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Dec
13

Génesis

En el principio irrefrenable era, y nebuloso el caos de los elementos.

Amainado el caos, de su seno surge Gea (la tierra). De sí misma Gea engendra, en su parte baja el Tártaro (mundo subterráneo; el infierno). En la superficie da a luz a la primera manifestación de Eros, no el hijo de Afrodita, sino el influjo benigno favorecedor de condiciones para que surjan los habitantes del mar, de la superficie terrestre y de los aires. En lo alto subsiste Urano (el firmamento, el espacio infinito). Antes de la misma manera Gea procreó a Ponto (el mar), las aguas lacustres y fluviales; y engendró las montañas.

De Gea y sus engendros
Cohabitaron Gea y Urano. De esa unión surgieron los titanes colosales; los cíclopes, de un solo ojo en mitad de la frente; los hecatonquiros, de cien manos.

Los titanes fueron seis varones: Océano, Ceos, Creos, Hiperión, Japeto y Cronos; y seis hembras: Thía, Rhea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis.

Los cíclopes tres: Brontes (el trueno); Arges (el fulgor); Estéropes (el rayo).

Los hecatonquiros otros tres: Briareo (el maremoto); Cottos (el terremoto) y Giges (el huracán).

Cohabitaron Gea y Ponto; de esa unión surgen: Nereo, el mar apacible y padre de las nereidas; y Taumas, el mar grandioso.

Taumas con la oceánide Electra procrearon a Iris, mensajera de la paz de Zeus. Taumas y Electra fueron también progenitores de las Arpías (tormentas marinas, vientos tempestuosos, espíritus maléficos).

De la unión de Gea y Ponto fueron también engendrados Forcis, Ceto y Euribia, grandes espíritus del mar.

Cohabitaron Ceto (hermano) y Forcis (hermana) de Taumas y de esta unión surgen las terribles Gorgonas y Greas. De ese mismo cohabitar nació el insomne dragón que custodia las manzanas del jardín de Las Hespérides.

Océano y Tetis engendraron a las oceánides o ninfas del mar; Hiperión y Thía a las divinidades luminosas: Eos (la aurora); Selene (la luna) y Helios (el sol).

De la unión de Febe y Ceos, surgen, Leto (Noche Oscura) y Asteria (Noche Estrellada).

Del cohábito de Rhea y Cronos son engendrados, Hera, Deméter, Hestia (divinidades femeninas); Hades, Poseidón y Zeus (divinidades masculinas).


Conflictos originarios

A Urano, el primer padre que existió en el universo, no le regocijó el devenir de su propia prole surgida de su unión con Rhea (titanes, cíclopes, hecatonquiros…), por el contrario, sus propios engendros le provocaban angustia. Le parecían de apariencia terrible, les percibía indómitos y temía le despojaran de la supremacía universal. Decidió por tanto, encerrarlos en las más oscuras profundidades del Tártaro.

Indignada, Gea, incita a sus hijos a la rebelión; pero sólo uno de ellos se atreve: el titán Cronos, quien ataca a su padre Urano, lo vence, lo castiga mutilándole el sexo y le encadena para siempre a las profundidades insondables de su propio reino (el espacio infinito). Encadenado, maldice Urano a Cronos condenándolo a correr la misma suerte que él, en el futuro: destronado y emasculado por sus propios engendros.

Cada una de las gotas de sangre derramadas por Urano emasculado, hizo nacer un Gigante. Estos fueron, por impredecibles, innombrables e innumerables, pero el poderoso Cronos los hizo prisioneros encadenándolos a las profundidades del Tártaro.

Rhea y Cronos
Hay días aciagos que en plena luz del día, ven los hombres relámpagos más allá y más acá de la esfera celeste, o no les dejan dormir noches de estrépito, siniestras borrascas y bramidos de espanto; es el carro de Rhea. De día va tirado de una cuádriga de Leones; de noche por otra de panteras negras. Tumulto de Coribantes y Curetas le acompañan escandalosamente. Estremecen al cielo infinito, al mar, al Tártaro. ¡Al mismo Hades!. De provocar viene la furia de otro Titán: Cronos. Y después Rhea misma busca aplacar su propia furia, agitando impetuosamente las riendas de su carro tremebundo. Ruge la cuádriga salvaje hacia lo más negro de lo más profundo. Silueta catastrófica recortada de tinieblas. Cruje el rodaje, tensan su límite el barzón y la traila; indóciles aullidos que penetran cualquier abismo; ojos de fuego que desgarran cualquier sombra … Plena correría. Rhea va bramando día y noche, por la tierra, sobre el mar, más allá de la última estrella. Todo es inútl; sólo logrará aproximarse a cierta leve esperanza el día o la noche que alcance al culmen de su infinito orgasmo.

Para evadir la maldición de su padre Urano, Cronos devora a sus propios hijos al momento de nacer. Al último de ellos, Zeus, se propone su madre, Rhea, liberarlo de tan terrible destino. Entrega una piedra envuelta en los pañales del recién nacido a Cronos, que es devorada por éste creyendo que se trata de su hijo último. En secreto, Rhea ha entregado al pequeño Zeus, a las Ninfas que habitan el monte Dycte, en donde, éstas, esconden y amamantan al niño dios en una cueva.

El llanto del crío se extendía por todo el universo. Para evitar que ese llanto fuese escuchado por su padre Cronos, las sacerdotisas de Rhea, simulan entrenarse para la guerra, ahogando el lloro del pequeñuelo con un tremendo vocerío y estrépito de armas y escudos.

Llegado a la juventud, Zeus cumple la maldición profética de Urano, vence, destrona a su padre Cronos y le obliga a regurgitar a sus hermanos (Hera, Hestia, Demeter, Hades y Poseidón); devorados antes por su propio padre.

Reunidos por fin los hijos de Hera, pretenden poner orden entre titanes, cíclopes, hecatonquiros, y demás monstruosidades colosales, pues, éstos, antes que procurar el equilibrio, perpetúan el caos del universo. Tal pretensión desata terrible guerra en todo el universo: Los engendros de Urano y Gea (a estos se aliaron los gigantes nacidos de la sangre de Urano); contra los hijos de Rhea y Cronos. Desatada fue pues, la Titanomaquia

Combatían con denuedo gigantes y titanes, provocando grandes cataclismos en la tierra y el mar. Pugnaron por asaltar el cielo mismo, mas se vieron impotentes para llegar más allá de donde alcanzaban sus enormes brazos. Entonces urdieron la colisión de los continentes con el propósito de reunir montañas que sirvieran para escalar más allá de las nubes. Así lo hicieron.

Durante mucho tiempo obligaron los gigantes la colisión de las grandes masas de la tierra, suscitando el caos en la naturaleza. Fracasaron sin embargo en el intento; no pudieron en su cometido, y al final fueron sojuzgados por los hijos de Rhea y Cronos.

Devueltos fueron Gigantes y Titanes a las honduras inextricables del tenebroso Tártaro, encadenados para siempre a las tinieblas del submundo.

Lobo Pardo


1 Response to “Génesis”


  1. 1 S Ramirez
    december 3, 2013 kl. 8:38 f m

    Que me gusto esta entrega! No cabe duda que la mitologia, especialmente la greca, es fascinante! Y mas cuando ltu la relatas en esa manera. Que estes bien!

    Sonia


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