25
Jan
15

El fracaso anunciado

Según el director de la Policía Nacional Civil, el jueves 22 de enero fue un raro día de cero homicidios cometidos por pandillas en El Salvador.
Según Raul Mijango, mediador de buena voluntad interpandillas, es ésto resultado de una nueva tregua pactada entre las pandillas, para mostrar su voluntad de diálogo con el gobierno.

La coyuntura de cero homicidios fue breve. Al día siguiente la violenta mórbilidad siguió su curso de extorsiones, ataques a la población civil y atentados mortales contra agentes del orden.

Que un gobierno tiene el deber de dialogar con todo ciudadano independientemente de su condición, es innegable, por lo que resulta, desde cierto ángulo, indificultoso adherirse al diálogo propuesto por los mediadores interpandillas, Mijango, monseñor Colindres y Lüers.

Suponen los mediadores que los líderes máximos identificados como tales, tienen control efectivo sobre las decenas de miles de pandilleros en El Salvador y con ello el poder de imponerles obediencia militante y compromiso político de paz.

La verdad es que, en tanto la problemática tiene orígenes sociales y no organizativos, dichos jefes poseen un relativo y limitado control de la acción pandilleril en general.

Más realista fuese que el gobierno tome la palabra a los pandilleros de todo nivel que deseen pacificarse; reinsertarse; elabore un padrón con sus nombres y demás datos. Acto seguido se eche andar con esa población pandillera un programa de control de sus actos y de rehabilitación.
En materia de seguridad, nuestro país es una nave a la deriva.

En días recientes se han descubierto 500 auténticos uniformes de policía con sus respectivas insignias, abandonados fuera de cualquier control policial, en las bodegas San Jorge. Las prendas fueron abandonadas ahí por la empresa confeccionadora, Archi Industrias S.A. de C.V, consecuencia que la Policía Nacional Civil rescindió el contrato que había pactado con dicha empresa.

Hace mucho tiempo atrás que vienen, pandillas y grupos de exterminio, actuando uniformados de policías y con armas de uso policial-militar. El ciudadano salvadoreño no sabe a ciencia cierta si está ante la presencia de policías auténticos o delincuentes.

Habrá que ser demasiado ingenuo para no conluír que el crimen organizado ha penetrado al Estado a tal grado, que ha creado las condiciones para que a partir de ineficacia, deficiencias o alevosías institucionales, los criminales se provean de uniformes, insignias, armas de reglamento y munición, provenientes de diferentes cuerpos. No poca de la provisión de armas y municiones a la delincuencia, según noticieros, llega a ellos desde los cuerpos armados del Estado, y de las agencias privadas de seguridad.

Diferentes sectores opinan y actúan en el marco electoral, sobre el tema seguridad pública.

Cierto gremio empresarial contrata en la misión imposible de solucionar con métodos estadounidenses, al consejero nuevayorquino Rudolph Giuliani. Le paga varios millones que bien podrían servir para crear cientos de puestos de trabajo para salvadoreños desempleados.
El propósito es que el ex alcalde de Nueva York, implemente su política Mano Dura en El Salvador.

El resultado de la Mano Dura de Giuliani en Nueva York es cruenta guerra desatada entre delincuencia y autoridades, en la que la policía no distingue entre delincuentes y ciudadanos inocentes. La inseguridad en las calles de Nueva York está lejos de resolverse.

¿Quién garantiza que los millones pagados a Giuliani sean una inversión productiva y no una estafa más en perjuicio del puelo salvadoreño? ¡Nadie!
Giuliani ya ha matado su chucho a tiempo. Dice que los visibles resultados de su asesoría en este país, se verán, no inmediatamente, sino a la vuelta de unos treinta años en adelante. De aquí a treinta años, nadie se acordará de Giuliani, ni de los millones que se llevó al enriquecido norte, de un empobrecido país del sur. De no mediar una revolución antes, la situación seguirá igual o peor.

El partido gobernante se muestra impotente ante la problemática. Lo único que se conoce del Ministro de Seguridad son ambiguas declaraciones en las que oscila desde que va tomar de la asesoría Giuliani aquello que fuese positivo; hasta aseverar que el nuevayorkino tiene en sus manos la solución.

El Consejo Nacional para la Seguridad, luego de intensas y agotadoras deliberaciones en las que corre el mejor café a raudales, se devoran exóticos y riquísmos bocadillos, nos ofrece lo mismo de siempre: ¡más dinero! ¿Quién aportará ese dinero? ¡El pueblo pobre! ¡Debe aumentarse el IVA! … ¿Impuestos a los grandes ricos? ¡No!; desaparecerían las inversiones!, se estancaría el crecimiento de la economía…!!

El problema delincuencial es consecuencia del sistema de corrupción creado por los detentores del poder económico y político; el Consejo para la Seguridad, pretende ahora que sea el pueblo pobre quien financíe improbables soluciones, a costa de sumergirse más en el hambre; la miseria!
El facilmente predecible fracaso que está ante nos, estriba en que, absolutamente todos los actores que proponen vías de solución se abstienen escrupulosamente de poner sobre el tapete, el debate acerca de los orígenes económico políticos, sociológicos; históricos, de la pobreza, de la situación que vivimos hoy día en este país.

El partido en el gobierno, a pesar de su historia recién pasada comprometida con la economía política, calla al respecto. Es que a los dirigentes de ese partido ha dejado de convenir analizar el asunto desde ese punto de vista. Persistir en tal punto de vista pondría en peligro su escalada hacia colocarse entre los estratos económicamente más altos de la sociedad.

Son los mediadores interpandillas los que se aproximan más a las causas sociales de la problemática.

Estamos ante el tema de la justa distribución de las riquezas del país.
Gana iniciativa una vez más Arena al partido en el gobierno. El ideólogo de la derecha, David escobar Galindo afirma: “La riqueza no se debe distribuir y a quienes lo han hecho les ha ido mal”.

La economía política marxista, ha sido derrotada a partir de la traición de los antiguos dirigentes comunistas en el plano de la conspiración política; de la correlación de fuerzas a nivel internacional; no en el plano científico, filosófico o ideológico.

De pronto, la cúpula del partido en el poder en este país, ha perdido todo interés en la economía política. Sus puntos de vista asemejan a los de la oposición arenera, lo cual se pone de manifiesto en su previa aceptación de la envenenada medicina (Mano Dura) que Giuliani viene a dar de beber a nuestro país.

Enmarcado el debate en un contexto demagógico-electoral, y nó en un contexto sociológico, económico y científico, como debería de ser al menos por parte del partido gobernante; no queda otra que, asumir las propuestas de solución presentadas por los diferentes sectores, como el fracaso anunciado.

Urías Eleazr


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