02
Nov
14

Globos, cascarones, gastos supérfluos y otras yerbas

El Consejo Nacional para la Seguridad Pública nacido al calor del auge delincuencial durante el gobierno de Calderón Sol y cuyos debates, alguien calificó de “coloquio de momias y dinosaurios” debido a la vulgaridad en formas y contenidos que en ellos prevalecía, logró sobrevivir a las gestiones del célebre F Flores y de Antonio Saca, sin que se conociese alguna vez, que hubiese ésta entidad, dado aporte alguno de utilidad a la nación salvadoreña. Este “coloquio de momias y dinosaurios” feneció por inanición mental durante el gobierno de Mauricio Funes.

Durante la gestión de Funes se dio vida a otro Consejo Nacional de Seguridad, pero esta vez de seguridad Alimentaria y Nutricional (CONASAN). A fin de “abordar las áreas de, agricultura, pesca, acuicultura, agua, saneamiento básico, gestión de riesgos, medio ambiente, salud nutrición y energía; en aras de proponer acciones preventivas y mitigación efectivas frente a escenarios de variabilidad climática (lluvias y temperaturas) dentro y fuera del rango normal”.

La anterior teorización, aunque no consigna en algún documento, al parecer, es con el fin de erradicar el hambre, la desnutrición; asegurar el agua a los sectores más desprotegidos de la población.
CONASAN parece destinado a convertirse en el salvador de El Salvador dado que su primer paso fue elaborar una vasta documentación acerca de su papel histórico, que implica según documentos, misión, visión, diez principios; ocho roles y ocho objetivos estratégicos.

Se dota, además, la nave CONASAN, de una vasta tripulación permanente de 28 miembros, repartidos en un Consejo Nacional, una Dirección Ejecutiva y un Comité Técnico Nacional.

El “Foro Nacional de Aplicación de los Pronósticos del Clima a la Seguridad Alimentaria y Nutricional para el periodo agosto – noviembre 2012”, no aparece en la memoria de labores de CONASAN, pero esta memoria es vasta. Hasta mayo de 2014 se encontraba compilada en 47 subtemas repartidos en 7 capítulos temáticos.

Lo vivido por CONASAN en sus tres años de existencia, es una impresionante labor de preparación teórica, se supone, para entrar luego al terreno de la acción. Este terreno de acción, en otras palabras significa influenciar al gobierno salvadoreño en sentido que éste garantice a la población no sólo suficiente existencia de alimentos en el mercado, sino también calidad y acceso a estos alimentos, a los más pobres del país.

Entre los fenómenos que caracterizan a las grandes mayorías de salvadoreños, está su pobre acceso a la información de lo que sucede en el país, y que le afecta o le favorece.

Al ciudadano escasamente informado, da la impresión que la evolución de CONASAN se detiene el 19 mayo de 2014, después que en el municipio de La Palma, Chalatenango, fuera juramentado y presentado oficialmente el primer Comité Departamental de Seguridad Alimentaria y Nutricional (CODESAN). Hay en el ambiente la sensación que, a partir de ese evento CONASAN ha desaparecido del mapa informativo, a pesar de los importantes apoyos técnico-financieros con que cuenta: Gobierno de España, Fondo para el Logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (F-ODM); Programa Conjunto Protegiendo a la Infancia para la Seguridad Alimentaria y Nutricional para El Salvador (PC-ISAN) (ONU).

A la par de CONASAN fue botada otra flamante nave por el gobierno Funes, que también se ha esfumado de la pantalla de los radares: SISAN (Sistema Nacional de Información y Monitoreo de la Seguridad Alimentaria y Nutricional).

¿Qué habrá pasado? No es posible que el gobierno de Cerén eche al trasto de la basura tan interesantes proyectos de su antecesor. Tampoco es creible que tales proyectos formen parte de la tradicional demagogia de los gobiernos salvadoreños. Y es inadmisible que los gastos efectuados por el Estado alrededor de la echada a andar de estos propósitos, simplemente se disuelvan en el aire.

El gobierno de Mauricio Funes también dio a luz al Consejo Económico Social, con el objetivo de acometer la pobreza extrema desde la perspectiva social y económica. Esta criatura murió pocos días de haber nacido, a causa de insuficiencia mental severa.

El Consejo Nacional para la Seguridad Pública fue revivido dos meses atrás por el gobierno de Sánchez Cerén con el apelativo Seguridad Ciudadana y Convivencia.

Conforman la entidad 60 altas personalidades de la vida nacional entre representantes de instituciones públicas, privadas y empresarios, repartidos en siete mesas que sesionan una vez a la semana y abordan las siguientes temáticas: prevención de la violencia y de la delincuencia; control-persecución del delito y la violencia; rehabilitación y reinserción social; atención y protección; fortalecimiento de la institucionalidad relativa a la seguridad ciudadana; mecanismos de coordinación financiera y medios de comunicación.

Los miembros de CNSCC acordaron implementar un cronograma de consultas del 11 al 18 de noviembre a sectores como: sindicatos, academias de educación, oenegés, organizaciones juveniles, victimarios, empresarios, y asociaciones de víctimas. También organizarán talleres en Santa Ana, Cojutepeque y San Miguel.

Las consultas a los victimarios, llevará al CNSCC a las cárceles, a fin de hablar con jóvenes en proceso de rehabilitación, y con los familiares de los reos.

Las primeras noticias que filtran desde el interior del CNSCC son confusas y no tan alentadoras. Algunos de sus miembros se quejan por el excesivo número de participantes, lo cual en lugar de agilizar, entorpece análisis, consenso y conclusiones, dicen. Otros opinan que a pesar de la nutrida formulación de la problemática, se carece de la mínima idea de solución.
Cualquiera diría que con tales flamantes consejos, está El Salvador a las puertas de resolver sus históricos problemas; dejar atrás su prehistoria para adentrarse a la senda del progreso y la civilización política.
Los políticos salvadoreño, sin embargo, se caracterizan por diseñar en teoría, perfectas soluciones que fracasan en el terreno de la práctica. Tal cosa se está reflejando en la política de consejos nacionales que vivimos desde el gobierno de Calderón Sol.

Esos consejos parecen vistosos y celebrados globos que a poco de volar, desaparecen, fenecen o se muestran pinchados y sin rumbo definido.
La razón de tal entuerto está en que, las conclusiones a que llegan tales consejos, luego de arduas deliberaciones carecen de poder vinculante a las decisiones políticas del gobierno.

En el caló popular tales organismos se conocen como “cascarones vacíos”, pues carecen de poder; en la práctica son clubes de tertulias políticas. En el plano presupuestario, significan un gasto supérfluo para el Estado.

Urías Eleazr


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