06
Dec
14

El dinero del pueblo al bolsillo de los ricos

Uno de los gajes de su oficio es, en los políticos, el arte de magnificar hasta la mentira los alcances de los logros y minimizar los fracasos de su gestión administrativa. Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York no es la excepción.

Giuliani se hizo famoso siendo alcalde de Nueva York el 11 de sept del 2001, pues en lugar de esconder la cabeza de avestruz como hizo George Bush, salió a la calle para atestiguar in situ lo que había pasado con World Trade Center.

Hoy día Nueva York es una ciudad agitada por constantes manifestaciones populares que protestan en contra de la brutalidad policial, herencia dejada por Giuliani a los nuevayorkinos. La brutalidad de ésta policía no conoce frontera entre delincuentes y ciudadanía honrada. La tasa de mortalidad a manos de este cuerpo, de sospechosos al momento de su captura, es extremadamente alta. En dias recientes ha sido mortalmente estrangulado un ciudadano afroamericano, consecuencia de resistirse, sin armas, a su captura por considerarla injusta.

Rudolph Giuliani se ufana de haber pacificado la ciudad de Nueva York a través de una política de mano dura contra la delincuencia, similar a la echada a andar por Francisco Flores en nuestro país. Se ufana además de haber ayudado a pacificar otras ciudades como México, Guatemala, Santo Domingo… Y hoy se dirige a pacificar, de la misma manera, El Salvador, a solicitud del gremio patronal ANEP.

La verdad es que ni en Nueva York, ni en México, Guatemala o algotra ciudad asesorada por Giuliani ha disminuido de manera decisiva y permanentemente la acción delincuencial. Esto es obvio; basta hechar un vistazo a los noticieros internacionales. En México la ación delictiva tiene de rodillas al gobierno de Enrique Peña Nieto, a pesar de la “pacificación” de Giuliani. Lo mismo pasa en ciudad Guatemala.

Son demasiados los daños colaterales, en perjuicio de la población civil, provocados por la política “mano dura” del ex alcalde. Esta es la razón de las masivas protestas ciudadanas en Nueva York. Los daños colaterales provocados por políticas similares son harto conocidas en El Salvador. Durante los gobiernos de Francisco Flores y Antonio Saca, centenares, talvez miles, de jóvenes fueron a parar a la cárcel, injustamente, producto de la brutalidad policial.

Pero esas “ayudas” a la pacificación ofrecidas por Rudolph Giuliani no son gratuitas valen millones de dólares a cambio de unas cuantas horas de consejos teóricos a los gobiernos que acuden a su auxilio.

El paso de Giuliani por las altas esferas de la política estadounidense, le ha permitido hacerse de un respetable patrimonio, suficiente para que envejezca en la opulencia hasta el día del juicio final. Y sin embargo, la tendencia de tales políticos, hoy día, es a acrecentar sus fortunas, escribiendo libros en los que magnifican sus logros, minimizan sus fracasos y se cubren con una aureola de héroes que no son.

También acrecientan su patrimonio esos políticos dando inútiles charlas de costes millonario a los gobernantes ingenuos, incapaces de encontrar soluciones por sus propios medios, tal como hará Giuliani en El Salvador.

En todo caso la mejor asesoría para el gobierno salvadoreño, podría venir de Cuba, Costa Rica o Uruguay, que son los países menos violentos de América Latina.
Lo extraño de este caso es que en días recientes ha viajado nuestro ministro de seguridad a Nicaragua a tratar el tema con el gobierno de Daniel Ortega y ha regresado con las manos tan vacías que ha decidido, el gobierno salvadoreño, bailar al multimillonario son que viene a tocar Rudolph Giuliani al país.

La razón del fracaso de Lara en Nicaragua, podría estar en que tanto en Cuba, como en Nicaragua, Costa Rica y Uruguay, la relativa paz es resultado de notables cotas de inversión y responsabilidad social de gobiernos y empresas; y de el directo involucramiento de la población en la problemática. Pero a políticas como éstas han renunciado los actuales gobernantes salvadoreños bajo la presión de ANEP, ARENA y el gobierno estadounidense.

La verdad es que el ingrato sistema que se nos obliga a vivir, es el sistema en que los ricos despliegan todo el ingenio de que son capaces para hacerse más ricos a costa de engañar a pueblos ingenuos como el nuestro. Tal es el caso de Rudolph Giuliani quien a cambio de inútiles charlas teóricas, regresará a su país cargado de muchos millones de dólares que bien podrían servir para resolver no pocos problemas en nuestro país.

Se dice que ANEP pagará con sus propios fondos la inoficiosa asesoría del ex alcalde nuevayorquino al gobierno. Que no se cargará ese costo al Estado o a los contribuyentes. Pero la otra verdad es que vivimos un tiempo en el que aún no se ha superado la teoría que demuestra científicamente que los dineros y bienes acumulados por los grandes ricos, que éstos califican de sacrosanta propiedad privada; pertenecen sin embargo al pueblo todo, puesto que esos dineros y bienes son producto del trabajo del pueblo todo.

De modo pues que aunque el presidente de ANEP se desgañite repitiendo una y otra vez que esa gremial correrá con los muchos millones que cobrará Rudolph Giuliani; la verdad es que estamos ante otro episodio más del interminable drama, en que el dinero de los pobres va a parar al bolsillo de los ricos.
Pregunta del millón: ¿hasta cuándo será ésto así?

Urías Eleazr


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