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Aug
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¿Poco ruido y muchas nueces?

Como era de esperarse, a la llegada del nuevo gobierno, los problemas más acuciantes de los salvadoreños continúan siendo, el terror generado por la acción pandillera (son las pandillas el largo brazo del crimen organizado); el desempleo, la pobreza y la pobreza extrema, la falta de oportunidades para la juventud; la corrupción de los políticos…

La correlación de fuerzas en el parlamento favorece que el FMLN gobierne con cierta comodidad. Esta correlación ha permitido al Ejecutivo, adquirir la liquidez que reclamaba para echar andar sus planes gubernativos, y permitido aprobar la reforma fiscal pensada por los estrategas efemelenistas, dedicada principalmente, al gran capital.

Y sin embargo, un somero análisis de la coyuntura nos advierte que la situación para los salvadoreños seguirá agravándose. Una de las razones es que el gran capital ya ha advertido que responderá al alza impositiva, de la manera clásica: trasladando el costo de los nuevos impuestos a los consumidores (el pueblo llano), utilizando para ello el aumento de precios a mercaderías, bienes y servicios (a esta triquiñuela llaman ellos, inflación y la atribuyen a leyes objetivas fuera de la voluntad de los seres humanos).

Así las cosas el gobierno de Sánchez Cerén obtendrá la liquidez que necesita; pero el dinero recaudado saldrá de los exaustos bolsillos del pueblo trabajador, agudizándose de este modo la pobreza.

Aprovecha, el gran capital, un vacío legislativo visto con indiferencia por diputados y gobierno: una ley que impida a los ricos trasegar las cargas impositivas de que son objeto, al pueblo llano.

Otra de las razones para pronosticar sin dificultad el agravamiento de la crisis social del país es que, quienes mueven los hilos de la delincuencia pandillera encontraron la eficaz herramienta para minar drásticamente la autoridad gubernamental: el brutal incremento de su actividad delictiva, tendiente a infestar de cadáveres, ataques a buses con armas de guerra, asalto colectivo a los pasajeros, amenazas, extorsiones; todo tipo de violencia delicuencial, lo largo y ancho del territorio nacional.

El pueblo percibe que la PNC y los tribunales de justicia han sido neutralizados por el masivo accionar pandillero. Ejemplo: la falta de acción policial y judicial, ante los asesinatos más emblemáticos ocurridos en las últimas semanas, como el del niño descuartizado en Perulapán, el del atleta paralímpico en Villanueva, y de la mujer embarazada al interior de un bus proveniente de Sn Martín.
El constante y asesino accionar pandillero en la zona de Perulapán es evidente y continuado, pero ni la PNC, ni la Fiscalía se atreven a penetrar la zona.

Por su parte, el gobierno ha optado por la defensiva política, de minimizar y hasta ignorar la grave problemática.

Tampoco es actitud nueva. Días antes de tomar posesión, declaró el presidente que “el desempleo no es tan grave en El Salvador”

En la misma tónica, el ministro de Defensa, de manera temeraria afirma que cuatro ametralladoras de alto poder, dieciocho fusiles de asalto (municiones y otros pertrechos), sustraídos al ejército, no es un hecho grave.

Se une a este triste coro el ministro de Seguridad, quien se encarga de desmentir a esa corriente cada vez mayor de salvadoreños, entre los cuales hay agentes de la PNC, que se ven obligados a abandonar sus viviendas por los pandilleros.

“Están abandonando sus lugares de vivienda, pero nó a causa de amenazas pandilleras”, dice a los medios Benito Lara.
Los afectados por este fenómeno, que no es nuevo pero sí carente de investigación por la parte gubernamental, son claros y explícitos ante los reporteros de prensa que los interrogan.

El fementido del ministro significa dar la espalda a las víctimas de la delincuencia, en lugar de proporcionarles seguridad y justicia. Falta flagrante a su mandato ministerial.

Tal es la situación de caos y violencia que priva en nuestro país, que el obispo de San Salvador se vé obligado a advertir que estamos acercándonos peligrosamente al umbral del Estado Fallido, lo que para un gobierno nuevo que despertó enormes espectativas de cambio alrededor de él, es demasiado pronto.

La condición de Estado Fallido quiere decir que el gobierno pierde el control de la situación, deviniendo en consecuencia la ley de la selva; el imperio del más fuerte. En tal marco los más fuertes, invariablemente resultan ser las mafias, el crimen organizado, las pandillas; mientras que el pueblo humilde y trabajador, como siempre; el más débil y victimizado.

Nadie podría colocar al obispo en el bando de los enemigos del gobierno, o de los que labran del gobierno, la ruina. Y sin embargo el coordinador general del FMLN ha corrido a desmentir las declaraciones del obispo, a pesar de los diarios reportes noticiosos acerca de la constante zozobra de demasiadas familias bajo amenaza pandillera; de territorios bajo control pandillero a los que la PNC es capaz de acceder únicamente en operativos masivos (Perulapán – Misata, entre muchos otros).

Al momento de cerrar esta edición, con el mismo objeto de contradecir lo dicho por el obispo Alas, asegura el presidente de la república que los paquetes escolar y agrícola han tenido el efecto de reducir la pobreza en El Salvador, lo cual equivale a decir que para salir de la pobreza en este país, basta un subsidio gubernamental que ronda los $500:-, por persona favorecida, al año, y por tiempo limitado.

En la guerra como en política, entrar a una táctica o estrategia defensiva, es sinónimo de perder la iniciativa. Tal pérdida en la guerra no es tan grave como lo es en política, porque en la guerra una actitud defensiva podría deberse a una eventual carencia de recursos materiales. En política sin embargo, perder la iniciativa, generalmente se debe a la crisis moral, a la crisis existencial; a la pérdida de la perspectiva.

Tampoco son pocos los que aseguran que tal marco desolador es producto de la acción de los enemigos del FMLN. Si ésto fuese así, significaría que a diferencia de Venezuela, los radicales opositores al gobierno, sin tener que acudir al estado de preguerra civil, han podido sin mucho ruido, lograr muchas nueces. Llevar al nuevo gobierno, en tiempo récord, al borde del colapso.

Pablo Perz

Pablo Perz


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