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Un poema de Beto Sánchez

PARA TI: CON TODO MI AMOR

  Apto solo para Guanacos y Guanacas.

Al que le pique -Por delante-

  Que se rasque – Por detrás- 

Tú que los creíste dioses,

y solo eran bárbaros inhumanos.

tú, que traicionaste a tu hermano,

y terminaron siendo todos esclavos.

A ti, que te rociaron de pólvora,

respondiendo con flechas y macanas.

A ti, que defendiste tu tierra y tu gente,

guerreando sin traición y de frente.

A voz, que te echaron los perros y caballos,

y los seguiste respetando como animales.

A voz, que te dejaron sin dioses,

desprotegido del alma, sin lenguaje y cultura,

sin pasado, ni futuro.

A ti, que te truequearon 

relampagueantes espejos y vidrio, 

por joyas de arte en oro y plata,

que terminaron fundidas en lingotes.

A ti, que te leyeron 

el bando de la independencia,

sin saber que putas decía,

ni conque, ni cómo, se comía, 

esa fruta llamada libertad.

A ti que te declararon vago,

porque te negaste a trabajar, 

por salario de hambre,

para patronos insaciables e insensibles 

A ti, que te compraron y vendiste tu tierra, 

por una pacha de guaro curado,

engañado por leguleyos lambiscones.

Tu, que te salvaste de ser masacrado,

porque te creyeron muerto.

Tu, que por puro milagro, 

estás contando el cuento.

Tu, que ya no estás para contarlo,

que estás volando espalda, 

bajo las nueve cuartas.

Tu, que te burlas y te ríes,

de tu propia tristeza y dolor.

A ti, que te gritaron ¡CUCHE…!

cuando ibas encaramado en camión,

para ir a rozar caña o a las cortas de café.

Tu, que les respondiste chiflando la vieja,

y les hiciste seña con tu puño, 

Maa…tus ojitos de cangrejo.  

A ti, que te reclutó la descalza,

y te fuiste a echar la platada,

que resulto ser: los mismos frijoles y tortillas de siempre.

Tu, que fuiste uno(a) del movimiento popular,

que fuiste clandestino (a), 

en un país donde nada es oculto.

Tu, que te fuiste a la montaña,

por un sueño ó porque no había de otra.

Tu, que te las jugaste de todas, todas: 

vida, familia, presente y futuro.

A ti que te dieron un carnet de ORDEN

y te creíste la mamá de Tarzán, 

y no llegaste a ser, ni la mona Chita.

A ti, que te pusieron a guachar, 

y a ponerle el dedo a tu hermano,

para terminar exigiendo por las calles,

una pensión para no morir de hambre. 

Tu, que después de doce años de guerra

te apareciste seco y calaceado,

a quien la mara recibió con un: ¡Volviste…!

y los que de lejos, solo dijeron: ¡Volvió aquel!

Tu, que por desesperado e ingenuo,

creíste en pastores, reverendos y políticos charlatanes,

pero que te asesinaron a tu querido Obispo. 

Tu, que ya no regresaste, por estos lares,

y pasaste  a formar parte de la diáspora guanaca.

Tu, que estas en todas partes,

que te apareces donde uno menos lo espera. 

A ti, que se te identifica por chiflar la vieja,

y que por instinto respondes con la tuya.

A ti, que te deslumbraron con el norte

para vivir como nuevos esclavos.

A ti, que te fuiste mojado, 

y terminaste reseco, tostado y sediento, 

en el desierto de Arizona.

Tu, que desapareciste en México,

y que nadie supo más de ti, 

ni a nadie le importo.

Tu, que fuiste minoría en Los Ángeles,

y te hiciste pasar por cholo o pachuco,

para que no te mataran.

Tu, que asesinas sin razón, 

que extorsionas a los débiles, 

porque te sientes impotente,

ante los verdaderos opresores.

Tu, que con el coyote, 

mandaste a traer a los cipotes, 

que terminaran encarcelados en Texas.

Tu, que compartiste un solo cuarto

para bajar la renta, durmiendo en el sueter,

mandando reales, que se gastaron en pizzas,

en los centros comerciales.

A ti, que te llamaron hermano lejano,

que te levantaron un bayunco menumento.

Tu, que mantuviste a flote la economía,

pero que te reciben como sospechoso,

sin ton, ni son, en tu propia tierra.

A ti, que cuando llegas al pueblo,

te creen cargado de lapas  verdes, (billetes)

que los chichipates buscan para el zangolote

y no tienes más que cuentas por pagar.

Tu, que te ilusionastes con el fin de la guerra,

pensando en una vida nueva,

y no fue más que el advenimiento de otro calvario.

Tu, que te ganas la vida honradamente,

pero que no te dejan vivir, ni trabajar.

Tu, que te haces la de los panes y la vieja fresquera,

como recurso sobrehumano de sobrevivencia.

Usted, el repisado,

que al gueveyo le llama cacheria.

Tu, sin guadaespalda, que te persignas, 

cada vez que sales a la calle,

porque nadie sabe si volverás.

Tu, que te encomiendas al Santo Niño de Atoche.

Tu, que vives amenazado y temeroso de la cuilia,

asediado por inmorales, sin escrúpulos.

Tu, que desde la gradas del Viet Nam,

puteas a tu selecta,

cuando no sabe jugar con garra.

A ti que siempre te vuelven a engañar, 

con el cuento: Que hoy si vamos pal mundial.

Tu, que aprendiste que el amaño

no es solo oportunidad de los potentados.

Tu, que soportaste las siete plagas de Egipto,

Quel dengue, la chincungunya,

y otras veinte más.

Tu, que no te creíste en el cuento

de la mano dura, la supermano dura,

ni el cuento de la tregua, ni de la supertregua.

Tu, enamorado de la animalada,

que no sabes disimularla, ni ocultarla.

que se te nota a la legua, cuando quieres engañar.

Tu que solo la viste pasar,

que te hicieron la mexicana,

y después te dolarizaron

Tu, que ya estas tirando la toalla,

y no hayas para donde agarrar.

A ti, guanaco y guanaca, 

dedico este interminable,

verso de amor.

 

Beto Sánchez.

Orlando, 12 de Nov. 2014


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