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Agentes de cambio

El presidente de El Salvador adquirió notoriedad inmediatamente después de ganar las elecciones que le llevaron al poder, apaciguando las agitadas aguas areneras que amenazaban declararle la guerra. Este apaciguamente no fue gratuito. Hubo de renunciar el partido en el poder a cuestionar el sistémico andamiaje estructurado en veinte años de gobiernos areneros.

Es de suponer que también hubo de renunciar el partido en el poder a reclamar la derogatoria de la ley de amnistía que ampara a los señalados por la Comisión de la Verdad, como sospechosos de crímenes de guerra durante el conflicto armado. No hay señal alguna en el horizonte que ese cuestionamiento pudiese ocurrir. Esta omisión nos coloca a años luz de atraso, en materia humanística y de justicia, respecto de los países latinoamericanos que sufrieron igual flagelo, pero que al fin y al cabo han castigado a los culpables.
El resultado de lo actuado por el presidente es la conciliación de los intereses políticos y económicos entre las mayores potencias políticas de el país (Arena – Fmln), conciliación que se ha mostrado extensiva al resto de partidos políticos (Pcn – Pdc – Gana). También éstos se han mostrado apaciguados respecto del partido en el poder.

El poder conciliador de Sánchez Cerén también se pone de manifiesto en el ámbito continental. Sin soltar la mano de ALBA y Petrocaribe, fue recibido por Barack Obama junto a los presidentes de Guatemala y Honduras; ha conferenciado con el mandatario de México y conseguido promesa de importantes préstamos por parte de inversores privados de ese país. Ya ha anunciado Sánchez Cerén que el día 14 de este mes volverá a Washington a fin de conocer las condiciones de préstamo concedido por el BID, gracias a la intermediación del presidente Obama.

A pesar de ser México impulsador del Foro del Arco del Pacífico que conlleva el fin de contrarrestar la creciente influencia de ALBA en el continente, y a pesar de ser Estados Unidos velado enemigo del mismo ALBA, sin llegar a ser anatemizado por Nicolás Maduro o Daniel Ortega, el presidente salvadoreño, parece más inclinado hacia el norte que al sur del continente. Prefiere tratar los temas de seguridad pública, gobernabilidad y estrategia económica, antes que con Ortega o Maduro, con el consejero de estado norteamericano Thomas Shannon.

Pero pertenece a la política el fenómeno que no se puede ser amigo de todos y pretender quedar bien con Dios y con el Diablo. Sucede que la política interna y externa seguida por el partido en el poder, ha resultado en que en este país, las expectativas de que sucedan algunos signos de cambio, han dejado de gravitar alrededor del Fmln y se han trasladado visiblemente a cierta institución estatal, y a otras no gubernamentales que tienen el común denominador de no obedecer mandatos partidarios. Estamos hablando, por ejemplo, de Iniciativa Social para la Democracia; el Instituto de Estudios Jurídicos de El Salvador; la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia; personas particulares y otras oenegés que se nos escapan a la memoria.

Los cambios impulsados se han centrado por el momento, alrededor de la Ley de Partidos Políticos y del Código Electoral.

Determinadas oenegés y personas particulares han presentado ante la Sala, recursos de inconstitucionalidad en cuanto a ciertas anómalas prácticas en el ámbito partidista y electoral, reñidas con las leyes de la república. Tales recursos ante la Sala interpuestos, han tenido como finalidad, adecentar ciertos aspectos de la vida política del país, a fin de avanzar en cuanto a Democracia se refiere.
Luego de estudiar y discutir los recursos presentados, la Sala de lo Constitucional ha resuelto favorablemente en relación a algunos de ellos. Tales resoluciones se han traducido en verdaderas esperanzas de cambio en El Salvador.

De este modo, mediante fallos de inconstitucionalidad emitidos por dicha Sala, han tomado vigencia en el país, mandatos tales como, en relación a elección de diputados, el voto igualmente posible sobre banderas de los partidos y sobre las fotografías de los candidatos a diputados de esos mismos partidos. Más tarde ha entrado en vigencia el llamado voto cruzado que permite votar por candidatos a diputados de diferentes partidos y por candidatos independientes.

Tales alternativas conllevan la tendencia de romper con el poder que tienen las cúpulas partidarias de, sobre la voluntad del electorado, imponer como parlamentarios a sus escogidos e impedir a quienes gozan de la preferencia de los votantes.
Tal tendencia es consecuencia que la ciudadanía percibe que a pesar del diferente discurso, en la práctica, la frontera entre la izquierda y la derecha se ha difuminado; que el objetivo de los viejos y nuevos partidos del espectro es el mismo: el poder por el poder; como un fin en sí mismo; las necesidades del pueblo en segundo, tercer o cuarto lugar; de tal modo que vale votar por los candidatos más simpáticos de cualquier partido del espectro, o por candidatos sin partido.

En la misma dinámica en que la ciudadanía demanda ante la Sala de lo Constitucional y la Sala resuelve, entra El Salvador a la época en que las municipalidades dejan de ser el feudo privado del partido ganador, para pasar a constituirse, obligadamente en un ámbito compartido con los partidos mayormente votados, lo cual obliga a los políticos a rebuscar una alternativa de convivencia democrática.
Por la misma vía toma validez legal el mandato que los partidos deben dar a conocer quiénes son sus financiadores y dar a conocer el uso que dan a los fondos recibidos.

Y cosas de la política, ante esta tendencia impulsada por oenegés, ciudadanos particulares y la Sala de lo Constitucional, favorable a una mejor Democracia, es el partido gobernante, que se autodefine como agente de cambio, el que se ha convertido en el mayor obstáculo para seguir adelante.

La reaccionaria oposición de ese partido a esta tendencia progresista, podria condenarnos a muchos años más de estancamiento en lo que a Democracia se refiere, lo cual equivale a decir, estancamiento económico – social, de la nación y de los salvadoreños.

Pero no hay mal que por bien no venga. Este oprobio servirá al pueblo salvadoreño para poder dilucidar entre quiénes son los falsos y los verdaderos agentes de cambio en este país.

Pablo Perz


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