15
Feb
13

La persecución del enemigo

I
–Supóngase que hubiese una guerra contra este país, ¡yo sería el primero en alistarme para defenderlo!

De esta manera concluía el salvadoreño,Toño Sigüenza, una confusa perorata apologética a favor de los países anglosajones y escandinavos.

Kauko Visteensorii, anarquista finlandés, quien había peleado en la misma guerra bajo un manto de identidad belga, entendía el razonamiento y la conclusión a que llegaba Sigüenza. Fanático de la mayéutica, como era el escandinavo –¿y eso porqué?, –inquirió al salvadoreño.
–En éstos países sí que se respetan los derechos humanos fundamentales –replicó el centroamericano.
–¿De qué manera? A ver.
–¡Evidente! El Estado garantiza, en monetario, vivienda, electricidad, agua, vestimenta y alimentación normal, a los desempleados y discapacitados!

–Y sin embargo, la piedra angular de todos los derechos es el derecho al trabajo, y esto no se cumple aquí; por el contrario se agrava al mismo ritmo que en el resto del mundo! –remarcó en perfecto español Visteensorii.

Se formó una laguna en la mente de Sigüenza. Para disimular, bebió un largo trago de café (transitaba por la vigencia de una extensa pausa de toda clase de alcoholes a causa de problemas hepáticos).

–El llamado “Estado de bienestar”, no debería ser característica particular de los países anglosaxoescandinávicos –explicó el finlandés–, debería ser un fenómeno propio del sistema en todo el mundo. Aunque ésto tiene sus deventajas. El estado de bienestar es la herramienta ideal para eternizar la explotación del hombre por el hombre! Se debe al conformismo de las masas que en cuanto acceden al mínimo vital, tienden a dejar hacer y dejar pasar a la clase dirigente.

–Visteensorii se esforzaba en evitar el término “capitalismo” en sus disquiciciones. Prefería sustituir ese vocablo por “el sistema”. Está convencido que el socialismo no existe más que en utopía; según él, concretamente existe únicamente el capitalismo en diferentes formas. Lo demuestra la caída de la URSS; la doctrina Deng Xiaoping; la poderosa tendencia de los antiguos dirigentes revolucionarios a reconvertirse en oligarcas, o en servidores de las oligarquías. Lo demuestra la inevitabilidad que todo sistema social, independientemente del carácter que el ser humano le quiera dar, se ve obligado a acumular capital apropiándose de la plusvalía producida por los trabajadores–.

Dotar de el poder adquisitivo básico a las masas de desempleados, garantiza derechos elementales como vivienda, alimentación y vestimenta, lo cual a la vez fortalece y dinamiza el mercado interno. Esto es lo único que le interesa a los dirigentes del estado de bienestar; el objetivo es alargar hasta el infinito el status quo.

La realidad es mucho más compleja de lo que parece. En las antípodas, aparte de los cada vez menos países que practican el estado de bienestar, el resto del mundo es dominado por oligarquías de pensamiento esclavista. Estas tienden a anular de las masas empobrecidas el mínimo poder adquisitivo. Con esto, debilitan al máximo el mercado interno, lo cual es el mayor peligro para la existencia del sistema mismo. Y sin embargo la estupidez de estos oligarcas les imposibilita llegar a entender que con empobrecimiento de las masas labran la propia estaca en que van a ser empalados, tarde o temprano! No en favor del advenimiento de algún socialismo, sino de otra forma de capitalismo, a lo mejor más humana.

Dicho esto, no fue una laguna la que se formó en la mente de Antonio, sino, un verdadero océano.

Experto polemista, el finlandés entendió el lapsus de su interlocutor y aprovechó para remachar: –La aplicación o no, del estado de bienestar no debería ser cuestión de países ricos y países pobres; esto es cuestión de, la manera cómo la clase dirigente entiende el capitalismo. ¡Cuba es la comprobación que el estado de bienestar es posible en un país pobre de limitados recursos!

–Yo creo que por ahí va la cosa con el gobierno del cambio en El Salvador, que comenzó con Antonio Saca –apuntó el salvadoreño–. El gobierno ha comenzado a dar ayuda monetaria a los pobladores de las zonas más deprimidas.

–En tu país, el presidente no hace otra cosa que caricaturizar el estado de bienestar repartiendo una limosna de cincuenta miserables dólares a unos pocos de los más pobres entre los pobres cada mes. Esta cantidad es tan misérrima que no es suficiente para que el mercado interno dinamice. Tampoco contribuye a entender la importancia que tiene para la sobrevivencia del sistema, el hecho que los pobres adquieran un decente poder adquisitivo.

La música era estridente. Había que hablar alto para poder conversar. Un olor a cerveza escanciada inundaba el ambiente. Veintitantos años después de terminado el conflicto armado en El Salvador, las asociaciones Arnulfo Romero se habían transformado en organizadoras de fiestas bailables para poder subsistir. También el público que asistía a esas convocatorias era otro. Los interesados en “el análisis concreto de la situación concreta” se ausentaron tiempo atrás; ocuparon este vacío, bebedores de cerveza, fumadores de cannabis, y algunos grupos familiares ávidos, más que de política, de contacto con sus coetáneos. De vez en cuando, se dejaba escuchar algún reproche, por este cambio de calidad asociativa.

II
En la mesa contigua.
–No jodan! No me vengan ahora con moralejas! –alzó la voz Chindo Rivera, con suficiente volumen para que oyeran todos– ¿Y quiénes eran los que le aculeraban la caca a los batallones cazadores y a las PRAL (Patrullas de Reconocimiento de Alcance Largo)? ¿Quiénes fueron los que asaltaron la Cuarta Brigada? Quiénes los que volaron el Puente de Oro? Los que se tomaron El Pacayal? ¡Fuimos nosotros, los mariguaneros!, –se respondía a si mismo, y dejaba a la vista, lo más que podía sus heridas de guerra, que no eran pocas.

