03
Nov
13

Perder la memoria

¿… Estaremos condenados los salvadoreños a recapitular la guerra interna …?

A ningún salvadoreño con tres dedos de frente debería asombrar el diestro manejo de la técnica “Golpe de Mano” de que hace gala José Luis Escobar Alas, si es que tal salvadoreño se da por enterado de la implicancia político militar del catolicismo desde la cristianización del imperio romano hasta nuestros días.

Hay incluso, dentro de la pléyade de apócrifos analistas que medran surgidos a la sombra de Internet, quienes aseguran que la más recientes guerras civiles en Centroamérica, no las ganó la vieja, ni las nuevas oligarquías emergentes, sino, la iglesia católica. Y que por tal virtud están colocados en el umbral del Poder Ejecutivo de El Salvador, Sánchez Cerén y Óscar Ortiz, quienes ante la prensa no se definen marxistas, sino católicos.
Cabe aclarar acá que el autor de este comentario no está en contra de que Cerén y Ortíz encabecen un nuevo gobierno, puesto que en determinadas circunstancias lógico es optar por el mal menor.

Según el diccionario militar, Golpe de Mano implica súbito ataque violentamente demoledor a fin de causar en el enemigo, absoluto desconcierto, neutralizarlo, capturarlo, o procurar de él su total aniquilamiento. Para ello el factor esencial debe ser la nocturnidad; la sorpresa. Es decir, el Golpe de Mano habrá de desencadenarse en el momento y lugar menos esperados por el oponente.

Es ésta evidentemente, la técnica puesta en práctica por Escobar Alas al momento de erradicar la histórica obra de Fernando Llort de la fachada de catedral, y al momento de demoler el entramado laboral de Tutela Legal y el secuestro de sus archivos.

En ambas acciones, sorpresa y nocturnidad han funcionado con eficacia suma, a tal grado que dice el obispo estar dispuesto a defender con su vida el resultado de la acción llevada a cabo.
El golpe contra Tutela Legal pareciera ser parte de planificada intrígulis complementada con otros dos acontecimientos en el terreno militar. Las coincidencias existen, como existe la ley de las probabilidades, y sin embargo todo ello, sugiere la intención de descalabrar el espíritu de los Acuerdos de Paz.

Lo primero es en cuanto la desobediencia por parte del estamento militar al mandato presidencial relativo a cesar homenajes a criminales de guerra.

En el mes de octubre de cada año, el alto mando por medio de tropas de la Tercera Brigada de Infantería, el Destacamento Militar de La Unión, y unidades aerotransportadas, toma por asalto sorpresiva y sin previo aviso, el municipio de Joateca, en el marco de lo cual y con lujo de despliegue y disparos al aire, se rinde homenaje a Domingo Monterrosa y José Azmitia, durante el conflicto, altos mandos implicados en masacrar más de mil habitantes del cantón Mozote y alrededores. Víctimas: no combatientes, de ambos sexos y todas las edades, reducidos a condición de prisioneros.

Monterrosa y Azmitia fueron muertos después de tales hechos, por las fuerzas insurgentes.

El anual y belicoso homenaje que riden altos militares a esos jefes, no tiene otro propósito que advertir por la vía del amedrentamiento a los pobladores de Joateca, en cuanto a la verdadera doctrina de la Fuerza Armada de El Salvador, respecto de la población civil, en el marco de un conflicto interno. Una advertencia rayana en los límites del terror psicológico. Los pobladores de Joateca y zonas aledañas, esperan con zozobra y malos recuerdos la anual llegada de octubre y de los militares salvadoreños.

Este año no fue la excepción en tal conmemoración castrense, a pesar que Mauricio Funes, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, ordenase, un año atrás públicamente al alto mando, cesar homenajes a quienes fueron señalados por la Comisión de la Verdad como criminales de guerra. Clara alusión a Monterrosa, Azmitia y Roberto Dabuisson, entre muchos otros.

El segundo de esos acontecimientos que cualquiera podría imaginar conjura contra los Acuerdos de Paz, es, que a pesar de la manifiesta desobediencia y desprecio mostrados por el alto mando a la orden de su Comandante en Jefe, este comandante premia a ese alto mando con una flotilla de obsoletas naves aéreas construídas hace medio siglo, tan descontinuadas que carecen de garantizada provisión de piezas de repuesto.

