06
Apr
14

El orgullo de ser antisistema

En cuestión de horas ha dado la vuelta al mundo el video que muestra en El Salvador, la acción combinada de dos detectives pulcramente vestidos y dos vigilantes de agencia privada. Uno de éstos obliga a mantenerse de plantón, contraminada a la pared y firmemente esposada a una humilde anciana que había intentado sustraer mercadería por valor de $140 de un lujoso centro comercial.

Transeuntes hacen rueda alrededor de la escena y conminan al vigilante que retire las esposas que hacen doloroso daño a las muñecas de la reo. El vigilante se resiste. Se hace presente un oficial de policía. Éste se dedica a escribir el respectivo informe haciendo caso omiso del sufrimiento de la abuela o quizás bisabuela, hasta que la presión de los ciudadanos resulta en que le retiran las esposas a la señora que al parecer fue empujada a la acción por la desesperación que causa la miseria en este país, o por sufrir algún tipo de trastorno de la mente. Sus muñecas están a punto de sangrar.
Por la rigurosidad con que se trata a la capturada, seguramente será, pasado el escándalo, conducida a las instalaciones policiales, encerrada en alguna hedionda bartolina, apretujada entre verdaderas delincuentes, en espera de la decisión del juez.

En casos como éste, en Estados Unidos se obliga al hechor a pagar daños y perjuicios al centro comercial, que pueden superar en diez, veinte o veinticinco más, el valor de lo sustraido. En El Salvador que es una pobre copia de las leyes policiales de ese país, seguramente sucede lo mismo. Y quien no puede pagar, purgará la pena con meses de cárcel a criterio del juez, sin alguna posibilidad de arresto domiciliar como los jueces salvadoreños castigan a los políticos que roban millones del dinero público.

Gracias a la valentía de una salvadoreña anónima, que que utilizó su cámara para defender la dignidad humana, pudimos atestiguar este hecho abominable que antes de la era Internet hubiese quedado en el más oscuro anonimato.

Un par de años atrás en una situación parecida, vigilantes de agencia privada torturaron con electricidad de alto voltaje hasta la muerte, a una joven madre salvadoreña que hurtaba comida para sus hijos en otro de esos grandes centros comerciales, en donde toneladas de comida sobrante que no se ha podido vender se lanza a la basura.

Ante el escándalo sucedido, el centro comercial procede a gastar mucho más dinero que el valor de lo sustraído, en un comunicado de prensa en el que el intenta poner en claro que la acción combinada de dos cuerpos de seguridad sobre la pobre anciana no es arbitraria, porque, según sus propietarios, el procedimiento obedece a las normas internas del establecimiento comercial.

Es la ocasión entonces de preguntarnos: ¿sucede que en materia de seguridad y justicia los centros comerciales como las empresas, poseen leyes propias que están sobre las leyes de la república? Si esto es así estamos ante el caso de estados dentro del Estado, lo cual es una aberración constitucional.
Y si esto no es así, es el momento que los diputados salvadoreños, en lugar de dormir el sueño de la mona, se den cuenta que es necesaria una legislación relativa al requerimiento o detención de un anciano por parte de los cuerpos de seguridad. Igual legislación se requiere para el requerimiento o detención de un niño. El objetivo sería proteger la integridad física y emocional de ancianos y niños que incurren en faltas, ante la brutalidad policial y de agentes privados.

En este país, pobre copia de las normas estadounidenses, detectives, policías y agentes privados proceden con niños y ancianos, de peor manera como proceden con gentes como el viejo Lin, el Trece, el Chino Tres Colas y similares. Esto se debe a que las autoridades salvadoreñas demuestran un respeto rayano en el miedo hacia los pandilleros.

El público que asistía al bochornoso espectáculo ofrecido por los custodios del centro comercial, con razón se preguntaban: ¿porqué estos flamantes detectives dedican toda su eficacia a seguir la pista a esta viejita que ha hurtado 140 dólares a quien es capaz de zamparse diariamente al bolsillo uno o dos millones de dólares?…. ¿Porqué no dedican su costoso entrenamiento de sabuesos a seguir la pista de el ex presidente Francisco Flores, acusado de robar muchos millones del erario público?… ¿Porqué no gastan su tiempo esos detectives a seguir la pista de los empresarios que abandonaron toneladas de Toxafeno en el propio centro de San Miguél?… ¿Porqué no se dedican a seguir la pista de los empresarios de Quimagro, de Baterías Record, quienes han causado perjuicio al país por cientos de millones de dólares?

En este país vivimos un sistema caracterizado por que el producto del trabajo de los salvadoreños todos, empleados y desempleados, no es dedicado al provecho propio, sino, al enriquecimiento del gran empresariado, de los grandes comerciantes y la banca. Mas encima de manera ilegal, se apropian de gran parte del producto del trabajo del pueblo, los políticos todos, los abiertamente corruptos, y los que bregan hasta lo imposible por aparentar estar libres de corrución.

En otras palabras vivimos un sistema en que los salvadoreños somos obligados a la miseria material por la clase dirigente, y más encima llama ésta clase, asistencialismo, a los nimios intentos del Estado por resarcir alguna migaja de lo robado al pueblo trabajador, ofreciéndo a los escolares un vaso de leche, un par de zapatos, y a los agricultores pobres, dos libras de semilla y un poco de abono…
La principal herramienta utilizada por la clase dirigente para mantener esta terrible forma de gobernar a los salvadoreños es una mezcla de miedo y absoluta ignorancia. De tal modo que tales dirigentes dan a propalar que el salvadoreño más indeseable, antisocial y peligroso es quien se declara antisistema, porque según ellos vivimos bajo un ordenamiento económico social óptimo, justo e inmejorable, bajo la carta magna de Roberto Dabuisson.

Pero señores y señoras!, en paises en donde ancianos y niños son, primero obligados a la miseria, y cuando roban alguna migaja empujados por el hambre, tratados peor que a los pandilleros; como diría aquél que multiplicaba panes y pescados en el desierto; en verdad os digo, ¡es un orgullo ser antisistema!

Matla Xochitl


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