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REFRESCANDOLE LA MEMORIA AL CEREBRO DEL POLLO……. SAMAYOA

Parte 2 y última
En la primera parte de mi artículo intente refrescar la memoria del Sr. Samayoa sobre hechos de los años 70, en El Salvador, demostrando porque dichos sucesos no guardan similitud, con lo que está pasando en Venezuela. Si bien es cierto en Venezuela, suceden hechos de violencia; estos tienen motivaciones y raíces totalmente diferentes, de las que sucedieron durante los años 70 y 80 en El Salvador.

Los niveles de barbarie también guardan una diferencia abismal. Esto no quiero decir que hay muertos buenos y muertos malos; pero si hay causas que mueven a las personas y a las fuerzas sociales, hacia nuevas relaciones entre Estados y al interior de los mismos, así como también hay fuerzas que se resisten a ese cambio. Ese enfrentamiento será a veces violento, aunque estén disponibles los mecanismos para evitarlo. La democracia y las Elecciones.

La segunda década del Siglo XXI se caracteriza por ser una década de grandes transformaciones mundiales y de cambios en la geo-estrategia política. Latinoamérica no se escapa de esas transformaciones. Eso es lo que está en juego en Venezuela, Ello exige tomar posición, especialmente a favor de las mayorías de latinoamericanos, tal como lo han hecho, la mayor parte de gobiernos de América.

Indudablemente que después de 40 años, Samayoa pretende encontrar similitud. El acceso a las redes sociales, a la internet, los teléfonos celulares conectados con el mundo, han transformado las formas de lucha y de protestas urbanas; permitiendo que cualquier ciudadano se convierta en un comunicador mundial.

Este avance y acceso a la tecnología, ha hecho tambalear y caer regímenes de todo tipo. Desde regímenes dictatoriales, hasta gobiernos electos democráticamente, de derecha e izquierda, así como donde ha habido mejoría de los ingresos de la población y en la redistribución de las riquezas; así como donde no la habido.

Por otro lado, en los movimientos que han derrocado o puesto en jaque a estos gobiernos, han participado, desde movimientos ciudadanos independientes, de izquierda, de derecha, neofacistas, hasta radicales islamistas, como Al Kaeda.

Solo en los movimientos de la Primavera Árabe, (2010 -2014) han sido derrocados gobiernos dictatoriales que nunca antes se hubiera pensado que caerían. (Sahara Occidental, Tunez, Egipto, Libia y Siria). Después de La Primavera Árabe, vinieron las protestas en Turquía y Brasil (mayo y junio 2013) y recientemente, el derrocamiento del Gobierno de Ucrania. (Febrero 2014). Todo ese cumulo de experiencias, es lo que la derecha en Venezuela quiere aprovechar.

Todos estos acontecimientos demuestran que es posible desestabilizar y hasta derrocar cualquier tipo gobierno, sea una dictadura o un gobierno legítimamente electo, por medio de levantamientos de sectores sociales urbanos, que se toman plazas urbanas, se levantan en algunas poblaciones, apoyados por las redes sociales y el acceso a la tecnología.

Probablemente los estudiosos de estos acontecimientos, así como los principales centros de inteligencia de los países desarrollados, habrán terminado de editar más de algún manual de cómo derrocar gobiernos, por medio de esta nueva modalidad de lucha, de protestas urbanas apoyadas por las redes sociales y la tecnología.

¿Han estado todos estos hechos libres de intervención e intereses por parte de otros Estados? Claro que no. A las causas y motivaciones propias e internas de cada país, se han sumado los intereses de otros Estados. En todos ellos ha habido cierto grado de intervencionismo, motivado por los intereses de otros Estados.

Lo que no son capaces de entender muchos ideólogos, como el Sr Samayoa, es que Latinoamérica ha cambiado, pero en esta región del mundo, las transformaciones han tenido más bien un carácter gradual y por las vías electorales. Aunque no han faltado los golpes de Estado como en Venezuela (2002), Honduras (2009) y Paraguay (2012).

Los golpes Estado dirigidos por militares aunque no han pasado de moda, cada vez tienen menos margen de aceptación por parte de la comunidad internacional, especialmente en Latinoamérica.

Después de 40 años que median entre hechos que el Sr. Samayoa pretende buscar similitud, y aun después del derrumbe del “socialismo”, han surgido en América Latina, fuerzas sociales y políticas que están devolviéndole el poder a los sectores que siempre estuvieron marginados, que administran los recursos de una nación, en función de una mayoría, y no únicamente al servicio de pequeños grupos, que por más de 200 años, en alianza con los capitales de los países desarrollados, han llevado al desastre ecológico y a las abismales y morbosas diferencias sociales, del mundo actual. Ello exige tomar posición, sin dejar de ser observadores y críticos.

La confusión de Samayoa, al buscar similitud entre estos hechos consiste en no querer entender la realidad política; que el Estado, ya sea en regímenes dictatoriales, o en gobiernos democráticos, siempre ejercerá un cierto grado de coerción, contra las personas o grupos sociales, que intentan desestabilizarlo, y actúan fuera del marco legal, y a eso tiene derecho el Gobierno de Venezuela y cualquier otro Gobierno. Con mayor razón, si ha sido electo democráticamente.

