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Aug
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La orgía perpetua

Ha solicitado el Fiscal General de la República a la Asamblea Legislativa de El Salvador, el desafuero de dos diputados. Uno acusado por el delito de lavado de 10 millones de dólares provenientes del narcotráfico; el otro deberá responder por un caso de homicidio tentado.

Al parecer, según recientes capturas, el hijo y la esposa de uno de los parlamentarios imputados, forman con él, parte de estructura delictiva.

No pocas veces luego de atender los noticieros del día, queda la ciudadanía con la impresión que el congreso de los diputados salvadoreños es un nido de delincuentes.

El siglo XXI inició con un hecho emblemático. Un diputado ex vicepresidente de la república, perteneciente al Partido de Conciliación Nacional, supuestamente impelido por la paranoia que le producen altas cotas de alcohol en el cuerpo, tomaba el volante de su automovil con una mano; blandía un arma de fuego con la otra. Amenazaba indiscriminadamente su entorno desde la ventanilla del vehículo. Al ser interceptado por patrullas policiales, el ex vicepresidente se enfrentó a tiros con los agentes del orden, hiriendo a una mujer policía en el pecho. La mujer fue atendida de emergencia en un centro hospitalario, en donde médicos y enfermeras lograron rescatarla de las garras de la muerte. A pesar que el caso, de oficio, merecía un desafuero, fue olvidado demasiado pronto por el resto de colegas diputados.

A partir de ahí, la lista de ilícitos en los que se han visto involucrados en el presente siglo los congresistas salvadoreños son del tipo: narcotráfico, lavado de dinero, negociaciones ilícitas, falsedad documental agravada; concusión (exigir impuestos de forma injusta); disparos contra policías, intento de homicidio, conducción temeraria; lesiones, amenazas, y expresiones de violencia contra mujeres; difamación y calumnia; desobediencia y resistencia a los agentes del orden; acoso sexual; escándalo público acompañado de disparos; causar heridas de bala;  homicidio agravado en grado de tentativa,  trato sexual con menores de edad; actos de corrupción…

Hay que decir que a pesar que la mayoría de casos han estado acompañados de abundantes pruebas, ha sido harto complicado; más bien dicho inútil, intentar llevar a diputados que delinquen ante los tribunales de justicia. Estos funcionarios gozan, por ley, de inmunidad ante la comisión de delitos.  Ùnicamente pueden comparecer ante un juez, en caso que el resto de sus colegas celebren un antejuicio, anulen el fuero y con ello la inmunidad parlamentario del implicado. Es aquí donde se complica el asunto, pues, por encima de las diferencias políticas que puedan haber, tienden ellos a defenderse como cuerpo, como si hubiese entre ellos un pacto no escrito de solidaridad.

Según Diario1.com (periódico digital), únicamente cinco asambleístas acusados han sido desaforados desde 1990. A dos de ellos se les ha devuelto el fuero. Dos de ellos han sido juzgados y condenados por las autoridades estadounidenses. Al parecer, ninguno de ellos ha sido sometido a los tribunales del país.

Y también hay que decir que los parlamentarios salvadoreños, incurren cotidianamente en otra serie de conductas anómalas, no tipificadas como delito; pero que deberían serlo. Tal es el caso de onerosos bonos, aguinaldos, carísimos regalos, opíparos almuerzos y cenas servidas por lujosos hoteles valorados en promedio 50 dólares por unidad; innecesarios viajes al exterior durante los cuales inflan gastos, como pasajes de avión; costos de estadía, alojamiento y alimentación…

El Salvador es uno de los países más pobres y socialmente desiguales del planeta. Resulta harto dramático adentrarse en la zona rural salvadoreña, en las periferias de las ciudades más populosas, o recorrer las orillas de los ríos pestilentes que arrastran desechos de todo tipo. En estos lugares se verá niños adultos y ancianos de ambos sexos devorados por el hambre, la sed, parásitos y todo tipo de enfermedades. Son lugares que diputados, funcionarios estatales; en fin, los políticos en general, se niegan a visitar ni siquiera en campaña electoral.

El Estado salvadoreño padece un crónico déficit presupuestario, lo cual resulta en que los planes de desarrollo discursados por nuestros gobernantes tienen la característica de ser muy líricos y floridos, pero en la práctica, resultan dramáticamente carentes de eficacia. No resuelven nada

Tal es el caso de la afirmación hecha de que los paquetes agrícola y escolar, han tenido el efecto de reducir la pobreza y elevar el nivel del sistema educativo. Al mismo tiempo, alerta el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que El Salvador muestra un nulo avance en materia de desarrollo humano y calidad de vida de los estratos más desfavorecidos de la población. Alerta además el PNUD que poco más de la mitad de la población salvadoreña se adentra inexorablemente en la pobreza y la pobreza extrema, sin que se vean planes gubernamentales para revertir la situación.

A la vez se han manifestado los gremios magisteriales para llamar la atención que la mayoría de escuelas públicas de educación primaria, en el campo y la ciudad se encuentran en ruinas, carentes de matrial didáctico, altamente endeudadas y asaltadas constantemente por las maras, de tal modo que la labor educativa es poco menos que imposible.

Desde los Acuerdos de Paz hasta nuestros días se viene hablando en el ambito político que sin un Plan de Nación es imposible encausar a El Salvador por alguna senda de desarrollo económico y humano. Y sin embargo no hay un solo partido político del sistema que en este tema se atreva a colocar el cascabel al gato. Entre otras cosas se debe a que un Plan de Nación nos llevaría inevitablemente a pensar en la reestructuración del Estado desde sus cimientos, lo cual nos llevaría a la vez, al entuerto de caer en la cuenta de que a pesar de su ineficacia como gobernantes, los funcionarios estatales; los diputados salvadoreños están entre los mejor pagados del mundo y entre los más despilfarradores del dinero público.

A pesar de la puesta en marcha de un ciclo electoral más, tampoco hay alguna seña en el horizonte que nos indique que la desastrosa situación política, económica y social de El Salvador se vaya a resolver o al menos mejorar.

Entre las gentes del espectáculo, por accidentado que sea el momento, se dan ánimo unos a otros mediante la consigna: “el espectáculo debe continuar”.

Los parlamentarios salvadoreños parecen decir: “la orgía no debe de parar”.

Urías Eleazr


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