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Inolvidable recordatorio

Mejía, el incombustible, una vez más se tomó el trabajo de alertarnos sobre la cercana fecha en que se cercena brutalmente, cada año, el hálito vital, y en contrapartida, multiplica el hálito humano, poético y político, de Roque Dalton. Nos dispusimos entonces a esperar la llegada de el agrónomo Ricardo Quintanilla, quien vendría desde Apopa a amenizar con la charla ”Alternativa Agrícola de Postguerra”, el luctuoso aniversario que desde entonces reviste en El Salvador, el mes de las madres.

El título de la charla, a lo mejor se determinó un poco a la ligera, pues más que la post guerra, pretende el agrónomo cuscatleco, enfatizar las catastróficas consecuencias de dimensiones humanitarias que el Cambio Climático, ha dejado de prometer para convertir en un hecho incontrovertido que avanza como un cáncer letal en el organismo de la nación salvadoreña.

La espera fue en vano pues, hasta el momento de la redacción de esta nota, ignoramos el exacto punto de la ruta en que las intrincadas reglas que en los aeropuertos del mundo se aplican a los viajeros de facciones aindiadas, frustraron la puntual llegada hasta nosotros de ese soplo de vida y esperanza que es para los salvadoreños, Ricardo Quintanilla.

No obstante nos reunimos un nada despreciable grupo de gentes llegadas de los cuatro rumbos de la tierra a leer, a decir o comentar poesía, en recordatorio de aquel deleznable hecho paradigma de la hipocresía que signa hasta nuestros días la expresión “unidad revolucionaria”.

Triste destino el de esta consigna insistentemente enarbolada, y con la misma insistencia traicionada por los jefes (no por los revolucionarios de base), desde la época de Simón Bolívar.

Las palmas de la tarde, sin lugar a dudas se las agenció una pareja de bailadores de tango formada por cierto impreciso maestro coreógrafo llegado de Tucumán, y su alumna escandinava. O para ser más justos, dichas palmas fueron ofrecidas, por el público, a ella, la discípula.

Paradojas de la vida. El tucumano que mamó los compases porteños en la leche materna; ella, la alumna aventajada que primero, conjeturamos, debió (por su juventud), estar enamorada del Heavy Metal, el Hip Hop, similares y conexos, antes que del tango; danza que ejecuta con un involuntario derroche de recatada voluptuosidad, típicamente escandinava.

Se presentó el tucumano todo lo elegante que la tradición gardeliana exige. Traje crema a dos piezas de la época de oro, sombrero de alas cortas a tono con el atuendo, rosa roja en la solapa, roja camisa, zapatillas de petimetre, bufanda bohemia en lugar de corbata; y todo él envuelto en el aura de algo que recuerda algún perfume irreconocible.

La vestimenta de la alumna, diríase, hasta cierto punto sobria, luctuosa pero decididamente trascendental. Y trasciende más allá del tiempo y el espacio que un latino común y silvestre, por razones históricas, es perfectamente capaz de sospechar, ubicado como suele, en el propio ojo de la vorágine de sus arrebatadas fantasías oníricas.

Pelo limpiamente recogido hacia atrás en una impecable “cola de caballo”. Vestido negro tipo blusa minifalda, es decir, una sola pieza, sin mangas; breves tirantes propios de la época veraniega; en su parte superior sugiere (sólo sugiere), las místicas ondulaciones de dos volcanes a punto de estallar. El borde inferior de la pieza única deja al descubierto rodillas, pantorrillas y el extremo inferior de los cuádriceps de un par de muslos que bien pudieron ser cincelados por la mano bendita de Miguel Angelo.

El veraniego vestido de tela y cortes de aires griegos, nos ofrece gentilmente una cátedra de cierta anatomía colosalemente angelical. De esas cátedras que quedan grabadas de una vez y para siempre hasta en la mente del más necio e ignorante de los hombres; y también de las mujeres.

Mientras bailan La Cumparsita, hace todo lo humanamente posible, el maestro, a fin de colocarse a la altura, de su alumna.

En el rítmico abrazo parece superar en un par de palmos el sombrero puesto ahi para ocultar calvicie de coronilla, la discípula, de su profesor.

Según el propio decir del argentino, se resigna él al paso de un tango de estilo finlandés; que se diferencia del porteño castizo, en que, mientras en aquél se manifiesta notoria distancia entre el cuerpo de los bailadores, el porteño, por el contrario, se ejecuta apasionadamente, mejía con mejía y vientre contra vientre en el epicúreo caos de un revoltijo de piernas y entre piernas.

