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Apr
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¿Cuándo se jodió El Salvador?

El Salvador: genuina obra de la clase dirigente
Una revolución radical sigue siendo necesaria

Con un promedio de 19 homicidios diarios y un policía asesinado cada seis días, ha recuperado el dudoso honor nuestro país, de ser el más violento del triángulo norte centroamericano. Este triángulo, según organismos internacionales especializados en el tema, es el punto del planeta en donde la vida del ser humano de todas las edades corre mayor peligro de ser truncada por pandillas, homicidas; delincuentes de toda laya y por automovilistas irresponsables.
El hasta ayer invisible flujo de pobladores desplazados, expulsados de su domicilio por pandillas, comienza a ser visible errando por las calles en busca de refugio y protección; clamando asilo frente a la embajada estadounidense.

¡Necesario se ha vuelto en este país reactivar el ACNUR!, organismo de la la ONU para desplazados a causa de conflictos sociales.
Ante este panorama típico del desastre humanitario, se ha dividido la clase dirigente en dos bandos.

Con la seguridad que les concede que, de hecho el crónico estado de violencia que vivimos, victimiza únicamente a los estratos populares, la cúpula de la oposición política se alegra de tal situación, y la favorecen indirectamente con el único objetivo de desprestigiar y debilitar al gobierno de Sánchez Cerén, lo cual es innecesario porque cada día que pasa le crece la fama, a este gobierno, de incapaz.

En el otro bando los actuales gobernantes se muestran, como gallinero alborotado a la vista del gavilán y sin lider. Da la impresión que el presidente de la república reside fuera del país, no se deja ver ni escuchar por ningún lado. Algunos cínicos lo comparan con el avestruz. Esa ave que tiene el curioso comportamiento de esconder la cabeza en un hueco ante el peligro.

Hay enormes contradicciones entre los funcionarios gubernamentales involucrados en la problemática.
El ministro de seguridad se muestra totalmente inseguro. No hace mucho opinó que el estado de violencia es aparente; una falsa percepción de la realidad. Ahora dice que la situación es muy compleja y se preparan acciones de gran amplitud por parte de la PNC.

Al mismo tiempo, Antonio Echeverría Véliz diputado del FMLN y miembro de la comisión de Seguridad de la Asamblea Legislativa, afirma: “La población tiene que tener fe en Dios y en las autoridades; tampoco estamos en una situación en que la delincuencia vaya avanzando”. Como si la resolución de la problemática dependiese de Dios; o como si no hay suficientes estadísticas que muestran la creciente gravedad del accionar pandillero.

En contraposición al diputado Echeverría Veliz, el Ministro de Defensa, David Munguía Payés, reconoce que “… la situación de violencia que vive el país es complicada y que de ser necesario la institución armada podría aportar más elementos para garantizar la seguridad de la población”.

El director de la PNC, Mauricio Ramírez Landaverde afirma que la PNC no está en guerra contra las pandillas, a pesar que las pandillas demuestran que ellas sí están en guerra, no solo contra la PNC, sino en contra de la institucionalidad del Estado. Patrullan sus territorios con armas de guerra; asesinan custodios de centros penales; atacan puestos y patrullas de la PNC; del ejército. Atentan contra jueces; ya han atacado el Centro Judicial Isidro Menéndez con resultados mortales. Están extorsionando bajo amenaza de muerte a las altas autoridades edilicias del municipio Mexicanos, uno de los más poblados y económicamente más importantes del Gran San Salvador.

El número de pandilleros activos y beligerantes superan con creces el número de efectivos de la PNC. El país cuenta con dos organismos de inteligencia: el del Estado y el de la PNC que se coordinan y apoyan mutuamente. Esta es hora que deberían de tener una pista de quiénes proveen de armas de guerra y munición a la delincuencia; y sin embargo ambos organismos andan más despistados que el ciudadano de la calle. El ministro de defensa Munguía Payés, mata su chucho a tiempo y afirma que armas y municiones sustraídas de la Fuerza Armada tuvieron como destino el narcotráfico mexicano y no el crimen organizado de El Salvador. No aclara si el robo de armas a las FFAA continúa. El sistema judicial fue benevolente con los militares culpables del caso. Es posible que ya estén en libertad.

Aparentemente el gobierno cuenta ya con el análisis marco de la situación. Dice que el pandillerismo tiene causas estructurales; que es producto del desempleo, la marginación y la pobreza (verdades de Perogrullo), pero no da absolutamente ninguna pista acerca de la estrategia que desplegará en este marco. Lo único que se sabe es que, según la prensa formal, pretende el gobierno y sus aliados (GANA, PCN, PDC y DC), combatir el desempleo y la pobreza, “construyendo espacios seguros, recuperando zonas públicas invadidas por delincuentes, ocupando esas zonas como centros de capacitación, fomento de la organización comunitaria así como la reparación del tejido social”. Es decir, pretenden combatir pobreza, marginación y desempleo con una sarta de ideas abstractas, para lo cual han aprobado un ulterior endeudamiento estatal por 92 millónes de dólares. Los salvadoreños de a pie tenemos larga experiencia en cuanto a que invertir dinero en ideas abstractas conduce únicamente a despilfarro y corrupción.

Hato Hasbún, comisionado presidencial para la seguridad, exasperado por tanta interrogante sin poder echar mano a alguna respuesta concreta, resume el asunto de manera contundente. “La delincuencia no se resolverá con una varita mágica” dice.

La situación está a punto de escapar de las manos del gobieno y desembocar en un país dividido en zonas de control estatal; y zonas de control militar pandillero en donde, el tránsito de delincuentes rivales o simples civiles desconocidos es prohibido y se pena con la muerte. De hecho tal situación es ya una realidad en no pocas zonas del interior del país, incluso de la capital.

¿Habrá otra realidad menos parecida a un Estado Fallido?

Pero ¿cuándo se jodió El Salvador?
Este país siempre lo tuvo jodido la vieja oligarquía. Pero se terminó de joder desde que la cúpula efemelenista decidió abandonar la vía revolucionaria y asimilarse al sistema. Con ello se abandonó la lucha por cambios estructurales, únicos capaces de solucionar la pobreza, la marginación; el desempleo y la delincuencia generalizada.

El Salvador de hoy día es obra genuina de la clase dirigente del país, de la que forma parte la cúpula efemelenista.
Una revolución radical sigue siendo necesaria en este país.

Pablo Perz


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