05
Okt
14

Gobierno Cerén. Continuidad de las buenas intenciones

A pesar de la alaraca montada por ARENA a la llegada del FMLN al poder hay en el ambiente la sensación que a poco más de cien días del gobierno de Cerén, en El Salvador no pasa nada y tampoco hay señal alguna de que algo pasará. En terrenos de lo económico social todo sigue tal y cual lo dejó Mauricio Funes; y Funes cambió muy poco o en nada, el ordenamiento neoliberal dejado por veinte años de gobiernos areneros.

Diríamos sin embargo que con el gobierno de Antonio Saca se inaugura en nuestro país una época de buenas intenciones. El “bono solidario”, ideado por Saca, sienta las bases para lo que en la recta final del gobierno Funes vino a ser la Ley de Desarrollo y Protección Social.

“La Ley aprobada contempla la implementación de programas en las áreas de salud, educación, economía, vivienda, inclusión social, así como trabajo y previsión social. Incluye a las Comunidades Solidarias (urbanas y rurales), dotación de uniformes, zapatos y útiles escolares, alimentación y salud escolar, Vaso de Leche, Programa de Apoyo Temporal al Ingreso (PATI). Así mismo, Ciudad Mujer, el programa Nuestros Mayores Derechos, Pensión Básica Universal, Programa de Agricultura Familiar (PAF), acceso universal a la salud integral, pública y gratuita, acceso y mejoramiento de vivienda, infraestructura social básica y atención integral a primera infancia, entre otros” (Diario Digital Contrapunto. 04 abril 2014).

A pesar de su pomposo nombre, esta ley presenta numerosos “talones de aquiles” y limitaciones en su aplicación práctica. Por ejemplo, tocante al beneficio de Pensión Básica ($50:- mensuales), para personas en pobreza extrema de la tercera edad, y ayuda máxima de $20:-, a familias de la misma condición con hijos menores de 16 años de edad, abarca únicamente 86 de los 262 municipios de El Salvador (unos 70 000 beneficiarios de los poco más de dos millones de salvadoreños en pobreza extrema). El gobierno tiene una mora con los beneficiarios de la Pensión Básica y Ayuda Aamiliar, que se calcula va de seis a ocho meses. En las condiciones de pobreza extrema que se viven en El Salvador, ocho meses de semejante mora y ningún otro ingreso, significan tres o cuatro muertes por inanición.
De los beneficios ofrecidos por la Ley de Desarrollo y Protección Social, únicamente el vaso de leche escolar es objeto de pocas quejas; mientras que el proyecto Ciudad Mujer es el que no recibe quejas.

Sobre el resto de esos supuestos beneficios (en las áreas de salud, educación, economía, vivienda, inclusión social, trabajo y previsión social, prometida alimentación escolar, etc… ) deberían llover torrencialmente, quejas; pero no llueven porque los potenciales beneficiarios, tan acostumbrados a la demagogia política, nunca creyeron en ellos.

¿Ejemplos? ¡Sí! ¿Cómo nó?

El paquete escolar se entrega cuando el año lectivo está por terminar; el paquete agrícola cuando la época de siembra está por caducar. Son demasiados los artesanos proveedores de zapatos y uniformes escolares que van a la quiebra a causa de la excesiva mora gubernamental en perjuicio de ellos.

En definitiva, el programa de ayudas económicas hacia la extrema pobreza, nacido no en los gobiernos del FMLN, sino en el de Antonio Saca, es un programa de inspiración socialdemócrata.

La socialdemocracia (la auténtica, no la de los farsantes socialdemócratas), cuentan en su acervo larga experiencia de propiciar una aceptablemente humano poder adquisitivo a hasta los desempleados e impedidos de trabajar. El resultado es el fortalecimiento del mercado interno. El fortalecimiento del mercado interno redunda en un mayor vigor económico respecto del intercambio con el comercio exterior; todo lo cual viene a resultar en una sólida y consistente paz social, tal y como sucede, en el ámbito centroamericano en Costa Rica, Nicaragua, ¡Cuba!.

En El Salvador, sin embargo el intento de introducir esta importante política socialdemócrata está resultando fallida, por dos razones fundamentales.

La primera de ellas es que los partidos políticos representados en el parlamento, que por unanimidad aprobaron la Ley, lo hicieron por razones demagógicas y no por una auténtica voluntad de lucha contra la pobreza extrema. En esta línea, los partidos políticos todos, obviaron que para que los beneficios ofrecidos por la Ley dejaran de ser sueño inalcanzable para los beneficiarios, era necesario crear, a la par, la legislación que garantizara que los fondos económicos que respaldasen esos beneficios, proviniesen del presupuesto general de la nación, y no de préstamos, donaciones u otros fondos de dudosa consistencia.

La segunda de esas razones es que el partido en el gobierno, hace mucho que abandonó la vía revolucionaria y se encuentra más concentrado en consolidarse como partido de empresarios, más que en atender las necesidades de los más pobres.

Así las cosas, el actual gobierno, a pesar del permanente rostro sonriente del presidente, y de sus permanentes peticiones al pueblo de tener fe y paciencia, no se perfila como otra cosa que un mandato plagado únicamente de buenas intenciones, sueños fallidos y ninguna solución práctica a la problemática de los pobres.

Tal cosa nos hace reflexionar en el axioma preferido con que nos prevenía, en tales situaciones, nuestra recordada Rosa Elena: “De buenas intenciones está empedrado el camino que conduce a los infiernos!

Matla Xochitl


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