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El extraño caso de Alejandro Muyshondt

Entre la primera y segunda semana de noviembre, el integrante de una de las familias más poderosas de El Salvador, Alejandro Muyshondt, primo hermano de otro prominente Muyshondt (Ernesto), nada más ni nada menos que segundo responsable de la salud mental de Arena, se armó con un fusil de asalto AK-47, una pistola, un cuchillo de combate, suficiente munición para sostener un largo enfrentamiento, cubrió su pecho con chaleco antibalas, y la cabeza con una especie de casco de combate equipado con cámara digital. De este modo recorrió el centro histórico de San Salvador, en busca de tres delincuentes que horas antes habían robado a mano armada el teléfono celular a un automovilista.

Extrañamente, a pesar de ser las calles que recorrió Muyshondt de tal modo, una de las áreas del país más intensamente patrulladas por la Policía Nacional Civil, este cuerpo desapareció como por arte de magia durante duró la individual razia lanzada por tal personaje. Más extraño aún se torna, que ninguna autoridad estatal competente, pasada casi una semana de ese extraño episodio, haya asumido la tarea de poner en claro la legalidad o no de tal proceder. Tampoco ningún tribunal se ha tomado la molestia de investigar, de oficio, a pesar de conocerse al cien por ciento la identidad del protagonista de ese insólito episodio, qué es lo que verdaderamente está detrás ese peligroso proceder. ¿Se tratará de un caso psicopatológico, materia de salud mental y tratamiento psiquiátrico?

¿Estaríamos ante un caso de consumo de drogas?

Es harto sabido que por esos desgraciados avatares del destino la sociedad salvadoreña, a pesar de las diferencias que puedan haber a nivel económico y productivo, en su comportamiento tiende a ser un retrato del comportamiento de la sociedad norteamericana.

En Estados Unidos ya no es inaudito ese tipo de locura en que un individuo armado como iba Muyshondt ese día, se atrinchere en el lugar menos pensado y abra fuego contra la multitud de transeuntes.
Según comentarios del propio protagonista de este inédito drama, se conducía él hacia el objetivo de capturar delincuentes y ponerlos en manos de las autoridades.

¿Existe alguna ley que avale lo actuado por alejandro Muyshondt? ¿O existe por el contrario algotra ley que lo sancione?
De no ser investigado y sancionado con un “inocente”, o “culpable”, el comportamiento de Muyshondt, estará constituyendo el precedente para que en adelante, las armas de las oligarquías salgan a la calle cuando lo consideren necesario a imponer su ley por sobre las autoridades del Estado.

Recordemos que Arena no es ya el único poder oligárquico en este país.

En el marco de el caos social propiciado por el amplio espectro de partidos políticos con motivo de la coyuntura electoral, lo actuado por Muyshondt da lugar a interpretarse de mil maneras, desde un caso de peligrosa psicopatía individual, hasta la continuación de las ridículas bravuconadas de dinosaurios que amenazan retomar el camino de la agresión armada en contra de sus oponentes políticos.

Pero lo más preocupante de todo esto es la pasividad con que los tribunales de justicia, el Fiscal General de la República y hasta el mismísimo presidente Funes han respondido al incidente.

¿Estamos de pronto a pesar de lo negado y renegado una y otra vez por los detentores del establecimiento, ante la dura realidad del Estado fallido en que la autoridad del Estado es sustituida por el gorila más fuerte y con más dinero?

El Salvador es uno de los satéiltes más apegados a la geoestrategia de Washington, hoy con la aquiesencia del gobierno Funes – fmln. Y tal geostrategia cuyo botón de muestra es el Medio Oriente, demuestra ser la disolución de los estados nacionales (el Estado fallido), a favor de la guerra sin fin entre las oligarquías rivales.

Atrapado y sin salida, estaría como siempre obligado a poner los muertos, lisiados y traumados hasta la locura en tal confrontación: el salvadoreño de a pié.

No hace muchas semanas atrás que el diputado arenero Mario Valiente llamó a sus correligionarios a retomar el camino de la agresión armada a fin de imponer sus argumentos mediante la fuerza bruta.

¿Será el armamento lucido por alejandro Muyshondt apenas una pequeña muestra del arsenal de que hacen acopio los políticos partidarios de encender una nueva guerra de las que el único perdedor es el pueblo humilde honrado y trabajador?

¿O será la pantomima de Alejandor Muyshondt, solamente un “reality spot propagandístico” a cargo del gremio de los comerciantes de armas y servicios privados de seguridad, tan amigos del gobierno Funes-fmln, a fin de incrementar sus ventas y su poder político?
¿Caerá entonces en el olvido estatal el extraño caso de Alejandro Muyshondt?

Froilán Sánchez


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