25
Nov
12

La última Cleopatra

Un cuento para Alejandrita
Mi niña
Tan ingenua como graciosa
Tan coqueta y bonita…!

La simiente del hijo de Filipo, Alejandro,
prodigose en robusta inflorescencia
sobre el don egipsio, sus deltas y meandros.
Vasta sucesión de Ptolomeos, paradigma
en perversión o inocencia,
incestuoso fruto, endogamia.
Madeja que teje los gobiernos
desde el alto Nilo, a más alla de la Mesopotamia.
Berenices, Arsinoes, Cleopatras, la señal que lleva consigo; del hermano el poder, hace el más terrible enemigo.
Implacables en su instinto homicida.
Es su diestra el cetro gobernante, en
la siniestra, puñal artero y fraticida.

Unificada huella tras las cinco primeras Cleopatras.
Intrigas, traición y sangre sin menoscabo,
disputándose favores
entre Ptolomeo Cuarto y Ptolomeo Octavo.

Sobre el mismo rastro, Ptolomeo Décimo es asesinado
por otra Berenice, su esposa en ese entonces,
para casarse luego con su propio hijastro,
a quien corona la asesina como Ptolomeo once.

Surge la insurrección allí donde entre príncipes hermanos
el veneno se da y se toma,
Berenice y su esposo hijastro
depuestos son y ejecutados
Así ha de intervenir el largo brazo de Roma
Destruyendo y fundando nuevas patrias
eleva al trono a Ptolomeo Doce
Padre y maestro de la última de las Cleopatras.

Ptolomeo Trece, Ptolomeo Catorce, Arsinoe, Berenice, Cleopatra Sexta
son la camada de Ptolomeo Doce, el nuevo Dionisos, Auletes,
y la última de ellas Cleopatra Siete,

Fue Publio Cornelio Escipión el africano,
quien en folio sobre folio, anotó
detalle tras detalle con su propia mano,
el don de el Nilo y la ciudad de Alejandría
e hizo llegar al Capitolio, describiéndolos como país
de ilimitadas riquezas, virtudes y maravillas.

Julio Cesar y Cleopatra

Cleopatra Sexta y Berenice se rebelan contra el padre en Alejandría
Ptolomeo Doce se refugia en Roma
La historia se repite otra vez como si nada.
Cleopatra Sexta es coronada Faraona
pero luego muere envenenada.
Se sospecha que la hermana ha actuado en la hora nona.
Sube al trono Berenice la traidora,
pero regresa Ptolomeo Doce aupado de legiones romanas,
retona el poder y ejecuta a su propia hija, por usurpadora.

Muere de muerte natural Ptolomeo padre, el Auletes.
A los confines del Nilo, crece
la famosa hermosura de Cleopatra siete.
Sucede a su padre y para reinar,
casa con su hermano, el niño, Ptolomeo trece.

De nuevo la rebelión.
Separan de su hermano esposo a la reina y ella huye a Siria.
Arguyendo los rebeldes reinstaurar el honor,
pretenden casar a Ptolomeo Trece con Arsinoe,
de Cleopatra, hermana, la menor.

A Alejandría vuelven las legiones, vencen a los insurrectos,
se instala Julio César en el palacio de los faraones,
decreta la paz entre los hermanos.
Por su victoria llena de gozo,
perdona a Arsinoe y manda llamar a su presencia
a Cleopatra y a su hermano esposo.

Todos desconfían de todos.
En palacio dominan penumbras y sombras.
Se presenta primero Cleopatra llevada de un esclavo,
desnuda, oculta al interior de una alfombra.

No hay donde dudar, tal presentación
requiere inmediatamente el auxilio del lecho.
Más tarde se presenta Trece Ptolomeo
y no hace más que lamentarse y llorar
ante la evidencia y realidad del hecho.

Contra Cesar y Cleopatra, Arcinoe y Ptolomeo Trece,
encienden la Guerra Alejandrina.
Seis meses de muerte, de incendio, hambre y ruina.

Vienen en auxilio de César
Mitrídates el rey de Pérgamo
y las legiones de Siria.
La historia teje fino hilo.
Arsinoe es prisionera, Ptolomeo Trece
muere ahogado en las aguas del Nilo.

Celebran el triunfo en palacio flotante y viaje celestial.
Pontífices sacralizan. A ella como Isis rediviva diosa.
Sobre la corriente de la sacra corriente fluvial.
Madre dulce, tenaz, protectora y amorosa.
A él como el nuevo dios Amón,
y en esa luna de miel divina, César y Cleopatra
engendran un niño dios llamado Cesarión.

Parte César a pacificar el imperio que ha revuelto, mas
antes sagacidad le aconsejó, evitar la nueva rebelión.
Con el aún impuber Ptolomeo Catorce
desposar a su amante, reina, diosa, y madre de Cesarión,

En paz el imperio, de regreso al Capitolio,
organiza Julio César, de sus últimas azañas,
por las calles de Roma, la gran marcha triunfal;
Invitada de honor, Cleopatra, y cargada de cadenas,
reviatada al carro de César, Arsinoe,
la hermana traidora, en su hora fatal.

