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Plan de gobierno

Jorge Daboub, presidente del poderoso gremio patronal ANEP, acérrimo enemigo de alguna reforma fiscal, visitó el pasado 10 de mayo en su casa, al presidente electo de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, a fin de ofrecer sus buenos oficios precisamente alrededor de la firme decisión del nuevo gobierno en cuanto a impulsar la antesdicha reforma tributaria, que fue materia reprobada por el gobierno saliente (Funes-fmln). Al final de la reunión, ambos presidentes se mostraron optimistas y complacidos.
Tal visita demuestra, a diferencia de Venezuela, calma chicha en el ambiente político. Ha transcurrido además tiempo suficiente desde la confirmación de los resultados electorales. Diríase que es el momento propicio para que el presidente entrante o su partido, den a conocer en más detalle su plan de gobierno.

Es que respecto de este plan, debido a las radicales diferencias, evidentes, entre el inicial planteo programático del partido en el gobierno, y su más reciente recomposición, en lugar de claridad ha generado gran incertidumbre entre los salvadoreños.

El punto de partida de tal planteo es una larga lista de buenas intenciones que la convención efemelenista de septiembre del año pasado dio a conocer como Programa de Gobierno. Algotras se dan a conocer actualmente, como es. la reforma tributaria.

Tres autores protagonistas en la estructuración de dicho plan, son bastantes como para que a quince días de la toma de posesión siga persistiendo la incertidumbre en esa materia.

De estos autores, quien pone la primera piedra a esa estructuración es el propio presidente electo. En su libro “El país que quiero”, plantea, entre otras interesantes novedades, desprivatizar las pensiones y revisar los tratados de libre comercio.

El segundo de los autores son los miles y miles de bases partidarias que por segunda vez (previo al gobierno Funes fue la primara vez), han invertido muchas horas de su valioso tiempo en deliberar exaustivamente hasta definir lo que la dirigencia efemelenista llama “insumos” para el programa de gobierno.

El tercer autor es, evidentemente, la cúpula partidaria, que supuestamente se encargaría de definir del referido plan los elementos centrales, y colocar los puntos sobre las íes a los insumos aportados por las bases.

Desde aquella convención partidaria de septiembre, se conoce lo que la cúpula define como ejes centrales: empleo, seguridad, educación. Pero seguimos los salvadoreños, sin conocer los detalles programáticos de estas generalidades.
No obstante, visto así tal proceso, y sobre todo, a partir de la masiva participación de las bases partidarias, tendría que arrojarse un resultado revolucionario!

Demasiados son los involucrados en el referido plan o programa, como para que a dos semanas de la toma de posesión del nuevo gobierno, se conozca tan poco de de él.
De los sectores componentes de la nación, cada cual tiene su propias razones para desear conocer de antemano los propósitos del entrante gobierno. ANEP, por ejemplo, necesita saber hasta qué punto serán afectados sus privilegiados intereses, o hasta qué punto hay una verdadera conciliación entre los antiguos revolucionarios y el sistema imperante.

Lo que nos empuja a los salvadoreños de a pié, sin embargo, es la esperanza que el gobierno electo nos muestre una vía confiable y creible, que conduzca al pueblo pobre, al menos, a comenzar a remontar el despeñadero en que nos han abismado los malos gobiernos y el orden de cosas vigente.
En el fondo de este negro abismo, los salvadoreños de a pie nos vemos sometidos a dos fuerzas igualmente, arbitrarias, incómodas, tenebrosas y recaudadoras de impuestos: la institucionalidad del Estado y las pandillas.

Así las cosas, nos vemos en la necesidad de atribuir a la euforia de la victoria, el que en el mes de abril. El presidente electo haya opinado que “el desempleo no es tan grave en El Salvador”; y que más tarde haya asegurado que existen suficientes fondos para impulsar las primeras medidas del nuevo gobierno. Ahora se nos revela que tales fondos dependen de préstamos y emisión de bonos, los cuales a su vez dependen de próximas batallas legislativas. Ésto en el marco de una redefinición de tendencias parlamentarias, no expeditamente favorables a los planes del partido en el gobierno.

El desempleo es gravísimo en nuestro país. Para expertos y profanos, es una de las principales causas del pandillerismo, y de las mayores amenazas que nos empujan al colapso social; al Estado fallido. La inconciencia de ello estriba en que, ninguno de los recientes gobiernos se ha preocupado de llevar a cabo un estudio estadístico, profesional, serio y confiable, que nos aproxime siquiera a la real dimensión del desempleo en nuestro país.

Confiamos en que el gobierno electo no va a persistir en el error de considerar a los vendedores de charamuscas y agua embolsada, como empleados; y conceder a las prostitutas y transvestidos callejeros, el estatus de trabajadores.
Por aquello de las falsas expectativas, los salvadoreños de a pie debemos aceptar que detrás de las siglas FMLN ha corrido harta agua bajo el puente, tanto que no son pocos los que ven en el interior de esas siglas algo irreconocible respecto de sus propósitos originarios.

El gobierno en formación, por ejemplo, ha logrado calmar las oligárquicas aguas que prometían revolverse tanto como en Venezuela. En ésto se ha oligado a si mismo dar un notable giro de noventa grados, en cuanto a sus pretensiones iniciales. Hoy día asegura ese partido a sus interlocutores de la gran empresa, que no hay plan de reformas constitucionales; que no habrá desdolarización; que se estimulará el asocio público-privado; que se mantendrán los tratados de libre comercio; que se seguirá participando del concurso “Fondos del Milenio”. En fin…

Razón hay suficiente para que ese giro de noventa grados y el desconocimiento de los salvadoreños, respecto del verdadero plan de gobieno que se cuece, provoque ansias e incertidumbres en todas direcciones. También en nuestra mesa de redacción la hay. Y sin embargo, con el propósito que no se nos vaya a colocar en las filas de los pesimistas y aguafiestas, retomamos las palabras de aquél que dijo: “Esperaremos a ver qué pasa”

Urías Eleazr


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