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Plutocracia versus Democracia. La gran batalla

Flota en el ambiente la reciente reflexión de Noan Chomsky en cuanto a que Estados Unidos no es una democracia, sino una plutocracia (gobierno de los ricos), puesto que la real posibilidad del ciudadano estadounidense de tener alguna influencia en las decisiones gubernamentales, depende de cuan cercano, socialmente hablando, se sitúa, respecto de las élites económicas, que son las que tocan el son al que bailan Estado y gobierno de ese país.

Permítasenos entonces afirmar que en los países que se rigen por el modelo noramericano, como El Salvador, tampoco interesa a la clase política, ni brega ésta por la democracia, sino por perpetuar la plutocracia como forma de Estado y gobierno.
De este modo podríamos obtener una medianamente satisfactoria respuesta a el porqué las nuevas generaciones de políticos en El Salvador, desde la mal llamada izquierda hasta los neófitos de la derecha más recalcitrante pretenden utilizar la política para enriquecerse.

Se trata de otra dimensión de la oligarquica teoría del rebalse: “… permite que yo me enriquezca, que cuando sea yo rico, bregaré por una política que te favorezca…”
Es otra forma de enunciar la tesis villalobiana que “sin dinero no se puede hacer política”. En otras palabras, según Villalobos, la política pertenece al mundo de los ricos; es decir, un pobre no debería siquiera intentarlo. ¡Nada más reaccinario y contrarevolucionario!

La diferencia entre el ex comandante Atilio y la cúpula efemelenista se reduce entonces a que, mientras Joaquín Villalobos se quedó a teorizar acerca de lo que traían entre manos los máximos comandantes durante todo el proceso de la lucha revolucionaria, al final de ésta, la cúpula lo llevó a la práctica concreta. Son éstos, pues, en consecuencia, los que ahora entran con pie derecho, con auténticas credenciales y pleno derecho, aunque con dudosa moralidad, al terreno de la política en El Salvador.

Este entuerto, sin embargo conlleva una enorme contradicción, que es a la vez presagio de inevitable confrontación social al interior del “Pulgarcito” de Gabriela Mistral.

Y es que en tanto en Estados Unidos, a excepción de Noan Chomsky, nadie reclama democracia en lugar de plutocracia; en El Salvador sí, importantes sectores de la sociedad civil, hartos de gobiernos de ricos, reclaman una auténtica juego democrático para el país.
Se crea de este modo el marco de confrontación entre los nuevos ricos de la política que pugnan por la continuidad de la plutocracia, y la Sala de lo Constitucional de la Corte suprema de Justicia que ha tomado partido por el imperio de la democracia en El Salvador.

Esos nuevos ricos optan por, en lugar de adecentar y democratizar la vida política del país, agregarse al tradicional estilo plutocrático de asaltar las instituciones estatales a fin de convertirlas en feudos privados a su servicio, y convertir a los funcionarios en simples títeres bajo su comando. Tal es el drama desatado en el intento de someter bajo su férula a la Corte Suprema de Justicia.

Cierto, el máximo tribunal de justicia en nuestro país, como el resto de instituciones del Estado, tradicionalmente ha jugado el papel de posesión al exlusivo servicio de los oligarcas en el poder. Y sin embargo, harta la sociedad civil de tal nefanda tradición, esperaba hoy día algo distinto por parte de los nuevos ricos de la política.
En el último capítulo de éste culebrón, la última jugada de los neoplutócratas, hay que reconocerlo, ha sido genial. Han ganado a su favor la voluntad de la Cámara de lo Contencioso Administrativo de la CSJ, a fin de que emita resoluciones que anulen las emitidas a favor de la democratización del país, por la Sala de lo Constitucional.

Estamos ante un fenómeno de escasos precedentes en el ámbito judicial latinoamericano.
Semejante confrontación de dos cámaras de la misma categoría en el ámbito del máximo tribunal de la república, no tiene otra consecuencia que la parálisis del sistema judicial a su más alto nivel.

¿Consecuencias?
Un río revuelto en que los mayores gananciosos son los delincuentes de toda laya, desde los de cuello blanco que roban de las arcas del Estado, hasta los que arman tremendas balaceras al interior de los buses y matan salvadoreños por negarles una cora.
Así las cosas, no es casual que en el marco de la actual coyuntura, la violencia pandillera en contra de la sociedad civil haya recrudecido hasta alcanzar los niveles de antes de la famosa “tregua”.

Insisto: necesitamos, la sociedad civil, al margen de la clase política, abrir la discusión acerca de un auténtico plan de nación y comenzar así, la andadura hacia el país que queremos los que somos salvadoreños pobres pero honrados!…

… Pone de este modo la historia en nuestras manos, la tarea de impregnar de contenido a aquella grande y premonitoria frase del Ché Guevara….:

“…. Esta gran humanidad ha dicho ¡basta! y ha echado a andar…. Y su marcha de gigante ya no se detendrá…!

Matla Xochitl


1 Response to “Plutocracia versus Democracia. La gran batalla”


  1. augusti 18, 2013 kl. 8:48 f m

    Querida Matla: Recibí este mensaje en mi cuenta mail. Ígnoro la razón por la que no llegó como comentario:
    Tu artículo ya ha sido publicado en nuestra página de la http://www.redsal.se
    Saludos
    Jricardo.

    Saludos!
    Juan


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