04
Jan
14

Absurda demagogia; importante el abstencionismo

Según acreditadas informaciones periodísticas, entendió Oscar Ortiz que las tragedias masivas suelen ser canteras de votos en tiempos electorales. Entendió asimismo la importancia de hacerse con la delantera. Tomó lo que primero tenía a mano: veinticinco colchonetas, y las envió, debidamente identificadas con su nombre a los danmificados del volcán Chaparrastique. Cuatro de esas colchonetas se extraviaron en el camino. El alcalde que las recibió, del mismo partido que Ortiz exclamó: –¡Es mejor indagar antes cuáles son las necesidades. No necesitamos colchonetas; más bien necesitamos mascarillas, medicinas, botiquines!

Sánchez Cerén contestó desde la capital (100 km de distancia), que él tenía mascarillas, pero tenía que ser el alcalde quien mandara a recogerlas hasta San Salvador.

También se dio cuenta Norman Quijano de la importancia, demagógicamente hablando, de llegar primero al lugar de la tragedia para hacerse la foto. Él tenía nada a mano como sí tuvo Ortíz. No lo pensó más, se puso en camino con un furgón vacío; lo importante era llegar con algo aunque ese algo perteneciese al mundo del ilusionismo, y que la llegada fuese captada por las cámaras de los medios.

Mauricio Funes intuía el peligro para la vida que conlleva exponerse a la furia de los elementos, por lo que se detuvo en San Miguel y desde ahí convocó a los alcaldes que laboraban directamente en el terreno, para que acudieran a él a tomarse la foto.

No faltan los imprudentes que aseguran que fue hasta que la señora Primera Dama (mujer, se dice, de armas tomar), decidió apersonarse en las faldas del volcán, que el presidente se armó del valor suficiente para acompañar a su esposa hasta el lugar de los hechos.

Portillo Cuadra quiso salir al paso ante los ácidos comentarios referidos a que su compañero Quijano se paseaba con un furgón vacío enmedio de la tragedia. Entonces se apersonó él al albergue de Chinameca con recipientes de agua. Agua que los danmificados se abstuvieron de beber, porque los primeros que lo hicieron denunciaron que sabía a jabón. A ésto Cuadra no se amilanó, abandonó el lugar y regresó con un paquete de medicinas. Ante tal precedente y con la experiencia que la inescrupulosidad de los políticos cobra auge en períodos electorales, la coordinadora del albergue giró instrucción que el paquete de medicinas donado por Portillo Cuadra, fuese minuciosamente examinado a fin de asegurarse que no se trataba de medicamentos vencidos o adulterados.
A esa misma hora los pobladores de el Cantón Conacastal impacientaban ante el largo discurso de carácter electoral con que los agobiaba el presidente de la república, pues estaban sedientos, hambrientos y esperaban que al terminar de hablar les ofreciera el mandatario algo de beber y de comer. Mas no fue así.

Terminado el discurso presidencial, no sin premura se abandonó el lugar, no fuera a ser que al impredecible coloso se le ocurriera una segunda erupción. Al retirarse la numerosa alta comitiva, según informes de prensa digital, lo único que dejó tras de sí fue un reguero de envoltorios y envases de plástico, consecuencia de los bocadillos y refrescos que llevó consigo para mitigar su propia hambre; su propia sed.

Más que hacia el voto duro, el festival de demagogia puesto en escena por los partidos políticos, está dedicado al voto indeciso. El voto indeciso tiende a ser el voto inteligente, el voto crítico y razonado, y en terrenos de lo inteligente pierde quien más se ausenta de la realidad; quien cae en el mayor absurdo y ridículo.

Absurdo y ridículo es lo actuado por Norman Quijano, quien en afán de presentar él antes que Funes el primer bus articulado en circulación por las calles de San Salvador, mandó alquilar uno de tales ejemplares a una empresa guatemalteca, presentándolo como realización de la promesa hecha por su parte en la pasada campaña que lo aupó a la alcaldía capitalina.
La verdad es que el bus articulado alquilado por Quijano, no está dando servicio a los usuarios del transporte urbano, sino que anda dando vueltas por sitios turísticos de San Salvador de la misma manera que lo hace el trencito de juguete alrededor del parque infantil.

Importancia del abstencionismo. El caracol fuera de su concha
Un país que no goza de paz interna se ve impedido a aspirar al desarrollo económico, puesto que los diferentes grupos oligárquicos en la oposición tienden a echar a perder los planes y programas sociales y económicos de sus rivales en el poder, por mucho que tales planes y programas sean positivos en general para la nación, o para los sectores más desfavorecidos.

El asunto central de la masa de votantes pobres (los decisivos), en los comicios electorales de un país en paz, es mejorar o estabilizar su economía doméstica. Se decantan esos electores pues, por el partido que perciben, se aproxima más a sus expectativas.

Y en un país en paz los partidos políticos ofrecen en sus programas diferentes estilos, vías o modelos alrededor de objetivos macroeconómicos más o menos consensuados por los grupos oligárquicos y los políticos componentes de la clase dirigente. Por tal razón los rivales que toman el relevo en el poder del Estado, a lo sumo modificarán formas de lo echado a andar por la anterior administración; pero la tendencia no es a desmontar de raíz, o a echar a perder lo hecho y encaminado en la conducción del país hacia sus objetivos.

El asunto central de la problemática salvadoreña es que no es un país en paz. La agresividad de la vieja oligarquía hacia sus competidores enciende una feroz lucha de todos contra todos. En este tenor el absurdo objetivo de cada uno es, llevados únicamente por el ánimo de venganza, arruinar toda buena iniciativa de sus rivales políticos.

Ejemplo clásico de lo anterior es la hostilidad arenera hacia el vaso de leche y el paquete escolar con que Mauricio Funes favorece no al 100%, pero sí a la mayoría de niños estudiantes del país, con la supuesta meta de llegar a cubrir lo que falta para llegar al 100%.

Hay que decir que el sacrificio histórico desplegado por el pueblo pobre para enriquecer a las oligarquías y a la clase política de este país, no vale un vaso de leche, ni un uniforme al año. Más bien vale tres tiempos de comida perfectamente balanceada, nutritivamente hablando; y un país de pleno empleo y justicia social.

La causa fundamental del estancamiento económico que agobia a los salvadoreños es la guerra sin cuartel que libran entre sí las oligarquías, y que como en toda guerra la principal víctima es el pueblo pobre y trabajador.

Necesario es pues, que, en beneficio de este sufrido pueblo, celebren esos grupos de poder político y económico un nuevo proceso de diálogo negociación como el que en el pasado culminó en el cerro mexicano de Chapultepec, a fin de consensuar entre ellos un proyecto de país.

Pero actualmente no está El Salvador en el foco de los grandes actores internacionales que en el pasado presionaron a ambas partes a fin de desactivar el enfrentamiento armado.

Hoy día es el pueblo humilde el llamado, a presionar a quienes hacen la guerra económica en su perjuicio. El momento es propicio para ejercer esa presión negando el voto a las oligarquías representadas por las diferentes banderas partidarias; ausentándonos de los centros de votación.
De esta manera, políticos y oligarcas de este país, viéndose tan faltos de calor humano, podrían llegar a entender que sin el apoyo popular, todos ellos son como el caracol fuera de su concha.

Froilán Sánchez


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