Una de las principales obsolescencias de esas naves que no son otra cosa que chatarra volante, es que luego de despegar con su respectiva carga de bombas, si regresan a su base sin haberlas utilizado en combate, se ven obligadas a arrojar al mar esa carga, o a cualquier otro sitio, debido a que, por razones de seguridad no deben tomar tierra con tales artefactos explosivos.

Esa flotilla de obsoletos Dragonfly, comprados al gobierno chileno de Sebastián Piñera, trato que más parece estafa y que costará con todo y gestiones comerciales alrededor de 10 millones de dólares (a este pueblo que gime de hambre, de sed y por la destrucción y envenenamiento de su ecosistema), no servirá contra algún enemigo externo. Para lo único que podría servir es para atacar a los propios salvadoreños, tal y como sucedió en el recién pasado conflicto interno.

En ese conflicto el mismo tipo de naves de guerra fueron incapaces de neutralizar o aniquilar a la guerrilla insurgente, pero sí fueron muy eficaces para sembrar muerte, destrucción y terror entre la población civil.

Entra de esta triste manera el binomio Funes – fmln, a pesar de ser considerado el gobierno más amable hacia la sociedad civil en la historia de este país, a la larga lista de administraciones que alimentaron los cuervos que sacan los ojos al pueblo humilde.
Algunos meses antes de este deleznable negocio (insistimos, estafa!) el alto mando efemelenista, invalidando sus propios reparos, concedió una suerte de público finiquito a la FAES a fin de justificar su razón de ser. Rehabilitando de este modo, política, ideológica y moralmente al ente armado, que hasta hoy día se niega a reconocer su culpa en cuanto a las múltiples e liegales masacres y muertes selectivas en que se implicó a lo largo de la guerra interna de El Salvador.

El conflicto sirio está arrojando grandes lecciones al mundo, y la más importante de ellas es que las guerras contemporáneas no está en manos de los ejércitos nacionales definirlas, debido a que tales guerras las definen, sí o sí, las grandes potencias productoras y comercializadoras de armas.

Tampoco está en manos de los estados nacionales definir graves diferendos de cualquier naturaleza entre ellos. Tales diferendos los definen tribunales internacionales como La Haya, el Tribunal Penal Internacional o la OMC (Organización Mundial del Comercio).
Tal cosa demuestra la inutilidad que El Salvador dedique gran parte del presupuesto de la nación a mantener fuerzas armadas. El resultado de ello es mayor pobreza y sufrimiento para el pueblo humilde!

La Fuerza Armada en El Salvador debería reconvertirse en un territorial cuerpo de prevención y protección civil ante desastres.
Hoy día están dadas las condiciones ideales para impulsar en nuestro país el definitivo debate acerca de liberarnos de una vez y para siempre del pesado lastre económico, de la Espada de Damocles, en fin, del parasitismo que significan las Fuerzas Armadas de El Salvador. Tal debate, por naturaleza, debería estar en manos de los dirigentes revolucionarios, impulsarlo.

Y sin embargo, tales “dirigentes revolucionarios”, los mismos que llamaron al pueblo más pobre a la guerra; los mismos cuya más terrible pesadilla, hoy día, es enfrentarse cara a cara con lisiados y veteranos de guerra, se encuentran demasiado ocupados en materializar la doctrina del chino Deng Shiaoping: “Enriquecerse es Glorioso”, como para dirigir y encabezar semejante debate…!!!

Puesto que los archivos de Tutela Legal, encierran lo más genuino de la memoria histórica relativa a la agresión de que fue víctima el pueblo humilde durante el conflicto armado, cualquiera diría que la acción del santo varón, José Luis Escobar Alas, está encaminada a la piadosa intención que los salvadoreños olvidemos nuestro horroroso pasado.

Dijo Cicerón, ante el senado en uno de sus célebres discursos…: “Los pueblos que olvidan su propia historia, están condenados a volverla a vivir…”

¿… Estaremos condenados los salvadoreños a recapitular la guerra interna …?

Pablo Perz


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