07
Mar
14

Costa Rica o Venezuela. La disyuntiva arenera

Igual que El Salvador, Costa Rica se prepara para una segunda vuelta de las presidenciales. De repente en ese hermano país, como rayo en cielo sereno, Johnny Araya, candidato por el Partido de Liberación Nacional que obtuvo el segundo lugar en primera vuelta, allanó el camino a su contrincante Luís Guillermo Solís, quien compite por el Partido Acción Ciudadana, anunciando públicamente su retiro de la contienda electoral.

Se trata de un retiro formal (constitucionalmente Araya no puede retirarse de hecho), a fin únicamente de adelantarse a los resultados que evidencian las propias encuestas llevadas a cabo por el PLN.

Araya esgrime como argumento, que es evidente que más del 50% de los votantes costarricenses desean los cambios prometidos por el PAC, y nuevos rostros en el Poder Ejecutivo y gabinete de gobierno. Además, arguye el dirigente liberacionista, por respeto a los pobres del país, de este modo evita su partido continuar convirtiendo en basura electoral el dinero de los costarricenses.

Hay sin embargo una razón más poderosa detrás de la actitud de Araya, y es que los oligarcas costarricenses; la burguesía en general, representada en esos dos partidos mayoritarios, a diferencia de El Salvador, sí cuentan con un proyecto de país, un plan de nación consensuado.
De tal modo que el resultado de las presidenciales, en Costa Rica no desata el lloro, el desespero; la crisis existencial de los que son relevados en el poder del Estado, como ocurre en El Salvador.
De buena gana, entonces, los oligarcas más poderosos de ese país, entregan, y con aticipación al resultado del escrutinio, a sus competidores.

Los cambios económico-sociales anunciados por el PAC, a lo largo de su campaña, son recibidos por el PLN con la confianza que se llevarán a cabo con el objetivo de fortalecer un modelo económico-social, alrededor del cual hay consenso entre los partidos mayoritarios.

De este modo asegura Costa Rica que posteriormente al proceso electoral, sus fuerzas productivas concentrarán su esfuerzo a lo que les es dado: producir, hacia lo cual será movilizada la sociedad en general y el país asegurará, seguramente, su liderazgo centroamericano en cuanto a productividad, inversión, reducción de la pobreza y paz social.

En tanto los derrotados electoralmente, se dedicarán, si nó a colaborar con los nuevos gobernantes, desde la oposición política, a señalar en donde aprieta el zapato al país, en cuanto a los aciertos y desaciertos del nuevo gobierno.

En El Salvador, gracias a la ciencia de los sondeos de opinión, igual que en Costa Rica, a dos días de la segunda vuelta, ya está definido el ganador, y éste más que por méritos propios, accede al ejecutivo gracias a que como dice el ex embajador Wiliam Walker, su contrincante, Arena, en lugar de evolucionar políticamente, optó por vivir en el pasado; de espaldas al futuro como el estudiante desaplicado que no cumple con los deberes y opta por convertirse en marero.

En las antípodas del costarricense PLN, la posibilidad que Arena, acepte la inevitabilidad de su evidente derrota, cese de convertir el dinero de los salvadoreños en basura electoral, tienda la mano a su contrincante, se disponga a la productividad económica y a la paz social, al parecer sería impensable. Sonaría algo así como alta traición al legado ideológico de Roberto Dabuisson. Y la razón de fondo es que Arena no cuenta ni con la remota idea de lo que significa un plan de nación y el consenso nacional.

No obstante para no pecar de pesimistas y conceder razonable margen al beneficio de la duda, digamos que el partido Arena es quien está ante la disyuntiva de lo que vendrá en El Salvador posteriormente al resultado del escrutinio final.

¿Cuál será la actitud de Arena ante la inevitabilidad de Sánchez Cerén presidente, y Óscar Ortiz vicepresidente…?
¿Porqué vía decidirá…?
¿Costa Rica o Venezuela?
¿Consenso, proyecto de país, cambios, productividad, inversión y paz social….?
¿O la guerra económica total y sin cuartel…?

He aquí la disyuntiva del partido Arena.

El puelo humilde y trabajador está cansado de tanta guerra y estancamiento económico. Desea en cambio ardientemente, la paz y la prosperidad. Y sin embargo, la cúpula arenera, el COENA, es quien tiene la palabra…!!!

Pablo Perz


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