Debió deberse, según el rumor que circuló entre el público asistente, a cierta dejadez en cuanto a lo que a gimnasia ventral se refiere, consecuencia de lo cual, la necedad de una voluminosa tripa, impide el contacto de estampilla con la preciosa musculatura abdominal de la aventajada alumna del maestro tucumano.

¡Ay! De aquella garrapata sombreruda que en las “Mil y Una Noches” se aferraba como sanguijuela a la ilimitada humanidad de un querubín de dimensiones colosales!

Dos o tres tanguísimos lances protagonizados por el disparejo dueto, bastaron para que se llevara ella las palmas unánimes de la noche. Lo indiscutible del hecho quedó confirmado cuando saliendo de entre la masa anónima del público, una emocionada pareja de amantes se acercó a obsequiar a ella (y sólo a ella), como quien ofrenda a una diosa, una ramillete de rosas y una botella de vino. No fueron pocos los que quisieron fotografiarse a la par de la escandinava, quien al contrario de lo que suelen las mujeres hermosas, se mostró en todo momento, amable y asequible al manso acoso de sus admiradores de ambos sexos.

Fueron los fugaces lances encendidos por la luz de la inocente mirada de esa primorosa acólita de la bohemia de una danza que nació, mucho antes que ella misma, sobre las riberas del Río de la Plata, además, los encargados de que el público asistente, al final de la jornada, saliera comentando con indisimulado entusiasmo, más de tango y de las vivientes humanidades labradas en blanquísimo mármol por Miguel Angelo en pleno corazón del Renacimiento, que de la tenebrosa amenaza del Cambio Climático Global que cierne sobre la existencia humana; o de el “Pobrecito poeta que era yo”, perteneciente al mismo mundo de colosos al que pertenece la aventajada alumna del maestro tucumano.

A decir verdad, debido a la ausencia del esperado agrónomo Ricardo Quintanilla, el encuentro fue abreviado; hasta cierto punto, sucinto; pero la magia del tango de tal manera ejecutado por la discípula del tucumano, volvió inolvidable el encuentro bohemio del 2013 en recordatorio a Roque Dalton.

Lobo Pardo

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2 Responses to “Inolvidable recordatorio”


  1. maj 13, 2013 kl. 1:05 e m

    En nombre mio propio y en nombre de nuestra ya querida Gabriela ( Gaby para los más cercanos ); deseo agradecer ferbosamente éste y no más humilde delicadeza de El Lobo Pardo hacía una actividad que al parecer preocupaba a los organizadores, la no llegada del visitante de antaño los mares y como primicia para los diversos asitente que eperabamos ansioso la llega del invitado especial para una especial tarde en la ciudad de Västerås; vino como cuento de adas o mejor dicho juegos de los Dioses, que queriendo ellos, no defraudar a los organizadores que ya se sentían desbordado por la no llegada del invitado; digo, quisieron los Dioses, poner su gotita de miel, a tanto sufrimientos a aquellos publos que ellos mismo crearon, y vino al caso que la desmoralización dibujados en los rostros de los asistente y organizadores, colmar de alegría lo que ya se veia como un fracaso, en la tarde cayendo con lagrimones; poner en escena lo que como quien dice: no hay que por mal no venga; una pareja de tangueros dónde la edad no es cuestión para frenar las ansias de aportar solidariamente y de corazón a ese pueblo salvadoreño lleno de sueños dormidos en el canteril del olvido para todas aquellas empresas laboran en sus propias tierras y llevandose las enormes ganancias dejando cada vez más a un o muchos pueblos desolados; y, asi lo hicimos, con humildad con la vocación de ser solidario es que nos brindamos con fuerza y emosión no sólo para alegrar un público que nos siguio sino y más que nada, estar con nuestra danza al lado del pueblo salvadoreño; en nombre mio propio y de Gabrila decimos hemos cumplido con nuestro objetivo y por eso agradecemos al Lobo Pardo por su nota que ya es parte de una historia que sólo con esfuerzo y pujanza llegaremos lejos; esta tarde quizas sea el preludio de romper ese hielo existente entre muchas culturas que viven bajo un mismo cielo. Pascual Nuñez; aprendiz de tango que con la magia de movimientos exquisitos sacudimos a la tristeza que se quería albergar en los asistente y sus organizadores; gracias.

    Pascual


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