente.

En fin, la mentada carta de Arena, no es otra cosa que un dramático capítulo del ocaso del poder político de la más vieja y rancia oligarquía, en el marco del nacimiento de nuevas oligarquías en El Salvador, como son la oligarquía encabezada por Antonio Saca, y la encabezada por José Luis Merino, Sigfrido Reyes, Medardo Gonzales y Salvador Sánchez Cerén.

Froilán Sánchez


1 Response to “Una carta de Arena”


  1. september 24, 2012 kl. 8:02 f m

    I’m not positive where you’re getting your info,
    but great topic. I must spend some time studying much more or figuring out more.
    Thanks for fantastic information I was looking for this info
    for my mission.


Kommentera

Fyll i dina uppgifter nedan eller klicka på en ikon för att logga in:

WordPress.com Logo

Du kommenterar med ditt WordPress.com-konto. Logga ut / Ändra )

Twitter-bild

Du kommenterar med ditt Twitter-konto. Logga ut / Ändra )

Facebook-foto

Du kommenterar med ditt Facebook-konto. Logga ut / Ändra )

Google+ photo

Du kommenterar med ditt Google+-konto. Logga ut / Ändra )

Ansluter till %s


september 2012
M T O T F L S
« Aug   Okt »
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

%d bloggare gillar detta: