07
Apr
15

EL AGENTE VENDEDOR DEL MAGICO MEDICAMENTO:

Los días y las mañanas con su rutina eran siempre todas iguales. La cuerda del despertador se desenrollaba con su abrumador rinrineo a las seis de la mañana. Nomás era consiente de sí, y todavía adormitado escuchaba los gritos de los reclutas que desde la calle vociferaban monótonas tonadas contrainsurgentes, mientras iban a unísono compás golpeando el pavimento de la calle, trotando, sudando. Exhaustos llegaban al cuartel en el que pasaban el santodía, adoctrinándoles e inculcándoles cizaña contra el pueblo.

El sargento que los dirigía aprovechaba esos exhaustos momentos de ejercicios matutinos para seguir machacando en el adoctrinamiento con insultos preguntones: ¿Y a los comunistas? ¿Y a los comunistas? ¿Qué? ¿Y a los comunistas? ¿Qué? La tropa le respondía: Les vamos a dar y hacer chicharrón, chicharrón, chicharrón… del bueno pameterlos en pupusas”. Les vamos a dar y hacer chicharrón, chicharrón, chicharrón… del bueno pameterlos en pupusas”. Y así se iban alejando. Soportando los extenuantes ejercicios que panzones y enclenques oficiales ordenaban realizar todas las madrugadas. Mientras los gritos se iban desvaneciendo a través de su ventana, Estanislao se iba poco a poco despertando y levantando.

Después aquellos gritos que caían como tropezón en ayunas, Estanislao abandonaba la cama que lo retenía con su calor humano. Llenándose de voluntad se levantaba y la rutina y los movimientos se sucedían unos tras de otros así: Levantarse, meterse las chinelas, sacudir y arreglar la cama, agarrar la toalla, pasos hacia el baño, mirarse al espejo, abrir y cerrar la cortina, rotar la manecilla de la ducha, esperar unos segundos a que corra el agua fría, meter una pierna, después la otra, mojar la cabeza, seguido todo el cuerpo, enjabonarse, echar una canturriada, secarse, salir del baño, restregarse una tajada de limón en los sobacos, talquearse los encajes para evitar el safornamiento, vestirse, ponerse y amarrarse los cachos, desayunar todos los días frijoles parados con queso duroblando y tortillas, lavarse la jeta, agarrar los centavos para el urbano y el interurbano, despedirse y recibir la bendición de su madre por si no regresaba a casa.

Caminó hacia la parada del autobús, esperó unos minutos y abordó el urbano apoyándose con un solo pie en la plataforma final de salida de la puerta trasera. Con un pie al aire y agarrado con una mano de la manivela exterior del bus se fue. El autobús arranco dejándole ir bocanadas de humo negro de motor desajustado sobre su cara. Pensó llegar hasta el Ula Ula sin que le cobraran y como iba a gastarse aquellos centavos; pero apenas había logrado encasquetarse, cuando en la siguiente parada, oyó el tintineo de monedas que le sonaban a su espalda y una voz que le decía: “Pasaje, pasaje, pasaje señores… no se me hagan los mareados”. Las cuentas positivas que había sacado en su mente se le cayeron, y como pudo y haciendo malabares logró sacarse los centavos de la bolsa para pagarle a aquel ingrato cobrador. Así se fue como piscucha voladora hasta donde debía apearse para su transbordo.

Llegó a la estación del transbordo cerca de la antigua penitencieria, se trepó, el autobús aún estaba vacío. El conductor espero a que se llenara, después arranco hacia su destino, El Puerto de La libertad.  A medida que el autobús se desplazaba por las calles de la ciudad, Estanislao divagaba su mente en otros mundos con la vista perdida a través de la ventana, viendo las casas angustiadas, los árboles sedientos, las gentes solitarias, niños y niñas con hambre de educación hacia sus escuelas, con hambres desesperadas de  alimento en sus estómagos, cuerpos y mentes. Las mujeres bien bañadas y arregladas rumbo a las maquiladoras, haciéndole cara bonita a la dura realidad.

Apoltronado. Estanislao fijó su mirada al frente, donde por encima de la cabeza del chofer sobresalía un letrero: “Yo conduzco, Dios Me Guía” a la par del letrero la figura de San Cristóbal mártir de Licia – Santo-patrono de los motoristas – cargando sobre su hombro al niño Dios, quien como pelota de juego llevaba un globo del mundo, soportándolo en el hombro de San Cristóbal, quien con las aguas hasta las rodillas de un turbulento rio y un báculo en su mano, ayudaba pasar las aguas al niño Dios.

Apenas terminó de leer y pensar en el significado de lo que había visto, cuando fue interrumpido por la subida intempestiva de un caballero de negro vestir, que con negro ataché sujetado en su mano izquierda solicitó permiso al conductor para dirigirse a los pasajeros. El conductor le dejo ir un guiño de aceptación amistoso, concediéndole el pase respectivo. El caballero pasajero abrió su ataché, saco un frasco de medicamentos, tragó saliva y con unos breves ronroneos interiores de garganta -como llenándose de valor – dirigió a los pasajeros el siguiente mensaje:

“Tengan muy buenos días damas y caballeros. Pasajeros que se conducen en esta unidad del transporte público. Antes que nada, solicitarles perdón por la interrupción. No vengo a molestarlos, ni a quitarles su valioso tiempo en este precioso día, en que se conducen a sus destinos, dirigidos por Dios y por nuestro amable conductor, en quien todos depositamos nuestra confianza. Solo quiero solicitarles un poco de su amable atención. No vengo a pedirles dinero con el cuento que acabo de salir de la Cárcel de Mariona, solicitando caridad mientras les voy amenazando con la punta de la cuchilla entre las costillas. No señoras y señores, yo no vengo a eso. Tampoco vengo disfrazado de payaso para guardar mi anonimato – aunque de payaso todos la hacemos más de alguna vez en la vida – No vengo como payaso para hacerlos reír a carcajadas, mientras deslizo mis delicados dedos entre sus  carteras, bolseando y cartereando a los inocentes descuidados. Pierdan cuidado, no vengo a eso. Mi oficio es ganarme la vida honradamente así como cada uno de ustedes lo hace esta mañana, dirigiéndose a sus respectivos lugares de trabajo. Estoy aquí para poner en la palma de sus manos, ofreciéndoles un nuevo medicamento que aún no ha salido al mercado y que usted no lo va encontrar en ninguna farmacia. Este día los Laboratorios López, a quien vengo representando, me han encomendado la primicia de darles a conocer su nuevo y revolucionario producto. Uffff… perdón. Su nuevo y milagroso producto, que no lo va a encontrar usted a la vuelta de la esquina de su barrio o colonia, ni lo va encontrar en las principales farmacias del centro de la capital. No… Los Laboratorios López han delegado a unos pocos distribuidores exclusivos, entre los cuales se encuentra su servidor. Se trata de las nuevas y fortificadas Píldoras Salpín. Ahora paso a palabrearles los beneficios de este nuevo medicamento: ¿Padece Ud. de mareos? ¿Cuándo después de estar agachado y repentinamente se levanta, siente que el suelo se le mueve, se marea y el mundo se le viene encima? ¿Por las mañanas cuándo se levanta su boca y aliento tienen olor y sabor a centavo? ¿Ha perdido el apetito? El caballero, y con el perdón de las damas aquí presentes ¿Ha perdido el vigor sexual? Y ya no se le Paraguay la Palmera.  ¿Ha sorprendido a su niño comiendo lodo y tierra? ¿Tiene manchas blancas de tiña en su piel, especialmente en brazos y cuello? ¿A la dama, señora o señorita se le ha desregularizado su período y ha perdido la cuenta del ritmo menstrual, corriendo el peligro de quedar en estado interesante? ¿Padece de insomnio?  ¿Se acuesta cansado o cansada, y nomas se acuesta, no puede conciliar el sueño? ¿Se levanta por las mañanas mal humorado o mal humorada, dándole vueltas y vueltas a sus preocupaciones? Al caballero, ¿Le sudan, le zumban y le rugen las paternas a león viejo del Zoológico Nacional? a tal grado, que por las noches su mujer lo manda a lavarse los pies, sino no hay de aquello. Todos estas y otras  dolencias y malestares las va usted a eliminar con el tratamiento de este frasquito de Píldoras Salpín, que este día vengo a ofrecerles en una promoción especial. Cada frasco contiene en su interior 30 píldoras enriquecidas con vitaminas del complejo de “B” que los médicos recomiendan para el fortalecimiento del sistema nervioso. Estas píldoras también traen un componente de hierro que viene a conductificar su sistema sanguíneo -es decir – que con estas píldoras el paquetevásculonervioso se verá tonificado y vitaminado, llevándole un mejor funcionamiento a las todas las partes vitales que el cuerpo necesita para crecer, vivir y sentirse fuerte, sano, vigoroso y con deseos de vivir. ¿Cómo se va tomar Ud. este medicamento? Es muy sencillo. Los adultos deberán tomar una píldora en ayunas y otra antes de irse a la cama. – Allá el caballero que levanta su mano le pido me tenga un poquito de paciencia, mientras termino de explicar a los pasajeros como se realiza el tratamiento de este medicamento – Les decía que los adultos deberán tomar una píldora en ayunas y la otra antes de irse a la cama, dosis que deberá repetirse por un periodo no menor de dos meses. Los niños menores de siete años – es decir los que vienen de choto en el bus – deberán tomarse una píldora en ayunas por las mañanas antes de irse a sus escuelas. Allá el mismo caballero impaciente me solicita que le pase a mostrar el frasco de las Píldoras Salpin. Si como no caballero, téngame un poquito de paciencia, que ya paso a poner en la palma de sus manos, el frasco de este milagroso medicamento. Sin ningún compromiso cada uno puede solicitar y verificar por su propia cuenta los contenidos de las Píldoras Salpin y las virtudes de este maravilloso medicamento que este día los Laboratorios López lanzan en una promoción. ¿Cuánto me va a pagar por un frasco de Píldoras Salpin? El precio de cada frasco de 30 píldoras es de siete pesos. Pero como le dije, el tratamiento es de dos meses, y para el tratamiento completo usted necesita llevar cuatro frascos – dos por cada mes – el joven estudiante que viene sentado a mi izquierda, dígame ¿Cuánto le va a costar al interesado, invertir en su salud llevándose el tratamiento completo? ¡Que no sabe!… Vamos. Vamos… aplique la tabla siete ¿Cuánto le sale? Noooo… Es que la escuela de hoy en día ya no es igual a la de antes, ¿Oes que el joven no logra concentrase en sus clases y también necesita Las Pildoras Salpin? Pues le va a costar nada más, ni nada menos que 28 pesos. Pero como este día estamos de oferta, la persona interesada no me va a pagar 28 pesos, ni 25, ni 20, ni 18. Este día solo me va a pagar cuatro pesos por frasco, es decir 16 pesos, fíjese bien que no le estoy cobrando 15.99 sino 16 pesos – que yo  no sé quién se inventó esos precios que terminan en 99 centavos, queriendo tomar a la gente por pasmada, o mas bien dicho por pendeja – pero bien, este día no me a pagar ni 15.99, ni 16 pesos y para no tener que darles vuelto, ni quedarles debiendo porque quien sabe si nos volvamos a encontrar, este día solo me va cancelar 15 pesos exactos. Y sino puede llevarse el tratamiento completo y solo le alcanza para el medio tratamiento entonces no me a pagar 7 pesos con 50 centavos. A los que no pueden llevarse el tratamiento completo les tengo una oferta especial. Llévese el medio tratamiento de Pildoras Salpin por 5 pesos. Eso sí, el resto tendrá que comprarlo en las farmacias, a precio comercial a fin de completar su tratamiento”.

