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Feb
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Del ocaso de los dioses

No es que los candidatos no tengan claro hacia donde tiene pensado su partido conducir al país. Todo candidato a la presidencia lo tiene claro. Y si en la mayoría de casos evita explicarlo al pueblo llano, es porque teme la reacción popular. Tal cosa se hizo manifiesta en el pasado “debate” de candidatos. Eso fue un fiasco. No hubo debate. Lo que hubo fue una pactada sucesión de monólogos. Es decir los cinco candidatos consensuaron un show que impidiera al pueblo enterarse de las verdaderas intenciones de sus partidos políticos. ¿Se deberá tal fenómeno a que todo candidato y partido político es incapaz de otra alternativa distinta a utilizar el poder en beneficio propio?

Por otro lado, a menos de un mes para la segunda vuelta, en lugar de estrecharse tiende a ensancharse la brecha de diez puntos con que el Fmln aventaja a Arena. Esto se debe entre otras razones a que gran cantidad de salvadoreños en el exterior que gustan de grandes fiestas y gozan de posibilidades, están fluyendo masivamente al interior del país.

No se quieren perder ese gran carnaval que iniciará al conteo del último voto en el escrutinio de la segunda vuelta. Este promete ser tan grande y emocionante como el carnaval que prendió el día que los cinco entonces comandantes guerrilleros, alzaron sus manos entrelazadas en la Plaza Libertad.

No es para menos, los últimos 24 años de la historia salvadoreña marcan la lenta pero inexorable y dramática debacle, no económica, sino moral y política, de la vieja oligarquía y su partido Arena. En efecto sus contradicciones internas se vieron exacervadas a medida que los sobrevivientes de las intestinas purgas del Fmln ganaban soltura andando los pasillos del palacio del poder.

En su ensoberbecida manera de entender la historia y el país, anclada en la época colonial, fue incapaz la vieja oligarquia, de asimilar la realidad de la irrupción de “extrañas voces” en su hasta entonces paraíso particular.

A partir de ahí, las contradicciones internas en Arena vinieron acentuándose hasta empujar al suicidio al mejor de sus capitanes territoriales en la zona del gran San Salvador, Alfonso el chele Torres, al colisionar mortalmente el involucramiento de Torres en investigaciones judiciales relacionadas a diputados implicados en narcotráfico, con la primera pérdida electoral de su partido ante el Fmln.

Cobran auge esas controversias intrapartidarias en la expulsión del expresidente Saca, seguida de la escisión de casi la mitad de la representación parlamentaria arenera. Pero esas discordancias no se detienen aquí. A lo largo de la campaña electoral han sido notorios los internos choques, descalificaciones, desacuerdos y cambios de camisetas a favor de otros partidos.

La obsolescencia del pensamiento; la incapacidad de la rancia oligarquía en cuanto a ajustarse a los nuevos tiempos respecto del gobierno y el país, ha resultado en que todo mundo está harto de Arena, a grado tal que el tiro de gracia que hizo a su proyecto de recuperar el poder, derrumbarse como castillo de naipes, no vino de sus rivales políticos, ni siquiera del Fmln. Ese tiro vino en el momento justo, con estudiada precisión, nada más ni nada menos que de Washington, del Departamento del Tesoro. Estamos hablando de la denuncia hecha por este Departamento de las transferencias bancarias por medio de las que el expresidente Francisco Flores se apropió de $25 millones donados por Taiwán a la institucionaledad del país.
La desbandada y ulterior división que sobrevino, unos a favor y otros en contra de Francisco Flores, viene a ser el último clavo en la tapa del ataúd en que el 5 de marzo será sepultada la dirigencia de Coena (cúpula arenera) y el futuro político de Francisco Flores.

Pero porqué el imperio antes ferozmente atacado por Sánchez Cerén viene a ofrecer en bandeja de plata las cabezas de Francisco Flores y del Coena…?
Bueno, este cuento lo contaremos en otro capítulo. Es una historia que arranca el día que el profesor enterró el hacha de guerra antiimperialista, dejando colgados de la brocha a los despistados chicos que quemaban banderas estadounidenses en las calles de la capital, para ir él a presentar, humildemente, sus respetos a Barack y Michelle Obama que habían llegado a San Salvador.

No hay necedad más grande en los detentores del poder que intentar detener el tiempo; renegar de la inexorable llegada del futuro. Testigos somos del ocaso de unos y del arribo de otros al Olimpo de los dioses…

Pablo Perz


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