22
Mar
14

El fallo de la Sala

EL SALVADOR
Para los capitalistas de hoy, Darwin y Marx estaban equivocados. Ambas doctrinas, evolución y revolución, pronosticaban que en el tiempo por venir las cosas marcharían mejor para el ser humano, puesto que evolución y revolución apuntan al desarrollo. Se entiende: para mejor, no para peor.

Cae por su peso que a medida que corre el tiempo, crece la economía o tiende a crecer; y mayor crecimiento de la economía supone mayor bienestar para el ser humano. Pero tratándose de los estratos medios, hacia abajo, la realidad en El Salvador nos muestra lo contrario. A pesar que las condiciones económicas del país superan con creces las condiciones de cincuenta años atrás, las nuevas generaciones de hoy tienen ante sí un peor escenario que el que tuvieron sus padres para poder autorrealizarse en el terreno económico-social.

En otras palabras, en la medida del tiempo que corre, en el marco de nuestro país, las nuevas generaciones tienden a mayor pobreza y mayores limitaciones que las que vivieron sus padres. Aparte que estas nuevas generaciones se ven obligadas a vivir en un medio ambiente natural mucho más deteriorado y envenenado, a causa de la desregulada actividad industrial. Del ambiente social ya no se diga. Vivimos el caos generalizado a causa de la corrupción del poder económico y de los poderes públicos.

Esta es la dura realidad que necesariamente deben revertir los países pobres como El Salvador, utilizando para ello la política, la Democracia y sus eventos electorales.
Pero es el caso que, estos países se ven impedidos de practicar una política acorde a sus propios intereses, debido a que las grandes potencias del escenario internacional les obligan a negocios en los que, dichas potencias ganan en la misma proporción que los países pobres pierden.

Es el caso de la Carretera Longitudinal del Norte y el proyecto Fomilenio. Esta carretera fue construída con fondos de Fomilenio (donaciones estadounidenses), no obedeciendo a un plan nacional de desarrollo, sino porque Estados Unidos necesita a partir del Canal de Panamá hacia el norte, infraestructuras que agilicen el flujo de mercancías hacia ese país. Pero los costos del mantenimiento, de cara al futuro de esta carretera, no corre a cuenta de los EEUU, sino del Estado salvadoreño.

Esto es trabajar para el vecino, y no en provecho propio.
El gobierno actual (Funes) y el gobierno electo (Sánchez Cerén) se encuentran bregando por agenciar para el país un segundo Fomilenio que estará dedicado a la zona costera, a levantar ahí infraestructuras que EEUU necesita en El Salvador, y de las cuales, lo más probable, como en el caso de la carrtera del norte, es que el Estado salvadoreño asumirá los costes de mantenimiento por sécula seculorum.

A los salvadoreños de a pie, conviene un gobierno diferente a Arena, porque este partido a pesar de apedillarse republicano, tiende a la dictadura aristocrática; y a pesar de llamarse nacionalista, carece de la mínima idea de lo que lo que pueda ser nación e intereses nacionales.
Además el relevo en el poder es lo más saludable en el combate por erradicar la corrupción de la política.
Pero Sánchez Cerén que llegó al poder sobre la cresta de la ola generada por la promesa de cambios, aparenta estar de antemano, demasiado impedido de provocar cambios significativos.

Y si a pesar de la enorme oposición de los poderosos de este país y de Estados Unidos, reclamamos desde estas páginas cambios significativos, se debe a que el sufrimiento, la desesperación de los estratos más pobres de nuestra sociedad y que se niegan a vivir de la delincuencia, es ya demasiado; insoportable; anímicamente insostenible!.

En su discurso de campaña, se generó en nosotros la impresión, por parte del presidente electo, en cuanto a que su gobierno evitará trastocar ciertos pilares del orden actual y que expertos señalan como grandes responsables de la mísera situación que vivimos en todo orden, como son la dolarización, el tratado de libre comercio, la órbita del BM, FMI, BID…

Remacha esta impresión el presidente electo, al anunciar que no hay a la vista la posibilidad que en su gabinete (en formación), sea colocado un civil a la cabeza del ministerio de defensa, lo cual muchos salvadoreños esperábamos para bien de la democracia.

Las potencias imperiales en su afán dominador se muestran infinitamente exigentes; insaciables. A pesar de las amables palabras dedicadas por parte de la embajadora estadounidense en El salvador ante la posibilidad de un mandato efemelenista, el gobierno estadounidense, dice, no reconocerá al presidente electo Salvador Sánchez Cerén, hasta no agotarse los recursos interpuestos por Arena ante la Fiscalía General de la República y la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema, a fin de que se declare nula la elección, aludiendo supuesto fraude.

De no prosperar el intento de arrebatar el triunfo a Sánchez Cerén, EEUU y Arena quedan con la carta bajo manga de la guerra económica a semejanza de Venezuela. Las consecuencias para el pueblo pobre serían desvastadoras.
Al parecer, a pesar del mensaje del nuevo mandatario en cuanto evitar trastocar el orden establecido, Estados Unidos se está decantando según la máxima: “más vale lo viejo conocido (Arena); que lo nuevo por conocer (Fmln)”, de modo tal que si no cristaliza el intento de impedir a Cerén acceso al Poder Ejecutivo, al menos llegue éste corneado, apaleado; lo suficientemente debilitado a la toma de posesión.

La pelota está pues en la cancha de la Sala de lo Constitucional y de la Fiscalía General.

La Fiscalía investiga la veracidad o nó de las denuncias por parte de Arena, Dentro de algunos días se conocerá el fallo de la Sala.

Hacia dónde fallará la Sala de lo Constitucional, es toda una incógnita para ambos partidos en contienda. Esta Sala está compuesta, en su mayoría, por magistrados que han intentado rescatar la debida independencia del máximo aparato judicial, de la tradicional influencia partidaria que de manera anómala el sistema permite sobre este ente. Tan así que durante su gestión la Sala se ha visto enfrentada a los intereses de la totalidad del espectro político del país; incluso hubo un conato de golpe por parte del parlamento en su perjuicio.

En el intermesso durante el que la Sala de lo Constitucionalidad, estudiará los recursos presentados con el fin último de invalidar la elección de Sánchez Cerén presidente, y estudiará además las investigaciones de la Fiscalía al respecto, luego de lo cual emitirá su fallo, al parecer, inapelable, ambos partidos se han mostrado cautos en cuanto a prejuiciar el fallo que se espera.

Tampoco queda claro respecto de cómo responderán cada uno de los mencionados partidos, una vez conozcan el esperado juicio de los magistrados constitucionalistas, si es que les fuese desfavorable.

La pregunta del millón es ¿Qué consecuencias tendrá el fallo de la Sala de lo Constitucional para el salvadoreño pobre, humilde, trabajador, sobresaturado hasta la saciedad de propaganda y contrapropaganda, políticas…?

Froilán Sánchez


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