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Del orgullo patriótico o el día de la independencia

Calín Cuzuco, jefe de la clica que gobierna esta colonia, me ha mandado a amenazar porque llevo cinco días de no pagar el impuesto que me cobra diariamente para permitirme vender sorbetes en la calle. No he podido pagar porque he tenido que comprar medicinas. Tengo dos cipotes con curso y la cipota más grandecita está con una tos que no se le quita con nada. El farmaceuta opina que debo comprar medicamentos para el dengue y para el chiconcunya. Y por la puta que tengo que pagar impuesto a la alcaldía también; y ya nos anunciaron que del ajuste impositivo que prepara el ministro de hacienda tampoco nos vamos a librar los sorbeteros, porque según ANEP y ASI el gobierno está pobre, diputados y ministros ganan muy poco salario, debido a que los vendedores informales evadimos impuestos; así que he pasado la noche en vela, casi no he dormido nada, tampoco mi mujer por el temor de que cualquiera de estas noches venga la clica del Cuzuco a cobrarnos de una vez por todas; estas paredes de lámina no los podrán detener. Mi mujer dice que se haga la voluntad de Dios, pero si nos matan, ojalá que nos maten a todos, hasta la cipota más chiquita que está de pecho, para que no queden sobrando huérfanos sin nadie que los ampare. Estaba atolondrado, sin desayunar, pensando si comprar frijoles para asegurar la comida, o mejor invertir en completar la venta del día cuando me abordaron esos periodistas que me preguntaron si estaba orgulloso de ser salvadoreño y si pensaba comprar banderitas para celebrar el día de la independencia. Me cuestionaban que si era patriota lo demostrara cantando una estrofa del himno nacional y recitara la primera estrofa de la oración a la bandera…. Cuando era cipote e iba a la escuela aprendí todo eso, pero ahora de viejo y con tanto problema se me ha olvidado, y no me queda tiempo para andar pensando en pendejadas… No respondí así exactamente, porque tampoco soy maje, al principio no sabía si eran policías disfrazados los que me interrogaban, pues esas son típicas preguntas de cuilios cuando te quieren joder… Además, así amontonados unos sobre ptros como vivimos en este país, nunca se sabe si te está oyendo un marero lo que hablás… Dicen que en los países comunistas era la policía política la que analizaba lo que uno hablaba para descubrir traidores… Aquí son las maras las que se encargan de castigar a quien hable mal del gobierno, de la policía o de la mara; o castigar al que demuestre inconformidad con las órdenes de la clica…. En este país las maras y la Sombra Negra son mucho más letales que la policía política de los países comunistas, porque esa policía no precedía contra nadie si no venía orden del Comité Central. Y sin embargo en El Salvador, la Sombra Negra y las maras son como James Bond, con licencia para matar a discreción del jefe de la clica. El procedimiento es harto peculiar. Los mareros pueden matar a una familia entera y no van a huír. Esperan que llegue a por ellos la policía. Bartolinas y penales son para ellos recintos de descanso o escuelas donde van a aprender nuevas formas de extorsionar y de matar; nuevas formas de atemorizar a la población…. Los conectes que tienen los mareros en los gremios de abogados, entre oficiales de policía, vigilantes penitenciarios y hasta con jueces y magistrados, son para ellos personal a su servicio que labora para asegurarles una grata estadía y abreviar lo más posible su paso por bartolinas y penitencierías. La Sombra Negra utiliza similares procedimientos que las maras, con la única diferencia que los de la Sombra poseen elevada preparación militar o policial, son más profesionales; de mayor técnica operativa… La capacidad que tienen los mareros de localizar testigos protegidos para sacarlos de la jugada, no depende de ellos, sino de la red de abogados que les sirven… Me preguntaron los periodistas si estaba orgulloso de las playas y balnearios de mi país. Yo les dije que sí, pues no atinaba la intención de tanta pregunta a un pobre sorbetero ignorante que no sabe ni la o que es redonda. Aunque ni mis hijos ni yo conocemos alguna playa o balneario….; solo por pagar pasaje de bus y entrada aguantaríamos hambre una semana entera… Aunque con mentiras, les contestaba lo más bonito que podía, porque me acordaba que cuando era cipote, antes que la aviación bombardeara y los soldados incendiaran la escuela y el caserío del cantón, cuando se acercaba el 22 de junio, los profesores, con ramitas de bambú o de guayabo en la mano, nos preguntaban si amábamos la escuela y al maestro, y si pensábamos organizar rifas y juntar platita para obsequiar a ellos con regalitos. A todo eso contestábamos que sí, contritos, porque era cada vez más claro