Más parlanchín que Rudecindo era Leocadio Sánchez. Ocupó éste uno de los asientos alrededor de la mesa, dio un largo trago a su cerveza. –Yo le salvé la vida a Chafick Handal. Una vez en Cabañas, y otra vez en Guazapa –espetó–, y después en agradecimiento, me querían fusilar.
–¿Cómo así?
–Puros chambres vos! Pero perame después te lo voacontar.
Sin mucho disimulo se levantó Rivera de la mesa. –Ya viene otra vez estijueputa –dijo, mientras buscaba otro lugar donde sentarse.
El recién llegado no se dio por aludido, y siguió.

–Veníamos de Cinquera hacia Guazapa. El Destacamento Dos nos venía pateando la cola. Al Chafo lo llevábamos montado en un burrito, porque no podía más. Tenía un esguince, decía él, pero yo que era de su seguridad personal, me daba cuenta que era de gordo que no podía caminar largos trechos. Alguno que otro cínico le apodaba “siete ranchos”. Yo personalmente, pocas veces vi que le sirvieran de comer más que al resto de la tropa, pero las malas lenguas dicen que a veces recibía paquetes especiales de fuera de la zona guerrillera, que desprendían un fuerte olor a comida sabrosa, lo cual tampoco me consta. Lo que sí puedo atestiguar, porque lo ví con mis propios ojos, es que especialmente para él llegaban paquetes con medicinas, porque era enfermo de no se qué…

Otoniel, que había escuchado la misma historia infinidad de veces, se separó también de los contertulios de Leocadio. Vino a sentarse a la par de Chindo y le preguntó provocadoramente: –Hey! ¿Y a vos porqué te cae mal Leocadio?
–Es que me encachimba vos, que ya estando aquí (en este país), todos fueron tropas especiales, todos fueron comandantillos, todos se tomaron el Cerrón Grande, todos fueron seguridad de la comandancia …!!! … Ya están como los chilenos vos! Todos los chilenos que ves ahí, en esa mesa “fueron guardaespaldas de Salvador Allende…!!!” … Mirá, yo que anduve en el “Aguiñada Carranza”, con el Pollo. El Zorro, Samudio, con el comandante Hugo…, nunca ví ni de lejos semejante hijueputa…!

–… Yo admiraba su coraje –continuó Leocadio, sin inmutarse–. Me infundía valor. Por la puta, decía yo, ¿cómo puede ser que un maistrito como éste que apenas puede con la barriga, arriesga la vida toreando a la fuerza armada del modo que lo hacemos nosotros? Los campesinos, desde chiquitillos nos acostumbrados a las grandes caminatas! Otras veces, sin embargo me fastidiaba el hecho que por andar cuidándolo a él, descuidábamos la seguridad de nuestras propias personas –dijo, y siguió– A mitad de la cuestona que está al nomás cruzar el Quezalapa, y bajo la gran balacera que nos venía haciendo el Dos; el burrito hijueputa tiró un pedo, dobló las patas y quedó que no se podía levantar del suelo. Los de la seguridad del Chafo, nos parapetamos lo mejor que pudimos para repeler el fuego enemigo.

La presión sobre nosotros era mucha. Esperábamos que mientras conteníamos al Dos, el Chafo desmontara, poniéndose a salvo, según lo previsto; pero no fue así, cuando volteé a ver, el burrito seguía aplastado por aquella enorme mole y su jinete con una cara de no saber qué hacer. Entonces corrí hacia ellos y con el cañón del fusil, caliente de tanto disparar, puyé el culo al hijueputa burro, de tal modo que de un salto se puso de pie y a la carrera terminó de subir la cuesta con su jinete a horcajadas. Después del hecho, el resto de la fuerza alcanzamos la cima; y ya desde esa ventajosa posición, pudimos contener la persecución del enemigo…

Lobo Pardo

Nota aclaratoria:
Luego de airadas protestas por parte de algunos mistificadores de la vida y obra de quien fue secretario general del PC y comandante general de las FAL (Fuerzas Armadas de Liberación), en relación al texto aquí expuesto, me permito reivindicar como verdadero, no el contenido de lo relatado por el supuesto excombatiente Leocadio Sánchez. Sí pertenecen al plano de la realidad y no a la fantasía del autor, las conversaciones que éste pudo captar en uno de los convivios que grupos salvadoreños organizan en los países de la península escandinava, a donde quien escribe, fue invitado en calidad de huesped con gastos pagados.


1 Response to “La persecución del enemigo”


  1. 1 Darío Sánchez
    februari 19, 2013 kl. 7:57 e m

    Mi Estimado Lobo Pardo! Excelente texto, recoge una parte importante de conversaciones animadas al calor de los tragos y de la compañía en las fiestas y convivios allá por Escandinavia. Un abrazo y espero estes bien!


Kommentera

Fyll i dina uppgifter nedan eller klicka på en ikon för att logga in:

WordPress.com Logo

Du kommenterar med ditt WordPress.com-konto. Logga ut / Ändra )

Twitter-bild

Du kommenterar med ditt Twitter-konto. Logga ut / Ändra )

Facebook-foto

Du kommenterar med ditt Facebook-konto. Logga ut / Ändra )

Google+ photo

Du kommenterar med ditt Google+-konto. Logga ut / Ändra )

Ansluter till %s


februari 2013
M T O T F L S
« Jan   Mar »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728  

%d bloggare gillar detta: