19
Apr
15

COSAS DE LOCOS 1 (por Beto Sánchez)

Lo que voy a relatar y lean de aquí en adelante todo es cosa de locos. “Nada ocurrió como se cuenta, pero todo es verdad”.
Era la hora del crepúsculo vespertino, al final de un día de los que cabe preguntarse: ¿Para que vivimos? ¿Qué puta vida es esta? Estanislao se acercaba apresurado a su casucha, sin sospechar lo que el destino le iba a deparar para el resto de sus días. Y llegó…
– ¿Que como siguió la criatura? – Preguntó – Deja de chillar y dime de una sola vez. ¿Cómo siguió? ¿Dónde la has dejado? – Ella no hallaba palabras – Hasta que al final respondió:
– Desvariaba de calentura. La envolví en una chiva vieja y la lleve pal hospital. En mi desesperación olvide agarrar los centavos que dejaste en la mesa. Me fui a la parada del bus. El chofer me vio la cara desesperada y nos trepamos. Nos dejó pasar de choto. Le metió la pata al destartalado chuzón y… Ella siguió con su llanto.
– ¿Pero dónde dejaste a la cipota? Te estoy preguntando. ¿La internaron? ¿Oh, que? ¿Que pasó con ella?
– ¡No, Estanislao, No!… Cuando llegamos al hospital, espere no sé cuánto tiempo y cuando por fin la vio el doctor y la destapó… ya no respiraba… Estaba con calor de moribunda. Despuesito me la dieron por muerta.
Así ocurrió el diálogo 30 años atrás entre Estanislao y Matilde, su mujer. Hoy era parte de un monologo que Estanislao, repetía una y otra vez con voz entre dientes y la mirada perdida, deambulando por las calles de San Salvador, bajo miradas curiosas de los que para su interior repetían: Otro loco más, resistiendo esta incomprensible vida.
Nací en San Salvador un 11 de abril de 1951, y según el santoral de la Iglesia Católica es el día de San Estanislao de Cracovia, Polonia. Siguiendo la tradición y a “sugerencia” del párroco del Barrio La Bola, con ese nombre me bautizaron y ese ha sido mi nombre.
Cuando cipote, la cherada del Barrio simplemente me llamó Tanislao. En mi adolescencia y juventud, comencé a tener vergüenza de mi nombre y siempre reprochaba a mis padres, porque diablos me habían dado ese horrible nombre. La vergüenza y el reproche de llamarme Estanislao dieron vueltas alrededor de mi cabeza en mis primeros 14 años. Después de los 15, me las ingenie para cambiarme el nombre. Primero convencí a mis hermanos y hermanas, que simplemente me llamaran Tanis, les dije que no era necesario pronunciar todo mí nombre. El Tanis rápidamente se transformó en Tany y todo vino fácilmente después. Luego, luego, fui conocido socialmente como Tany y ese fue mi nombre por muchos años. Todo se facilitó porque el grupo familiar cambio de residencia en varias ocasiones, dentro de la misma ciudad. Cuando llegamos a vivir muy cerca del manicomio, en el Barrio la Bola, yo me seguía llamando Estanislao. Y sobre esa etapa de mi vida es que voy a declarar.
Después que logré desvanecer el nombre Estanislao, poca gente supo cuál era mi nombre completo y solo lo llegaron a saber los que accedían a mi cedula de vecindad, fe de bautismo, partida de nacimiento o las personas ante las cuales debía realizar algún trámite. Llamarme Estanislao fue uno de mis primeros traumas que con un poco de suerte e inteligencia pude superar.
Un día, tuve la curiosidad por saber cuál era el origen de mi nombre y me lleve una gran sorpresa. Supe que San Estanislao Cracovia, (1030 –1079) fue un obispo mártir, justo e identificado con los pobres, quien ejerció un corto obispado de 7 años (1072 y 1079) truncado por su asesinato por el rey de Boleslao de Polonia, mientras el obispo celebraba la santa misa. El rey, molesto por las críticas del obispo, lo asesino personalmente, porque los guardias a quienes ordenó que lo asesinaran, fueron impedidos por una fuerza sobrenatural.
Desde el mismo día de su martirio, los polacos comenzaron a venerarlo y el obispo Estanislao, fue canonizado dos siglos después de su martirio. Desde entonces se difundió su culto por toda Europa y América.
Al darme cuenta de las coincidencias que habían entre San Estanislao y el obispo mártir, Oscar Romero, a quien tanto admire en vida, y sigo recordando. Entonces, comencé a tomar aprecio por mi nombre, caí en la cuenta que ambos fueron mártires asesinados en similares condiciones. Que enfrentaron y denunciaron con valentía a los que abusan del poder. Dos hechos similares, separados por nueve siglos. Uno ocurrido en la Europa Central y el otro, en el Centro de América.