que las respuestas que dábamos arrastraban consecuencias a la hora de colocar la nota del examen final. Y era forma de evitar que las ramitas de bambú o de guayabo se estrellaran con más frecuencia contra nuestras nalgas y muslos con el noble propósito de evitarnos el mal camino… Así que entre plática y plática, me fuí convenciendo que aquellos que me hacían tantas preguntas eran periodistas auténticos, que saldría, como ellos aseguraban, una foto mía junto a mi carretoncito en la prensa, y eso serviría de publicidad a mi negocio… Hasta cierto punto las preguntas que me hacían eran muy tontas como, si sentía amor por la patria, a todo lo cual y por el riesgo que me fuera a escuchar algún marero, un policía o un arenero, respondía yo que sí… Aunque también me cuidaba de ser escuchado por algún miembro de ese partido que dice luchar por los pobres, no fuera a ser me tacharan de traidor y vendido… Ah! Y también me preguntaron si me sentía orgulloso de Mágico González… Estupidez más grande…! A quien corresponde sentirse orgulloso de Mágico González es a él mismo y a nadie más… La verdad es que hoy ya no les tengo tanta desconfianza a los periodistas… Ya no son como antes que eran a la vez confidentes de la policía. Hoy día ellos también enfrentan riesgos… Como los riesgos que enfrentaron esos que investigaban la municipalidad de Candelaria a causa de una obra de construcción cuyo valor real es de treintiun mil dólares y ha sido ejecutada y cobrada por cientocuatro mil. Los periodistas fueron amenazados y fotografiados por un funcionario munícipe… Supuestamente esas fotografías irían a parar a manos de la Sombra Negra o de alguna mara especializada en represalias por encargo…. Al alejarse los periodisas que me interrogaban les oí comentar que toda persona suficientemente civilizada debe esperimentar amor por la patria… Yo no les dije nada acerca de eso, pero pensé… Entiendo que en otros países del mundo, o aquí mismo en El Salvador hay quienes se sienten orgullosos de su país y lo pregonan a los cuatro vientos; pero eso es porque tienen buen trabajo, o son políticos que ganan buenos sueldos y nunca les falta casa, vestido, ni qué comer… También hay otros muy orgullosos de su patria, porque esa patria les permite robar, enriquecerse ilícitamente y lo hacen tan disimuladamente que nunca son descubiertos, y si son descubiertos, como los mareros, los suficientes conectes e influencias de que gozan entre abogados y jueces, son capaces de demostrar que no hubo robo, sino un mal entendido, y en el peor de los casos no hubo mala intención… Para mí, patria mía es este carretón y esta perolada de sorbete, pues sin éstos, no come mi familia, no come el alcalde, no come el presidente y tampoco comen las maras… Y tampoco comería el obispo, pues cuando los domingos colocamos la venta frente a la catedral, a un descuido mío coge mi mujer una cora del pisto y corre a echarla a la alcancía de la puerta principal… A mí éso me encachimba porque muchas veces, una cora es todo lo que nos queda después que hemos dado lo suyo a Calín Cuzuco, al alcalde y al presidente… Sólo por eso no son pocas las veces que he pensado dejar esta mujer; pero el amor a los cipotes no me lo permite. Es que los cipotes son mi única alegría que me da la vida; además, cuando ella se queda dormida sobre el petate, se mira tan inocente como quien no quiebra un plato; entonces me acuerdo cuando éramos jóvenes y andábamos huyendo de los bombardeos de la aviación; porque el gobierno no atinaba a distinguir entre población civil y guerrilleros… A mí me gusta vender sorbetes, porque el buen sorbete sirve hasta para amansar locos… Por ejemplo, viene un cuilio choricero, se para enfrente del carretón, me mira con cara de bravo y me pregunta si ya pagué el impuesto; le muestro la bendita boleta y no se vá; me sigue mirando con cara de perro; entonces preparo un sorbete y se lo doy… Inmediatamente le cambia la expresión del rostro… Se transforma en un chiquillo dulce y contento; se olvida hasta de dar las gracias y se vá lambisqueando su sorbete como si tuviera sabor a gloria… Bueno bachiller, seguiremos platicando otro día, tengo que seguir vendiendo porque de mí depende que coma un montón de gente, desde la clica de Calín Cuzuco hasta los diputados, los ministros y el presidente… Y lograr que toda esa gente coma, así si le creo que se demuestra el verdadero patriotismo…. ¡Llevo de piña para la niñaaaa…!!! ¡De jocote para el cipoteeee…!!! ¡De melón para don Ramoooón! ¡Llevo de leche de la vaca peeeche…!!!

Nota: El sorbetero autor de estas reflexiones y preocupaciones prefirió no ser identificado por temor a represalias; el recopilador de tales reflexiones, sin embargo, suscribe esta nota.

Lobo Pardo


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