Julio César ansiaba ser de su patria, no solo
sumo pontífice y dictador vitalicio.
En Egipto, del dedo de su amante y diosa
degustó cada día de los dioses miel de ambrosía,
cuando él quería, como cualquier cosa.

Quiso ser coronado rey divino
Pero Roma de alma original republicana,
ni rey ni dios quería, a la conjura se avino
y a César cosen a puñaladas,
los conjurados, una aciaga mañana.

De Roma a Alejandría huye
la reina de Egipto. Lleva partido el corazón.
A perdido a su amante y dios,
que fue por breve tiempo el nuevo dios Amón.
Pero aún conserva el trono, su país, su hijo,
dios y niño, y heredero, Cesarión.

Marco Antonio y el fin

Sucede a Julio César, triunvirato, se sientan frente a frente
y se reparten:
Lépido al Africa, Octavio a Hispania
Marco Antonio a la Galia y al Oriente

Llega a Cilicia, Antonio, se establece en Tarso, se proclama
nuevo Dionisos y tendido sobre su poltrona,
a Alejandría manda embajador
a convocar a la cumbre, de el Egipto la faraona.

Se presenta Cleopatra, ante Dionisos,
no solo investida de madre de Egipto, Isis,
Veintiocho años envueltos en un aura bendita.
Tambien es diosa del amor.
Seductoramente irresistible, Afrodita.

Arden los ojos de los dioses que se van a encontrar.
Conjugan los astros, deliberan de día, parte de la noche.
El alba los encuentra tendidos en el lecho, exaustos de amar.

A su palacio regresa la Faraona.
Preñada va, ella así lo quería.
El sino del consul ya no es el ejercicio del poder.
Es en cambio, el desenfreno, la orgía.
La política, la estrategia, Marco Antonio abandona.
Ella va en la proa de la nave, majestuosa, pensativa
Va contando los ciclos, las fases una a una.
Gemelos será la camada: Alejandro Helios, el sol;
Cleopatra Selene, la luna.
La guerra del imperio, él ya no ansía
y solo piensa en seguir a su amada,
y la sigue hasta la remota Alejandria.

Por fin le arrancan de los brazos de la diosa
las razones del Estado, vuelve a Roma
mas muy pronto está de nuevo en Oriente, y de Antioquía,
invoca a la diosa, pues ya no puede vivir de otra manera
más que en perpetua hecatombe y orgía.

Acude Isis Afrodita a insuflarle vida a Marco Antonio.
Heredad pide para su hijo Cesarión.
Exije al Autocrátor legalidad de matrimonio.
Y le somete a su política de Estado y su razón.

Oriente se ha vuelto muy grande para Antonio.
Hispania es ya chica para Octavio.
Lépido se ha perdido en el Africa.
Octavio piensa en Oriente sin querer.
Afilando su espada, ha visto felonía
en la imagen de Antonio
y se alista al asalto del poder.

El detonante no se hace esperar.
Marco Antonio y Cleopatra en todo su esplendor
celebran marchas triunfales
no en Roma, sino en Asia Menor.
Sacrifican no a Júpiter, sino a Isis.
Se han proclamado Reyes del Oriente.
En el Coliseo la plebe ha demandado a Octavio,
matar en su guarida al veneno y a la serpiente!

Oh Estratégico Error! Los reyes de oriente
han encerrado su flota en el golfo de Ambrasia
que con su estrecha salida,
trampa es por antonomasia!
La flota de Octavio domina el estrecho. Es grande la calamidad!
No llegan a la flota de los reyes, alimentos ni pertrechos!
Marinos y combatientes desfallecen de necesidad!

Septiembre del año treintiuno.
Es de vida o muerte; la flota encerrada, de la trampa tiene que salir.
Y Octavio que domina el ancho mar,
Una a una, las naves de los reyes hace sucumbir.

Hacia Alejandría huye Cleopatra en su palacio flotante.
Lleva en su mente una idea:
reclutar otro ejército y volver al combate.
Viéndola partir, Antonio abandona a sus hombres
Se lanza a seguirlea y llega hasta Alejandría,
mas no se atreve a enfrentar los ojos de la reina.
Llega y se abandona en una mansión umbría.

Las legiones del Oriente
han jurado fidelidad a Octavio.
Ha sido definitivamente echada la suerte.
”No hay más alternativa” dice Cleopatra,
aconseja a Antonio, y prepara ella, su propia muerte.

Se revuelve en su guarida, atrapada una leona.
Irrumpen las tropas de Octavio.
La matanza incluye la prole de la faraona.
Antonio se arroja sobre su propia espada, obediente.
El fragor alcanza la región de Katra.
Ella se hace morder de una venenosa serpiente.
Concluye el capítulo de la última Cleopatra
en los principios de la guerra entre oriente y occidente

Lobo Pardo


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