22
Feb
14

De oligarcas, ferraris y otras hierbas

EL SALVADOR

No constituyen complicación alguna los algoritmos capaces de demostrar que en un país como el nuestro, la opulencia de los oligarcas es directamente proporcional a la miseria en que viven las grandes masas desposeídas. Esto se debe a que las leyes de El Salvador están hechas para que los oligarcas se apropien de mucho más plusvalía producida por el pueblo, de lo que moralmente deberían.

Uno de los tantos dramas producto de tal injusticia se hizo visible la madrugada del martes 18 de febrero. En cuestión de segundos un prominente oligarca convirtió en mierda un cuarto de millón de dólares, valor de un deportivo Ferrari modelo 2014 (aparte de costos de transporte), recién adquirido, que chocó aparatosamente contra un árbol del redondel Masferrer.

¿Cuántos salvadoreños podrían salir de la miseria mediante una inversión laboral de un cuarto de millón de dólares?
Como es normal en el mundo de los grandes ricos, según datos noticiosos, los trámites alrededor de la adquisición de este vehículo demuestran no pocas irregularidades tendientes a negarle al país la mayor cantidad de contribuciones fiscales posibles.

El hecho sucedió posiblemente consecuencia de un arranque de euforia del piloto lo cual le llevó a acelerar el potente vehiculo de modo tal que éste escapó a su control. Por suerte el percance no ocurrió a medio día; las víctimas hubiesen sido muchas. El cuantioso precio de éstos automotores de uso exclusivo para las oligarquías de todo el mundo, se debe más que todo a su capacidad de aceleración, dada por un motor de ocho cilindros que consume grandes cantidades de combustible por segundo, lanzando gran volumen de gases contaminantes al medio ambiente, nocivos para la salud de los viadantes.

Corrieron hacia el accidentado guardaespaldas que le seguían en otro vehículo; lo rescataron a él y a la mujer que lo acompañaba, antes de alejarse del lugar con rumbo desconocido a fin de evadir a las autoridades.

El grado de destrucción del vehículo sugiere que los ocupantes debieron sufrir algún grado de traumatismos. Sin embargo hombres de prensa han indagado sobre el posible ingreso de los acidentados en hospitales públicos y privados con infructuoso resultado. Es muy posible que estén recibiendo atención en algún nosocomio particular; pero tal es el poder oligárquico en este país.

El hecho nos sirve para intentar una radiografía que ponga al desnudo la desigualdad e injusticia social que se viven en nuestro país.

Las grandes fortunas de los aligarcas salvadoreños han sido acumuladas por la vía de, por siglos, negarse a pagar justos salarios a los trabajadores, acordes al costo de la vida; por la vía de una arraigada cultura de evasión fiscal transmitida entre ellos de generación en generación; por la vía de oscuras transacciones comerciales y bancarias, amparados a la sombra de sociedades anónimas; y por la vía de destruír el equilibrio ecológico del territorio salvadoreño mediante sus irregulados proyectos de construcción e irregulada actividad industrial.

La enormidad de las fortunas acumuladas de ese modo llegan a generar en los oligarcas un estado de gracia en el que, creyéndose todopoderosos, sitúan sus caprichos y extravagancias por sobre las leyes del Estado, y sobre el derecho a la vida de la gente humilde. Reniegan de la necesaria función social de los capitales (reinversión en favor del desarrollo y el equilibrio social y ecológico). Prefieren exiliar del país las incalculables fortunas bajo su propiedad, mandándolas a holgazanear inoficiosamente a paraísos fiscales, antes que invertir en el país en beneficio de los salvadoreños todos.

Producto de su peculiar manera de entender el mundo y de entender la razón del capital acumulado, el oligarca es capaz de llegar a lo inhumano. ¿No es inhumano acelerar a más de cien por hora una potente máquina rodante en mitad de una populosa ciudad como San Salvador?; lanzar por la borda como corolario de una noche de juerga, más de un cuarto millón de dólares, en el mismo instante que miles y miles de salvadoreños están echándose a la calle, en busca del sustento diario sin haber podido desayunar?

Un medianamente riguroso análisis marxista podría demostrar que esos cientos de miles de dólares echados a perder contra el árbol del Masferrer, no le pertenecían al oligarca que los estrelló; le pertenecían a ese pueblo humilde que cada noche va a la cama sin haber comido lo necesario, debido a que el dinero que podría darle salario justo y sustento suficiente, se lo apropia, para derrocharlo de tal manera, el oligarca.