Yo siempre me pregunte: ¿No será un cierto grado de locura, lo que algunas personas hacen de meterse a redentores, para terminar crucificados y olvidados? capaces de llegar al martirio antes que renunciar a su fe, a sus ideales, por defender una causa. Una especie de locura digna de imitar.
Todos los pueblos – pensó Estanislao – tienen sus héroes, mártires y redentores; algunos la historia les ha dado su lugar, otros, simplemente quedaron anónimos. Otros aún viven como prototipos porque no fueron tentados por la descomposición generada por el poder y por eso viven en la memoria popular.
Desdichados los pseudo-revolucionarios de estos tiempos, embelesados y cautivos por el poder. Que han adoptado como su máxima guía, la frase del chinito Deng Xiaoping: “Enriquecerse es glorioso”. El chinito que en tiempos modernos desvirtuó las teorías del socialismo y que hiso de su país una poderosa economía capitalista con discurso socialista. Los que tomaron al pie de la letra de que la riqueza les pertenece por destino, se mueren por vivir en la memoria popular. Mas solo vivirán en la memoria de los herederos de sus fortunas y en los viejos y empolvados papeles de las instituciones de gobierno.
Las culturas hispanoamericanas siempre han tenido cariño y comprensión a las personas que presentan algún estado de demencia. Este sentimiento se inició en América, pocos años después de consumada la conquista española; cuando los nativos mostraban su condescendencia hacia aquellos, que con espíritus más débiles enloquecieron al tremendo impacto sicológico y emocional de ver sometida su cultura, forzados a abandonar sus dioses y sus rituales, sobrellevándolos en la clandestinidad de su interior.
En aquellos tiempos dramáticos de la conquista, también ocurrió otro tipo de locura. Locura padecida por algunos “tipos” que otrora habían sido dignos representantes de su cultura, pero que rápida y voluntariamente se sometieron al credo de los barbaros extranjeros. Estos tipos, son los que hoy llamamos lambiscones. En la historia de los vencidos Nahuat se cuenta que poco después de la caída de Tenochtitlan, Ixtlixochitl, descendiente del poeta prehispánico Nezahualcoyotl, fue calificado por su madre, la vieja indígena Yacotzin, de “loco y sin juicio” por haber abrazado de prisa y voluntariamente la religión de los barbaros conquistadores. Este tipo de locos, llamados también lambiscones o vendidos, son los que no se les cree nada, ni el bendito y no son tomados en serio, ni por los amos ante quienes se rinden, ni por el grupo social del que reniegan. Son también unos pobres locos mientras no traspasen la categoría de traidores, porque esos si se vuelven unos locos peligrosos.
Algunos años después durante el tiempo de la colonia, este respeto a las personas con estado de demencia fue asentado cuando los conquistadores y colonizadores relataban a criollos y nativos, historias como la de “Juana La Loca”, venidas de la Iberia con los añadidos y la cosecha de cada relator.
La niñez y juventud, Estanislao la vivió en un barrio que lindaba con el manicomio de San Salvador. Eso fue por los años 60, cuando el manicomio estaba en el extremo oriental de la 29 calle oriente. La 29, fue la calle de Estanislao. Por ella camino su adolescencia y juventud, él la vio transformarse en calle comercial en la que hoy se venden repuestos usados de automóviles y donde las prostitutas y las pensiones de mala muerte han proliferado como comercio informal, después de haber sido poblada por familias de clase media acomodada.
Sobre la calle 29, Estanislao camino como un hippie creyendo inocentemente en la generación Peace and Love, and flowers on their heads and minds; también fue la calle que caminó como universitario, soñando en una profesión para vivir con dignidad, después como activista de las luchas populares y como clandestino en sus años de lucha libertaria.
En su adolescencia le llamó la atención que al final de dicha calle, habían dos altas y anchas columnas blancas, que sostenían un arco del mismo color, con un letrero rojo en el que se leía: “Hospital Psiquiátrico de San Salvador”.
Pasando a otro tipo de locuras – dijo Estanislao- quiero relatar algunos recuerdos de personajes con demencias que fueron leyendas populares de los años 60; personajes atrapados por locuras que no son de martirios, ni de heroísmos; pero no por eso menos importante; y que han pasado a formar parte de la memoria cultural de la ciudad en la que Estanislao creció y vivió.
Timo: “Yo les sigo la corriente”:
Timoteo era un interno del manicomio que había hecho del vecindario de Estanislao, su centro de operaciones. Por allí aparecía, cada vez que lograba burlar los guardianes de las entradas y salidas del manicomio. Aún con su demencia, solía burlarse de los bedeles, médicos y enfermeras del psiquiátrico.
Timo era de anglosajona apariencia: Chelón, de pelo canche, ojos azulados. Su linaje provenía de una estirpe minoritaria de campesinotes, dispersos entre los pueblos Lencas del Norte de San Miguel. Venidos de las europas y que los migueleños de forma irónica y burlesca llaman “Los Alemanes del Norte de San Miguel”. En pocas palabras, era de un pegue físico, para los gustos de las mujeres criollas. Pero al abrir su boca, mostraba una dentadura totalmente podrida, de color amarrillo cafesosa, super descuidada y con un mal aliento de los mil demonios. El pobre Timoteo nunca supo lo que fue un cepillo dental, ni los mínimos hábitos de la higiene de su boca.
Aparecía vistiendo un descuellado camisón de mezclilla azul, alrevesadamente abotonado, calzón de manta del mismo color, amarrado a la cintura por dos largas pitas, cuyas puntas colgaban hasta sus rodillas. Descalzo, con su denigrante uniforme azul, Timoteo caminaba por los pasajes y edificios de apartamentos del barrio, ofreciendo botar la basura a cambio de un plato de comida.
Cuando alguna familia del barrio rechazaba sus servicios, él tenía otra gracia. A cambio podía entonar unos versos para lograr su propósito. Estanislao nunca olvidó aquella canción que Timoteo gustaba entonar, cuyos versos iban más o menos así: “María Cristina me quiere gobernar/ y yo le sigo, le sigo la corriente/ porque no quiero que diga la gente/ Qué, / María Cristina me quiere gobernar”… Timoteo versaba su canto con una sonrisa que no podía ocultar, como queriendo decir a los que le escuchaban, – yo también les sigo la corriente – En la última parte de su verso, su locura se volvía evidente y cual persona en trance, enloquecía entonando con monotonía rítmica y repetitiva, lo que más o menos decía así: “Nooo que no, que no/ Que no. Que no. Que no. Que no. María Cristina Que no, que no. María Cristina me quiere Gobernar”. Y así se iba Timo, cantando su locura, entonando sus versos entre pasajes y edificios de apartamentos del Barrio La Bola.
Los vigilantes del manicomio, que sabían de sus metederos llegaban a buscarlo al Barrio, nomás se reportaba su ausencia. Provisionados con persogas y camisa de fuerza, lo buscaban sabiendo la fuerza de loco y la resistencia que les iba a oponer. Cuando los vigilantes lo lograban dominar, se lo llevaban al manicomio. Estanislao quedaba triste, pensando porque había que ser tan bárbaro y salvaje para retornar y recluir en el manicomio a un loquito tranquilo y simpático.
Un cierto día Estanislao lo entendió. Y ocurrió así porque Timoteo le conto que cada vez que lo regresaban al manicomio lo llevaban directo a la sala de los choques eléctricos. Eran aquellos tiempos que a todos los internos del manicomio, los sentaban en unas sillas donde les recetaban choques eléctricos para calmarles su locura. Nunca sabremos quienes estaban más locos en realidad.
Estanislao entendió a Timoteo cuando fue capturado por agentes de la terrorífica PH, sospechoso de pertenecer a la guerrilla. Estando preso en la PH, fue sacado de las bartolinas y llevado a un cuarto donde habían una sillas con alambres y resistencias eléctricas, allí lo sentaron, recetándole descargas de choques eléctricos a fin de obtener de Estanislao una declaración extrajudicial. Fue en ese momento que trajo a su memoria la vida de aquel loquito que conoció cuando era un cipote de barriada.


0 Responses to “COSAS DE LOCOS 1 (por Beto Sánchez)”



  1. Kommentera

Kommentera

Fyll i dina uppgifter nedan eller klicka på en ikon för att logga in:

WordPress.com Logo

Du kommenterar med ditt WordPress.com-konto. Logga ut / Ändra )

Twitter-bild

Du kommenterar med ditt Twitter-konto. Logga ut / Ändra )

Facebook-foto

Du kommenterar med ditt Facebook-konto. Logga ut / Ändra )

Google+ photo

Du kommenterar med ditt Google+-konto. Logga ut / Ändra )

Ansluter till %s


april 2015
M T O T F L S
« Mar   Maj »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

%d bloggare gillar detta: