05
Jan
13

¿Porqué no te callas, Hugo?

Hubo un clamor de voces que dijeron: –no te calles
Hugo Chávez que los límites de la atmósfera
y las mismas ciencias físicas explican el mundo:
vivimos, un sistema cerrado;
que lo que los pobres perdemos aquí,
lo roban los ricos en otro lado.

Por eso mismo dicen las ciencias de la economía
que la terrible miseria que asesina a los muchos
echa raíz en la indecente riqueza de unos pocos, día a día.
Y si las ciencias sirven para hacernos avisados,
entenderemos que el imperio donde no se ponía
el sol, existía porque miles de miles de pueblos eran obligados a callar,
cargados de cadenas brutalmente esclavizados.

Y las voces dijeron: Hugo Chávez! No te calles nunca,
porque si tú callas, todo camino y sendero se trunca,
pierde terreno la libertad, resurge el hacha del verdugo.
Volverán las testas coronadas, las sotanas, las hogueras.

Hugo no calles que los pobres multiplicaremos tu voz;
la llevaremos a todos los campos de la tierra;
de los llanos orientales a los campos del arroz;
bajaremos hasta el mar, subiremos a la sierra.
Somos ya planetas escapados de su órbita,
acogidos a esta luz inagotable: la república!

Y de qué manera, presidente, habrías de callar?
si viene hacia tí, refulgente espada en ristre,
estudiada sonrisa y su bigote infeliz y triste,
cabalgando en caballo alado, el príncipe Aznar.

Cómo habrás de callar tú Chávez Frías Hugo?
si allende de la mar, y por la ruta de Colón
aún orgulloso; amenazante, ondea aquel pendón
sobre las altas torres del alcázar de Lugo.

No Hugo Chávez Frías! No te calles nunca;
porque si tú callas nuestro camino se trunca;
no habríamos de ser aún entre nosotros mismos,
pues de seguro,
nos cegarían las sombras del abismo.

Ni siquiera callaste aquella tarde tan dura
obligado al amargo trago de las rejas.
Reducida a intentona quedose la conjura
sin que asomasen, en tu ánimo, lamentos ni quejas.

Anantes, Hugo, no contestaste en esa cumbre
de reyes y presidentes, a quien te mandó callar,
como Leonel Rugamas (pleno combate), y encendido en su propia lumbre;
ante la entrada de una historia tan ancha como el mar,
–porqué no te rindes? –Somoza le gritó.
–Que se rinda tu madre! –Rugamas contestó.

Lobo Pardo



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