Hacer una comparación de como gobernaban las dictaduras militares en los años 70 y 80 en América Latina y como se gobierna ahora en varios países Latinoamericanos, o comparar hechos represivos como los sucedidos en la década de los 70 en El Salvador y los que ahora pasan en Venezuela, solo caben en la mente de quienes no vivieron esos años de represión, de quienes no estuvieron del lado hacia donde se apuntaban los fusiles o por parte de quienes, después de 4 décadas, vuelven a tomar partido a favor del pequeño grupo, que por más de 200 años a detentado el poder y ha dominado la política y el sistema económico del país.

El Sr. Samayoa exige en su artículo, que así como en el pasado, en la lucha del pueblo salvadoreño, contra la dictadura y el intervencionismo norteamericano, se demandaba solidaridad y la denuncia a las violaciones de los derechos humanos, así también, tienen derecho los estudiantes de Venezuela. Claro que tienen ese derecho, pero hasta ahora no han convencido a la comunidad internacional, especialmente a los gobiernos Latinoamericanas de la justeza y la autenticidad de sus luchas. Hasta la OEA que tradicionalmente ha estado apoyando las posiciones del Gobierno Norteamericano, ha fallado en contra de estos opositores del Gobierno de Venezuela. Pero lo que no se quiere ver no se ve, así como lo que no se quiere oír no se oye.

Sería ingenuo de parte de un Gobierno electo de manera democrática permitir que unas protestas urbanas lo derrumben. Estaríamos aceptando que las reglas del juego ya no valen y que hemos entrado a ley de la selva en la civilización de principios del Siglo XXI

Claro que existe el peligro de caer en el populismo o en desviaciones pseudo-socialistas, pero sea lo que resulte de estos nuevos aires de cambio, los grupos que por más de 200 años han detentado poder, van a tener que acostumbrase a competir con este nuevo poder que está emergiendo y de manera muy particular en América Latina.

Los grupos sociales que por más de 2 siglos estuvieron marginados, apenas comienzan a tener algunos derechos políticos y económicos. Uno de esos derechos que ahora son más reales y que han dejado de ser una justificación de dominación, es el derecho de elegir a sus gobernantes.

Ahora la democracia y el sistema electoral dejo de ser una justificación, una fachada para la detención del poder a favor de un pequeño grupo social. La lucha electoral y el sistema democrático son ahora más reales que antes, claro que siempre se corre el peligro de los abusos del poder, por lo que siempre se debe estar alerta a esas desviaciones y allí los sectores opositores, pueden y deben jugar un rol importante. El reto para la izquierda es gobernar bien, gobernar para servir y aceptar que democracia y socialismo son compatibles.

Al final, el artículo Samayoa interpela al FMLN a escoger entre un discurso evasivo o ambivalente respecto a los sucesos de Venezuela o el dinero que recibe de su Gobierno. Ningún partido político en El Salvador, ni en ninguna parte del mundo está libre de las influencias o presiones de quienes lo financian. Al partido ARENA se le podría decir lo mismo respecto de quienes lo financian. Ni las democracias modelos están libres de esa realidad política. La cuestión consiste en como regular esas presiones, para que no sea tan desproporcionada, para que como dice el Presidente del Uruguay, Pepe Mujica “Sea el perro el que mueva la cola, y no la cola la que mueva al perro”.

En el caso de El Salvador, desde hace varios años se vienen proponiendo una Ley de Partidos Políticos, a la que ambos partidos, (ARENA y el FMLN) se han opuesto, para que las reglas del juego electoral y la lucha política sean más transparentes. Hoy más que nunca esto es importante, para que tanto el partido en el gobierno, como los partidos opositores compitan en igualdad de condiciones, pero entiéndase igualdad de condiciones. Por lo tanto, ARENA como el FMLN deberán abrir a la luz pública, de donde y como obtienen sus fondos.

En realidad a ningún partido político se le debería permitir usar los recursos del Estado y gastar en su campaña política, más de lo que el Estado les otorga, por medio de la deuda política. Hoy más que nunca es necesario que ninguna empresa, compañía o gobierno influya más de lo necesario en un partido político. Los fondos que usan los partidos políticos para mantener su aparato, financiar su campaña deben dejar de ser un secreto.

Los partidos políticos deben dejar de ser organizaciones no fiscalizables, privilegiadas; en la que únicamente la cúpula hace uso y abuso de sus recursos. También es necesario que al interior de los partidos políticos legalmente constituidos, existan mecanismos de ejercicio democrático en su interior.

En El Salvador todavía estamos ante la oportunidad de escoger. ¿Cuál vía vamos a elegir en El Salvador? ¿Vamos a elegir la vía de la violencia siguiendo el ejemplo de Egipto, Ucrania, o de la derecha venezolana? Si escogemos la vía violenta, entonces preparémonos para aceptar que iremos hacia la destrucción total del país, y que después de 22 años de los Acuerdos de Paz, hemos vuelto a como estábamos a principios de la década de los 80. Pero si escogemos la vía electoral, y la búsqueda de consensos; estaremos ante la oportunidad de construir un nuevo país, que la mayoría desea, pero que la clase política y los grupos que siempre se han beneficiado del status quo, les cuesta aceptar y entender.

Beto Sánchez
25 de marzo 2014


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