10
Feb
14

REQUIEM PARA EL TIO TOÑO

Al Tío Rómulo Antonio Chicas

en el día de su fallecimiento y descanso final.

Cuando supe de tu muerte,

una vida de imágenes, y nostálgicos recuerdos

se interpuso entre pasado y presente,

cual retratos rápidamente barajados

dejaban destellos y figuras mentales,

en los secretos de mi identidad familiar.

Debiste haber nacido

El mismo año que treinta mil morían

en los territorios donde el sol se ocultó,

cuando Chalchuapa tuvo un aire pueblerino,

de colorados techos, ahuecadas calles grises,

entramadas por volcánicas piedras,

y caminos zurcados por el centro

para que fluyeran penas y alegrías

de tu pueblo ancestral de historias interminables.

Naciste con calles sombreadas

de blancas, gigantescas y panzonas palmeras

que de cuando en cuando

dejaban caer gigantescas y plumíferas canoas,

que en las torrenciales lluvias

navegaban enfiladas con destino desconocido,

vigiladas por ojos escuintles

que no al no encontrar sosiego

mataban el tiempo para no morir de angustia.

Los ancianos y los muertos de la familia

Salen ahora a tu encuentro

esperando al niño de 82 años

que en enero se fue por camino sin retorno.

Allí estarán a tu espera,

el encotonado y encaitado Papa Beto,

Mama Chila, la dulcera de botellitas coloreadas y transparentes,

la risueña Tía Paca que en sus miles de angustias

siempre tenía un chiste a flor de piel,

el tío Andrés, que nunca se bajo el cigarro chuña,

mientras chiflaba fumarolas, remendando zapatos,

en tiempos que no todos podían calzar.

Allí estarán a tu encuentro,

los abuelos Rómulo y Bersabé, que nunca conocí,

pero cuyo retrato retocado en blanco y negro

siempre estuvo en las paredes de la casa,

y que llevo como un sentimiento desconocido y querido.

Allí estarán a tu lado,

Álvaro y Ricardo, los mucha de la finca,

desarraigados y desplazados de la tierra

donde dejaron el ombligo,

y de la patria que nunca poseyeron.

Tu primo Chepe, el pescador charrasqueado

y tus hermanos Fredi y Carlos.

todos ellos, octogenarios niños como tú.

Tío Rómulo Antonio,

nuestra casa fue tu casa

tus sobrinos, tus hijos;

tus tristezas, las nuestras,

tu alimento, la iluminación de casa,

tus ganancias y tus pérdidas,

también fueron nuestra agonía de vida.

Los recuerdos me emboscaron,

el día que te despediste,

como cuando íbamos al estadio Las Delicias

a ver jugar al Quequeisque,

mientras pregonábamos ,

la venta de esperanza en billetes de lotería.

Los recuerdos me capturaron,

como cuando subimos El Jabalí

y ví por primera vez el Boquerón,

en un amanecer de pinar fresco y oloroso,

que se grabó como una estampa,

cual viejo e inolvidable retrato,

colgado en el alma de mi pared.

Desde tu puesto de venta del Parque Ula Ula

descubrí el San Salvador de los 60,

que se desvaneció con la vorágine

de la modernidad y la intolerancia.

base de operaciones de donde partíamos

al comedor de la Niña Tina, en el Sagrado Corazón,

o a comprar cartuchos de mumuja de la Panadería Lido.

En tu compañía conocí a los más destacados

y legendarios coyotes del centro de la capital,

capaces de venderte lo inesperado,

que fueron tu competencia y tu comunidad.

Allí estaban tu tocayo Toño Chajazo,

El Chato Carlos, Picapa, Tepiquita, Carlitos el Enano,

asiduos bailarines del salón La Concordia

donde había que depositar el cuchillo como cover.

Así las imágenes se fueron apareciendo,

como cuando te robaba unos centavos

que cambiaba por un fresco de tamarindo,

y una bolsa de papas con chilito, en frescas mañanas de diciembre

en el campo de pelota de la colonia Guatemala.

Un día subiste El Cerro Suchitan

y bajaste lleno de alegría.

tu familia se hizo más grande

y tu Corazón estuvo compartido,

entre el ir y venir de Jutiapa a Cuscatlán.

Una marcha de dignos y humildes,

en hombros te portaron,

por el pueblito que tanto amabas,

representando a difuntos y ausentes.

Sin haber pedido tú último deseo,

la antesala y tu camino al cementerio

fueron como tu lo hubieras querido.

Hoy tu sepultura luce al pie del cerro Suchitan

cerquita donde yace el tío Rubén

Donde los Chicas y Guevara han dejado su simiente

Irrespetando las fronteras que nos separan.

Cómo llenaremos Tu vacío?

Quién caminará los caminos

por donde solo tú solías caminar?

Quién abordará el destartalado bus

que te llevó a tu destino final?

Quién pregonará por las calles

la venta de esperanzas y bondades?

Dónde quedarán

las interminables libretas de tus deudores?

quien cobrará las cuentas nunca saldadas?

Algunos, se quedarán esperándote a pagar

otros tal vez no.

Tus compradores tendrán otro vendedor

y tu vendedor otros compradores,

pero ninguno tan digno y honrado como tú.

Cuántos Tíos Toños serán necesarios

para ver este mundo más igual?

Cuántos negociantes habrán de existir

para que la vida no sea codiciar el trabajo ajeno,

o quitarle a uno para darle a otro,

sino dar para compartir y recibir,

y recibir para entregar y engrandecer.

Beto.
El Salvador
Orlando, FL. 26 de enero, 2014



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