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Dec
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El mundo del año dosmilcientocinco

En el año dosmilcientocinco ya todo estaba consumado. Predominaban en el mundo, insectos y alimañas venenosas.

La historia de los hombres se había reducido a breves tribus de muy frágil salud que venían de disputar ferozmente y con la máxima crueldad que es capaz de ingeniar el ser humano, las pocas altas cumbres de la tierra. En el Asia el monte Everest y otros puntos altos de la cordillera Himalaya. En Europa las crestas más altas de los Alpes. En Escandinavia el monte Kebnekaise. En Africa el cráter Kilimanjaro. En Indonesia el cráter Krakatoa. En América las crestas más altas de los montes Apalaches, de la cadena volcánica de Centroamérica, y de la gran Cordillera de los Andes.

La fragilidad de la salud de los hombres se debía a que cuando cesó el diluvio universal, se esparcieron por todas las aguas del mundo, los venenos acumulados durante la historia de la industria. La predominancia de los insectos y alimañas se debía a su organismo, capaz de mutar en muy poco tiempo, tal que transformaban rápidamente los venenos en sus alimentos.

Pocos años antes había de haber concluído la guerra entre; por un lado los que escaparon del gran diluvio producido por el cambio climático global, en embarcaciones de todo tipo, versión contemporánea del arca de Noé; y por el otro lado los aborígenes que por vía terrestre habían escalado paso a paso los puntos más elevados del planeta Tierra.

La guerra se saldó con cierto empate que devolvió al drásticamante disminuido ser humano, a la edad de piedra, perdida por completo la memoria de su historia pasada. Inmediatamente antes había vivido la etapa histórica del descifrado del genoma humano.

La manipulación genética permitió al hombre acceder a la capacidad de crear extraños seres vivientes; en un terreno que antes fue dominio exclusivo de Dios.
Y con ese poder en sus manos, se dió el hombre también a hacer travesuras más audaces de las que Dios se había atrevido. Creó el hombre la cópula artificial, transplantando genes de unas especies a otras a las que Dios había prohibido la mutua cohabitación sexual.

Se transplantaban genes de cacao y de café a cromosomas de ganado vacuno, para procrear, vacas cuyas ubres daban leche con café, o leche con chocolate, según el gusto de los clientes y la demanda del mercado. Se mezclaron genes de lobo con genes de tigre, de cerdo y de soldados de fortuna, procreándose así perros soldados asesinos.

Sin embargo la tecnología genética no se originó exactamente por la ansiedad del hombre de crear seres inéditos, sino por el miedo a morir, a la ansiedad por lograr la vida eterna mediante la manipulación de los genes.

Surgieron inconvenientes: la inclusión de genes humanos en los productos alimenticios tuvo en la humanidad el efecto generalizado de la enfermedad de Jakov Creutzfeldt (la enfermedad de las vacas locas).

Para contrarrestar esta tendencia, la asimismo multiplicada habilidad del desarrollo técnico científico elevó al máximo la tecnología del transplante múltiple de órganos vitales.
Se presentó un problema: el número de donantes de órganos, fallecidos, tendría que equiparar el número de demandantes de transplantes, para que el asunto cuadrara, sin embargo esos factores no fueron tan equivalentes como se deseaba.
Invariablemente la demanda era mucho mayor que la oferta. Esto dió lugar al mercado de órganos humanos. Los desempleados y trabajadores en precario, acudían al quirófano a vender sobre todo, riñones.

La demanda de riñones se disparó a consecuencia de otro desarrollo técnico-científico: la industria farmaceútica. Ésta descubrió y comercializó universalmente una nueva generación de medicamentos sumamente eficaces en la mayoría de los casos, con la particularidad que al momento de ser, estos medicamentos, evacuados del torrente sanguíneo destruían los riñones del paciente. En este mismo sentido actuaba la eficacia de otro adelanto de la ciencia: los pesticidas de uso agrícola: muy eficientes contra todo tipo de plagas, pero pulverizaban los riñones de los fumigadores que inhalaban sus emanaciones, y a consumidores de productos con altos residuos de esos tóxicos, que penetraban y se alojaban en las partes comestibles de frutas y verduras.

Como en todo mercado anida la avaricia, el desface entre la poca oferta y la gran demanda exacerbó la especulación en el mercado de órganos humanos, tal que se generaron bandas de cirujanos que secuestraban inocentes parroquianos para extraerles los órganos internos y venderlos.

Alertada la población de tal fenómeno delincuente, precavía y defendíase de tal manera que esas bandas se vieron obligadas a auxiliarse con otro recurso de tecnología punta: la telefonía movil.

Con esos artilugios fotografiaban previamente a sus víctimas para tenderles un cerco de vigilancia, y darles seguimiento con equipos de mercenarios que mediante la comunicación instantánea insitu, se coordinaban tan exactamente que al momento de dar el golpe, de la víctima no quedaba el menor rastro, y ni un solo testigo….’

Enfrascados como estaban, sobre todo los dirigentes de la economía y la política en evitar la muerte y lograr la vida eterna, fueron incapaces de darse cuenta que los polos se derretían y las nubes se acumulaban, acercándose así, inexorablemente el último de los diluvios, consecuencia del Cambio Climático Global, provocado por la industrialización desregulada y la ilimitada avariciosa y codiciosa ambición de los señores de la economía, de la industria, y de los gobernantes de la raza humana.

Lobo Pardo


2 Responses to “El mundo del año dosmilcientocinco”


  1. 1 Darío Sánchez
    januari 1, 2013 kl. 3:25 f m

    Mi Estimado Lobo Pardo: Vos sabes que la pluma destruye montañas de pensamientos inutiles e infértiles, pero la lucha por un mundo mejor la estamos dando a todos los niveles, antes con las armas en la mano, ahora con la pluma, el debate sano y constructivo, propuestas de desarrollo…en fín, debemos seguir la lucha desde cada una de nuestras trincheras, la esperanza por allí sigue caminando, por las veredas de Chalatenango, San Vicente, Morazán, San Salvador, La Libertad, en los barrios, en las universidades, la Utopía aun vive…siempre te leo aunque a veces no comento mucho por el tiempo…pero ya sabes: seguimos siendo compañeros de armas, de pluma y de pensamiento…aquí te hago llegar mi abrazo de AÑO NUEVO extensivo para todos los compas de Västerås: Juan y otros tantos que siguen en pie de lucha…

  2. januari 1, 2013 kl. 10:42 f m

    Gracias Darío’!
    Tus palabras nos alientan a seguir y seguir en la lucha diaria que libramos a la par de los humildes de nuestro país, para que un día haya verdadera paz, no remedo, justicia para nuestro pueblo, y para todos los pueblos del mundo; pues tal y como profetizó aquél cantautor suramericano: Hasta que enterremos la última sombra de oscurantismo e injusticia, tendremos derecho a descanzar…. Dijo además el mártir de Ñancaguazú: Mientras haya un tan solo oprimido y explotado, habrá lucha…. Así sea!

    Plana de redacción de La columna vertebral.


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