Legisladores, jueces y políticos cómplices

Este caso da para investigar no pocos delitos ocultos por el propietario del Ferrari, y para exhortar a los diputados en el sentido de perfeccionar las leyes del país. Veamos.
Aparte de los delitos que puedan haber en las irregularidades de los trámites de compra, ingreso al país, gravámenes aduanales y registro legal del automóvil…

… Conducción imprudente y temeraria; ¿al volante de un vehículo sin permiso de conducir?; ¿influencia del alcohol o alguna otra droga?; ¿entorpecimiento de la investigación o evasión de la justicia al abandonar el escenario de los hechos, adoptando la actitud de prófugo ido a la clandestinidad? (igual que Paco Flores)…..

También es una singular oportunidad para que los “padres de la Patria” se entreguen a la tarea de una mejor legislación, lo cual es su verdadero oficio y no las grandes comilonas, levantar o bajar el dedo o el simple calentar de los curules.

El Salvador es un pais que padece epidemia de accidentes vehiculares, muertes por esta causa, y por atropellamiento de humildes transeuntes de todas las edades, por parte de quienes valoran sobre el derecho humano a la seguridad, la potencia de los automotores que manejan.

Las características poblacionales de El Salvador con una densidad de poco más de 400 habitantes por kilómetro cuadarado, estrechas calles y sinuosas carreteras, le hacen un país no equiparable a países desarrollados en materia de tránsito vehicular. Nuestro país debe regirse por leyes de tránsito acordes con la densidad de su población, a las características de sus calles y carreteras, a la necesidad y derecho de las mayorías (el salvadoreño de a pie), de salir masivamente a las calles en busca del sustento diario….

En fin, en este país, dentro del perímetro urbano de ciudades y municipios, los automotores deberían tener como velocidad límite 25 kilómetros por hora!

El Salvasdor es un país de alta densidad poblacional no solo al interior y periferia de las ciudades, sino además a lo largo de las carreteras del interior del país, de modo que los automotores que circulan por ellas a 70 kilómetros por hora, ya son un peligro para la vida de los pobladores. He aquí el tema de un impostergable debate a nivel parlamentario, que produzca adecuada legislación al respecto. Es necesario que las calles y autovías del país cesen de ser las pistas de carrera de los hijitos de sus papitos. Unos de éstos son potenciales asesinos del volante; otros ya lo son, aunque por ausencia de testigos viven ocultos en el anonimato, en espera de la próxima competencia ilegal.

En favor de la seguridad de nuestros connacionales, de ninguna manera los límites de velocidad deben ser los mismos en El Salvador que en EEUU o Europa. Los poderosos de este país, sin embargo, inculcan la cultura del desprecio a la vida de la gente humilde.

En una sociedad de seres humanos y no de asesinos del volante, no es necesario instalar semáforos en cada esquina. Bastaría con establecer masivos pasos peatonales, y no pasarelas a gran altura para que los transeuntes puedan cruzar calles y carreteras. Educar al automovilista a dar preferencia a peatones y ciclistas. Las decenas y decenas de escalones de las altas pasarelas únicamente pueden ser superadas por jóvenes de sobrada capacidad física!

La instalación de esas altas pasarelas demuestran que en este país se vive la inhumana cultura de colocar la velocidad y potencia de los vehículos automotores, preferentemente por sobre la vida de los transeuntes.
Los pasos peatonales que propone quien escribe este comentario, deben ser, controlados por cámaras de vigilancia, establecidos a lo largo y lo ancho del país, estudiadamente en los puntos neurálgicos en donde la mayoría de la población de toda edad y condición (minusválidos), necesita transitar al otro lado de las autovías.

Los parlamentarios deberían estar trabajando en legislar en este sentido y en el sentido de endurecer las penas que castiguen a quienes anteponen potencia y velocidad de sus automotores por sobre el derecho a la vida del salvadoreño humilde. Pero no lo hacen; tal cosa no da visos de suceder, porque muchos parlamentarios y demasiados funcionarios estatales, en lugar de mantenerse en sus puestos de trabajo, andan para arriba y para abajo, como hormigas locas, ilegalmente entregados a la orgía de un carnaval electorero totalmente alejado de las necesidades de los salvadoreños a merced de los asesinos del volante.

Salvadoreños humildes de todo el país! ¡Haced caso omiso de los demagogos de toda laya y Uníos!… ¡Uníos!

Froilán Sánchez


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