Cuando el agente vendedor termino su chachara comercial, los pasajeros se arremolinaron a comprar aquel maravilloso medicamento. La venta fue exitosa. El caballero de negro vestir agradeció a los pasajeros deseándoles un feliz destino y retorno a sus hogares. Le dejo ir un giño al motorista, como diciéndole luego nos vemos, jalo tres veces la cuerda del timbre y se bajó. Seguido del ansioso caballero quien llevaba un tratamiento completo en la bolsa del pantalón. El bus arranco y siguió hacia su destino. A la orilla de la carretera los dos pasajeros que recién habían abandonado el autobus se dijeron uno al otro: “La cacha es permitida, alques maje, ni Dios lo quiere. Ahora a esperar el bus que regresa a San Salvador”.

A pocos minutos el bus que recién habían abandonado, tuvo un desperfecto mecánico y en la Curva de La Leona, los frenos le fallaron, precipitándose al abismo. Hubo muertos, y heridos de gravedad, los primeros auxilios llegaron después de dos horas. Los curiosos rodeaban a los desfallecidos, ayudando mientras les iban despojando de sus prendas de valor.  La escena del desastre era triste de dolor humano, Las Pildoras Salpin se veían regadas en medio de cuerpos mutilados y ensangrentados, nadie pudo probar el tratamiento del maravilloso medicamento. Nadie supo más de Estanislao.

Beto Sánchez

Orlando, 31 de marzo de 2015.

Beto Sánchez

Orlando, 31 de marzo de 2015.


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